‘La verdad de Soraya M.’

Publicado: 24 octubre, 2010 en Cine, Derechos humanos, Islam

Es muy probable que usted no sepa de una película que en España se ha estrenado bajo el título de La verdad de Soraya M., quizá porque los medios no le han prestado suficiente atención. Sin embargo, es un filme que cuenta con distintos premios: el Premio de la Audiencia en el Festival de Cine de Los ángeles (2009) y el Critics Choice Award del Festival de Toronto.  

Si usted es de las personas que aún no ha visto La verdad de Soraya M. le exhorto a hacerlo, pues denuncia con una profunda humanidad la terrible tragedia que afecta a muchas mujeres en países de tradición islámica: la lapidación. En 1986 el ya fallecido periodista Freidorune Sahebjam se detiene a causa de una avería en su vehículo en una pequeña aldea iraní controlada por el fundamentalismo estimulado por la revolución islámica de 1979 y por el incipiente ascenso del futuro ayatolá Jomeini. Durante su breve estancia en Kapuyeh una mujer le cuenta la espeluznante historia de Soraya M., una joven madre de cuatro hijos, lapidada por una falsa acusación tejida por buena parte de la población. De este relato verídico nacería la obra La lapidación de Soraya M. en la que se basa esta película.

El director Cyrus Nowrasteh realiza una denuncia sin paliativos de esta funesta realidad que acecha todavía hoy a las mujeres, por lo que algunos críticos, como ya ocurrió con La Pasión de Mel Gibson, ven apasionamiento y desmesura, sobre todo en escenas como la de la lapidación. Sin embargo La verdad de Soraya M. narra sin excusas ni reduccionismos sino con responsabilidad y valentía un suceso no aislado que se repite con cierta frecuencia y que supone el escarnio a la dignidad de la persona humana.

La vida de Soraya es la vida de muchas mujeres que viven bajo el fundamentalismo islámico, que no tiene nada que ver con la sincera religiosidad y humanidad de muchos fieles musulmanes sino más bien con la codicia y el poder. Soraya era una madre joven que sufría el maltrato físico y psicológico de un marido que la despreciaba y que tenía la intención de contraer matrimonio con otra mujer aún más joven. Muchas de las palizas que padeció, incluso en público, se debían a su negativa de conceder el divorcio a su esposo. Y tal era la negativa que su marido no encontró otra solución que construir una falsa acusación de adulterio mediante el engaño, el chantaje y la amenaza a terceras personas que llevaría a Soraya a padecer la muerte por lapidación.  

La escena de la lapidación es absolutamente fiel a la realidad, de ahí que se prolongue hasta los veinte minutos. Algunos críticos han denunciado tanto esta extensión como el detallismo con la que se narra. Sin embargo, en Irán son muchos los musulmanes que aprueban esta decisión así como el conjunto del largometraje porque ayuda a distinguir lo que es el verdadero Islam de lo que es una deformación en la que la fe nada tiene que ver. La lapidación, que se aplica a las personas condenadas por adulterio, hunde sus raíces en la tradición judía. Posteriormente, en el siglo VI d.C. es adoptada por la ley islámica y se aplica con oficialidad en Irán y en algunas regiones concretas de Afganistán, Pakistán y Somalia.

Aunque también hay casos de hombres lapidados, es una práctica que afecta principalmente a las mujeres. Amnistía Internacional señala que siete de cada diez personas condenadas a esta cruel muerte son mujeres, la mayor de las veces condenadas injustamente ya que la violación se interpreta como adulterio y sin la posibilidad de representarse o ser representadas, al margen de que su testimonio tiene la mitad del valor del de un hombre. Otra de las particularidades de la ley islámica y de las condenas por adulterio es que el acusador no tiene que presentar pruebas, sino que es la acusada la que debe demostrar su inocencia; por el contrario, si el acusador es una mujer entonces es ella la que debe aportar pruebas.   

Ante todo esto les exhorto a ver La verdad de Soraya M. y aunque no sirva de manera directa para terminar con tal funesta pena capital, si ayude a concienciar a más personas de la penosa situación que padecen muchas mujeres musulmanas a causa de una deformación del Islam. Sí, el filme es tan duro y real como La Pasión pero no hace otra cosa que ser una crónica fiel de una realidad actual e injusta, por lo que sólo debe incomodar a aquellos que oprimen a sus ciudadanos con leyes inhumanas y a quienes, por cobardía, la permiten.  

 

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comentarios
  1. Alfredo dice:

    Una película muy, muy buena. Recomendable sí señor.

  2. Saludos Alfredo. Me alegro de que te haya interesado. Gracias.

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