Los políticos: la clase social de los privilegiados

Publicado: 24 octubre, 2010 en Política

En EEUU es extraño encontrar un político que no posea un master por la Universidad de Harvard y que no proceda del sector privado. En España, en cambio, la mayoría de los políticos jamás han pisado una empresa privada y, salvo un porcentaje elevado de diputados, no poseen estudios universitarios ni formación complementaria de nivel, ya sean idiomas o técnicas de gestión. No es de extrañar, por tanto, que Arturo Pérez-Reverte diga que “España es el único país del mundo donde los políticos no tienen que tener el bachillerato para ocupar un cargo, por lo que no se puede esperar gran cosa” cuando, salvo contadas excepciones, la mayoría de ellos se han limitado, desde jóvenes, al ascenso dentro de las estructuras de partido.

 

Dentro del arco parlamentario el 75% de los diputados cuentan con una carrera universitaria. La mayoría de ellos son licenciados en Derecho, Ciencias Políticas o Economía. Sin embargo, cuando observamos el curriculum académico de Secretarios de Estado, presidentes y parlamentarios autonómicos, alcaldes y regidores se observa que no sólo no poseen carrera universitaria, sino que muchos no han finalizado ni el bachillerato. Hay casos, no obstante, aún más flagrantes: el ministro de Fomento, José Blanco, no terminó el bachillerato; el exministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho no posee estudio reglado alguno según la página web del propio ministerio, y el presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, que también fue ministro de Industria, nunca terminó ni la carrera de Derecho ni la de Economía.   

 

Con estos datos se revelan los distintos males endémicos de la política española. Por un lado, podemos hablar de la existencia de una auténtica ‘clase política’, pues la mayoría de ellos se han iniciado desde bien jóvenes en la vida política y permanecen en ella; por otro,  los órganos de gobierno no se ocupan por la experiencia en un determinado sector, sino más bien por favores y camaradería, así nos encontrarnos con ministros que ocupan carteras que nada tienen que ver con sus profesiones, como es el caso de la actual ministra de Sanidad, Leire Pajín, que es licenciada en socología. Esto, a priori, puede parecerles irrelevante, pero si sumamos a ello un triste curriculum académico podemos empezar a preguntarnos que labor puede desarrollar alguien que apenas tiene el bachillerato al frente de una cartera ministerial.  

 

Otro dato alarmante es la escasez de idiomas que dominan los principales cargos políticos en España. Sin ir más lejos ni el presidente del Gobierno ni el líder de la oposición son capaces de mantener una mínima conversación en inglés. Desde luego, para eso existen los traductores, pero la política no sólo se lleva a cabo en las reuniones oficiales, sino que en muchas ocasiones las verdaderas decisiones se toman en los lugares más informales como puede ser un corrillo una vez terminada una reunión o sesión – recuerden la anécdota de Zapatero y los bonsáis o el retraso que causó en el foro Davos por ser el único que no entendía el inglés –. No entender a la persona que tienes en frente es una barrera, pero más aún cuando se trata de política y diplomacia, y aunque, reitero, existe la figura del intérprete recuerden siempre que la expresión traduttore, traditore no es una exageración.  

 

Muchas veces escuchamos a los políticos de carrera, esos que no han hecho otra cosa que vivir desde jóvenes de la política, que lo suyo es vocacional y que nada tienen que ver el poder ni el dinero. Habrá que creerlo. Pero si apreciamos su currículo académico o su formación profesional, el dinero que cobran en un año en la política el señor Blanco o la señora Pajín, por poner sólo dos ejemplos, no lo ganarían en toda una vida ejerciendo su profesión en la empresa privada. No niego que la vida de un político pueda ser muy laboriosa, pero es un privilegio, por lo que aquello de vocacional puede que no sea tan cierto, más cuando sólo existe en política la posibilidad de acumular hasta tres cargos del erario público – Rubalcaba es Vicepresidente de Gobierno, Ministro de Interior y Portavoz –.

 

Sólo estos datos constatan que dedicarse a la política es un privilegio, pero lo que viene a continuación demuestra algo peor: el político tiene un trato diferencial respecto al resto de ciudadanos por lo que aquello de denominarlos como una auténtica ‘clase social’ no es demagogia. Sigamos. Primero, todos los contribuyentes tributamos por nuestros ingresos, en cambio, un tercio del sueldo de los políticos no está sujeto a IRPF; segundo, todo ciudadano español debe cotizar durante 35 años si quiere cobrar la pensión máxima a la que tiene derecho, mientras que los políticos sólo necesitan acreditar siete años de ejercicio en el Congreso de los Diputados o en el Senado; tercero, los políticos con cargo parlamentario son los únicos ciudadanos que reciben indemnización por cese; cuarto, la mayoría de los altos cargos de Gobierno cuando abandonan la política fichan como consejeros de multinacionales gracias a la red de contactos establecidos durante sus años de ‘vocación’ política.

 

De todos modos no me hagan mucho caso. La política es pura vocación de servicio público y cuando los políticos hablan de austeridad y contención económica estén seguros de que ellos son los primeros en dar ejemplo: los que ocupan distintos cargos reducen cada uno de sus respectivos sueldos y los ex parlamentarios o ex ministros renuncian a su indemnización por cesantía.  

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comentarios
  1. […] 2010 by Joan Figuerola in Política, Salud 0 Hace unos días escribía una entrada titulada Los políticos: la clase social de los privilegiados en la que hacia mención de la dificultad de encontrar un político estadounidense que no tuviera […]

  2. […] de nosotros a duras penas nos resta cuero en el apretado cinturón para añadir un agujero más, nuestros honorables políticos – y políticas, para que no se ofenda nadie – sólo necesitan calentar su escaño siete años […]

  3. Siento decir esto, pero mi amor a España me obliga a afirmar que la única forma de acabar con toda esta pandilla de sinverüenzas y chupatintas es erradicar a la clase política….y, no se me entienda mal, cuando de erradicar lo digo en sus justos términos…es decir: mandándolos a picar piedra.

  4. Saludos Francisco. Coincido en la idea, pero no es por amor a España sino por amor a uno mismo (y la familia) lo que debería llevar a cada uno de cuantos formamos parte de las víctimas de la clase política a mandar a picar piedras a esta gentuza.

  5. Busca la excusa que quieras porque el hecho objetivo sigue siendo el mismo: una ralea de parásitos a los que hay que aplicar el insecticida.

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