Análisis de la visita del Papa y el laicismo hostil

Publicado: 8 noviembre, 2010 en Iglesia, Laicismo

El análisis de la visita del Papa a España del señor Jorge Rodríguez en Interpolitica.com coincide con todos los realizados por determinada prensa que considera que un beso gay eclipsó la presencia del Santo Padre en Barcelona. Estos señores, con toda legitimidad, aseveran que la Iglesia sigue alejada de la sociedad. Sin embargo, se confunden. No es la Iglesia sino que son ellos quienes están alejados de una inmensa mayoría de ciudadanos españoles. Por suerte, el Papa y la Iglesia concentran a más personas que cualquier desfile del orgullo en nuestras ciudades.

 

Leer estos artículos es gratificante, porque muestran la situación real de la Iglesia, que lejos de ser una realidad caduca es una preocupación constante para una determinada ideología. Ciertamente, determinados colectivos pueden estar hartos de los mensajes del Papa y de la Iglesia, pero si lo están es porque quieren, es más, por el hecho de estarlo reciben ayudas de una ideología anticlerical que encuentra en ellos un modo de atacar a la Iglesia. El Papa no les criticó, aunque ellos puedan verlo así en la constante exhortación de Benedicto XVI de defender la familia natural. Los colectivos LGTB tienen sus reivindicaciones, pero confunden sus derechos con los derechos de la mayoría de los ciudadanos. En este país, y no sólo lo dice Benedicto XVI, la familia natural es el modelo familiar mayoritario y requiere de unas ayudas inexistentes por parte del gobierno de España.  

 

El Papa tiene todo el derecho, como cualquier otra persona, de expresar sus principios, en este caso los de la Iglesia Católica. Nadie tiene porqué comulgar con el laicismo y menos cuando atenta contra la dignidad y la libertad de todos los hombres y mujeres. Elena Valenciano, en nombre del PSOE, afirma que el Papa se equivoca, pero no es así, el Santo Padre sacó a la luz una realidad de nuestro país, la pretensión de quienes sostienen la bandera del laicismo de erradicar la religiosidad de la esfera pública. La verdadera confusión es de aquellos que, como la señora Valenciano, consideran y creen que el laicismo es socialismo. De ahí que consideren y confundan a la Iglesia con una sucursal del Partido Popular. Pero la Iglesia no es una institución política, no está para acontentar ni a unos ni a otros, la Iglesia mira para el hombre mismo indistintamente de sus creencias y le invita a su autodesarrollo pleno a la luz del mensaje evangélico testimoniado por el mismo Cristo.

 

Porque el fin de la Iglesia es la salvación del hombre es labor de ésta procurar que los hombres no se tuerzan en su camino. Por eso, ya le digo al señor Rodríguez y a quienes piensan como él que no se preocupen por el futuro de la Iglesia, que el Papa y la Iglesia seguirá con su tarea de interpelar a los hombres para llevarlos a buen puerto mediante el mensaje universal de la salvación, de la que ellos también gozarán.

 

Estos señores, defensores del laicismo, que no de la laicidad, temen a la Iglesia y su mensaje, porque el mensaje de la fe exhorta a la razón, y la ideología, la que sea, no entiende de razones, sino de impulsos emocionales. El mensaje de la Iglesia, precisamente, es el compromiso de la fe y la razón, por ello, a diferencia de lo que aconteció en el reciente viaje del Santo Padre en tierras británicas, el laicismo español, es decir, el socialismo y sus colectivos minoritarios, de los que se alimenta y alimenta para su sostén, han mantenido una actitud más bien hostil, porque los postulados de la ideología quieren un sucedáneo del hombre, un ser reducido a escombros, libre de elegir dentro de unas determinadas posibilidades, pero coartado para trascender, para ser lo que realmente debe ser.

 

Esta falta de razón se ejemplifica con la actitud del presidente del gobierno, el señor Rodríguez Zapatero, que no ha querido dialogar, sino que ha estimado quedarse en su búnker de la cerrazón, presa de la fantasía de su ideología, mientras sus suboficiales daban la mano a su Santidad y los perros de caza deambulaban por las calles generando algarabía.

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comentarios
  1. Àngel Grau i Ramos dice:

    “No podemos cruzarnos de brazos, cuando una sutil persecución condena a la Iglesia a morir de inedia, relegándola fuera de la vida pública y, sobre todo, impidiéndole intervenir en la educación, en la cultura, en la vida familiar.
    No son derechos nuestros: son de Dios, y a nosotros, los católicos, El los ha confiado…, ¡para que los ejercitemos!”

    Surco (punto 310)
    S. Josemaría Escrivá de Balaguer

  2. […] Actualizados : Análisis de la visita del Papa y el laicismo hostil El feminismo y el "culito" de Mourinho Pederastia: la prensa decidida a ensañarse […]

  3. Saludos Àngel, muchas gracias por tu comentario. Así es. Excelente punto el de San Josemaría.

  4. carlos palos dice:

    aunque estoy muy de acuerdo con lo apuntado en el artículo, me gustaría hacer alguna precisión sobre el secularismo: está muy extendido en la Iglesia. De hecho, el secularismo de la esfera pública es un reflejo y una causa del secularismo en el interior de la iglesia. He intentado razonarlo así en: http://blogs.hazteoir.org/catalunya/
    En segundo lugar: el Papa nos pide que nos movamos, pero nos pide un encuentro con el laicismo, un encuentro contructivo. Es una tarea árdua pero irrenunciable.
    En tercer lugar. Lo digo aunque no venga mucho al caso: este Papa vale un potosí: es una mina inagotable de ideas: es un crack

  5. Saludos Carlos. Antes de nada gracias por tu comentario. Coincido plenamente en lo que afirmas en el texto que enlazas. Algunos aspectos se deben a un claro relativismo de la espiritualidad vivencial de cada día, la falta de consciencia y comprensión real de lo que estamos viviendo durantela Eucaristía, del significado de la liturgia. Como si fueramos meros espectadores…

    Por otro lado el encuentro con el laicismo debe ser así en cuanto que los cristianos no ordenados somos laicos. El problema es que determinado laicismo entiende o pone límites y uno de ellos es la ausencia de la religiosidad en la vida pública. Una cosa, evidente, es la separación Iglesia-Estado otra muy distinta es la desaparición de la religiosidad y de las creencias del espacio civil.

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