¿La lactancia convierte a la mujer en vaca?

Publicado: 22 octubre, 2010 en Mujer

El feminismo cutre, ese de rancio abolengo, interpreta que la maternidad es una lacra del machismo. En ‘Hoy Mujer’ encontramos un artículo de Edurne Uriarte titulado Mamíferas donde se critica que la lactancia se considere algo propio de la madre: “lo que volvió a renovar mi inquietud ante esa avalancha de naturalismo […] Como si siglos de búsqueda de la sustitución de la naturaleza por la cultura, la ciencia y la razón no fueran con nosotras”. Esta argumentación no deja de ser sorprendente y reafirma la arbitrariedad con la que se entiende antropológicamente al ser humano. Porque cuando interesa, sobre todo para negar la trascendencia del ser humano, se dice que el hombre es un animal más dentro de la naturaleza.

 

Para el feminismo el sentimiento de maternidad es una imposición de la cultura patriarcal y no un aspecto propio de la naturaleza humana. Cuando se dice que el cometido de la madre humana en cuanto al cuidado y alimentación de los hijos no debe compararse al cometido “de las hembras de los mamíferos” – como si el ser humano no fuera un mamífero, si bien racional – se intenta destruir la finalidad intrínseca de la naturaleza humana, en este caso de la mujer. Por naturaleza se entiende aquello que tiene en sí mismo el principio de movimiento; se trata de un principio fijo de comportamiento que no debe confundirse con un principio de comportamientos fijos, que es lo propio del instinto. Por tanto, la naturaleza no es sólo lo dado y propio de cada persona, sino lo que regula desde sí mismo sus operaciones en vistas a la consecución del fin: la naturaleza del ser humano es el despliegue de su ser hasta alcanzar el bien último o plenitud (José Ángel García Cuadrado, Antropología filosófica, 2001).  

 

En el suplemento dominical de ‘El Mundo’ aparece un artículo de Carmen Machado donde se compara a las mujeres que amamantan a sus hijos con las vacas. El título, La era de las vacas y la imagen adjunta por sí solas revelan el énfasis por desnaturalizar a la mujer, un ser humano que produce leche con la que alimentar a sus hijos. La primera parte del texto describe, mediante una experiencia real, la problemática – cierta – de algunas mujeres para dar el pecho; sin embargo, a continuación, mediante otro ejemplo diametralmente opuesto, la señora Machado muestra ya su tendencia al afirmar que las mujeres que sí pueden dar el pecho son aquellas que trabajan sólo en el hogar. No obstante, la perla aparece cuando sostiene – sin mostrar datos científicos que lo demuestren – que dar el pecho genera depresión post parto porque la madre no puede descansar. Al contrario, está demostrado que la lactancia segrega hormonas como la oxitocina y la prolactina que favorecen la relajación de la madre. La lactancia materna es un alimento único recomendado por la Organización Mundial de la Salud e imprescindible durante los seis primeros meses de vida y sin un límite de tiempo.  

 

La intención del artículo de la señora Machado es afirmar que el estado natural de la mujer es la de un trabajo remunerado y no la de un trabajo gratuito. Es en este sentido que la maternidad se asimila a una forma de esclavitud de la mujer, mientras que el aborto se considera un derecho progresista, ya que la mujer evitará la baja por maternidad y podrá seguir con su trabajo remunerado. No obstante, la cuestión de fondo es más radical: destruir la familia. Se quiere destruirla porque las feministas ven en ella los comportamientos propios del patriarcado al que se oponen. Si la mujer no está en casa es independiente y no resta subyugada al dominio del varón.

 

A principios de marzo se creó un sindicato de madres trabajadoras que reclamaban no ser tratadas como hombres, sino ser tratadas igual sin dejar de ser mujeres, y que se protegiera la figura de la madre – realidad muy abandonada por el Gobierno de Zapatero y por el extinto Ministerio de Igualdad –. Estas madres y trabajadoras afirmaban que  “somos las propias mujeres las que cegadas con un desarrollo profesional igual al masculino pensamos que el hecho de ser madres frena nuestro crecimiento”. La cuestión de la maternidad sí o la maternidad no exige la reflexión sobre qué es el ser humano en su irrepetible singularidad, es decir, qué es ser hombre y qué es ser mujer. Si saliéramos a la calle y realizáramos esta pregunta de bien seguro que la respuesta mayoritaria atendería a la cuestión sexual y definiría al hombre por las diferencias con la mujer y viceversa. Si bien la filosofía moderna recuperó la cuestión del hombre, no fue más allá de un estudio general y abstracto. En este sentido el siglo XXI demanda una filosofía del cuerpo y del sexo, y esto no es una simple elucubración filosófico-teórica, sino que procede de la misma realidad, pues hay infinidad de cuestiones en el seno de la sociedad que requieren un certero estudio del cuerpo y la sexualidad humana: la familia, la homosexualidad, y, de modo muy especial, el papel del hombre y de la mujer en las distintas actividades que se pueden desarrollar dentro de la sociedad.  

 

La sexualidad de la persona humana no empieza ni termina en la gozosa actividad de unos órganos diferenciados en el hombre y en la mujer, sino que va más allá y engloba un modo de ser de toda persona humana. Ser hombre o mujer no es algo accesorio o separable de la persona – como piensan filósofos como Beatriz Preciado, de la que ya he hablado distintas veces en este blog – ya que comporta un modo de estar y abrirse al mundo y a los demás. La condición sexuada de la persona no se reduce tampoco al ámbito biológico, sino que también atañe a la dimensión espiritual de la persona. Ludwig Feuerbach en La esencia del cristianismo apunta que la diferencia sexual no es ninguna diferencia superficial, sino que es esencial. La esencia del hombre es la masculinidad y la esencia de la mujer es la feminidad y aquello que denominamos “personalidad” no es nada sin la diferencia de sexo, es decir, la personalidad se diferencia, por esencia, en personalidad masculina y personalidad femenina. Sin embargo, en la actualidad persiste, al menos de un modo mayoritario, una visión sesgada de la comprensión sexuada de la persona en la que, por lo general – puede verse, a modo de ejemplo, las entradas en este blog dedicadas a Beatriz Preciado – que entiende la sexualidad de la persona exclusivamente por su componente biológica o  bien la entiende, en pos de un feminismo muy particular, como una construcción socio-cultural propia de las sociedades patriarcales.

 

Es importante tener presente la realidad de la complementariedad entre el hombre y la mujer. El concepto de complementariedad no es tan banal como puede parecer. Lo complementario es aquello que sirve para completar o perfeccionar alguna cosa. Así, entendemos que la complementariedad entre el hombre y la mujer nos descubre que ni el hombre es superior a la mujer ni la mujer es superior al hombre, sino que ambos se necesitan en todos los aspectos (cultural, social, político, biológico, etc.). El hombre y la mujer tienen por igual la capacidad de desarrollar todas las aptitudes propias del ser humano, pero como estas se concretan de un modo distinto en el hombre y en la mujer y hay un modo masculino y un modo femenino de ser y obrar, de aquí surge la verdadera complementariedad.

 

Y qué nos dice la complementariedad. Básicamente que no podemos hablar de ningún modo de un mundo masculino y de otro mundo femenino, sino que el mundo es un espacio común donde interviene esa complementariedad. Situando la cuestión en el ámbito práctico y recuperando la noticia que ha dado pie a este escrito, para que el mundo sea realmente un espacio común se requiere un profundo cambio social (y no sólo intelectual y cultural) que va mucho más allá de los objetivos, buenos o malos, discutibles o no discutibles, del Gobierno de España. A causa de la reforma de la Ley del Aborto hemos estado hablando de si abortar es un derecho o un asesinato, pero hemos obviado una realidad no menos importante que afecta a muchas más mujeres: la maternidad. Y digo que afecta a muchas más mujeres – y familias – porque son muchas más las mujeres que son madres que las mujeres que abortan – gracias a Dios –. ¿España, y ya no hablo sólo del Gobierno actual, hace algo para facilitar la maternidad como ocurre en muchos países del norte de Europa donde se prestan verdaderas ayudas no puntuales? Es innegable que la maternidad es la mayor de las prestaciones sociales que puede recibir un Estado, en consecuencia no es lícito ni moral que la maternidad sea una realidad que concierna en exclusiva a la mujer, sino que el hombre y la sociedad tienen que hacer algo al respecto, y no sólo ayudar, sino colaborar en la maternidad del mismo modo que la mujer. El hombre debe colaborar en la maternidad recordando la paternidad, y el Estado siendo subsidiario. También debe intervenir el mundo empresarial, pues cuántas veces – para no decir la inmensa mayoría – el trabajo de la mujer se encuentra condicionado por su posible maternidad.        

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comentarios
  1. Inés dice:

    La señora Machado hace gala de un falso feminismo de la igualdad. Tengo dos hijos y nunca me he sentido esclava por darles el pecho ni menos mujer. Soy trabajadora asalariada y madre y aunque estoy orgullosa de ambas cosas, lo que realmente me llena es ser madre, como a mi esposo ser padre.

  2. Claudia dice:

    Doy gracias a Dios por el hecho de poder dedicarme al cuidado de mis hijos, por verles crecer bien felices. Desgraciadamente hay muchos hombres y mujeres que no pueden estar mucho tiempo con sus hijos porque ambos necesitan trabajar para poder salir adelante. La maternidad y la lactancia no son ningún problema, el verdadero problema es que en España no se dispensen ayudas a las familias con hijos como ocurre en muchos países de la UE.

  3. Neus dice:

    He leído el Magazine de ‘El Mundo’ y no he parado de reír de la sarta de estupideces que dice esta mujer. ¡Cómo se nota que no ha tenido hijos! Ahora se ve que dar leche de vaca o cabra a nuestros hijos es más natural que dársela a las crías de estos animales. Soy mujer, tengo pechos y los utilizo según su función para dar alimento a mi hija de 3 meses. Y esto no me convierte en una rumiante.

  4. Laia dice:

    Es curioso que la señora Machado no considere natural dar el pecho cuando todas las especies de mamíferos lo hacen, incluida la humana. No me importa que me llame vaca, si tuviera hijos les daría de amamantar.

  5. Marta dice:

    Esta mujer no sabe lo que dice. Dar el pecho no es “engorroso”. Cuando lo leí quede estupefacta. Engorroso me es levantarme a las 7 de la mañana y salir corriendo, hacer cola en la ronda de dalt de Barcelona y llegar al trabajo.

  6. Gracias por vuestros comentarios.

    Existe un grupo en Facebook en defensa de la lactancia materna que critica este artíulo de la revista de El Mundo.

    http://www.facebook.com/pages/Me-Indigna-que-El-Mundo-haga-este-ataque-a-la-Lactancia-Materna/156884497685320

  7. La pagina de tu Blog se ha actualizado…

    [..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…

  8. Miki dice:

    No entiendo por qué se compara a la mujer con una vaca por el hecho de que una madre dé el pecho a su hijo. Por otro lado presenta la discusión de sí es preferible la lactancia materna o una lactancia artificial mediante flacos argumentos racionales y científicos. La recomendación de la lactancia materna es universal y aporta todos los beneficios sanitarios posibles.

  9. Saludos Miki, muchas gracias por tu comentario.

    Para los interesados existe una campaña de firmas contra el artículo en cuestión promovido por la doctora Iglesias de la Cruz, doctora en Farmacia por la Univ. de Alcalá y profesora de Biología Celular e Histología en la Universidad Autónoma de Madrid.

    http://www.peticionpublica.es/PeticaoVer.aspx?pi=madrelac

  10. […] y a los hijos por suponer un lastre absoluto a su libertad de – cuestión ya tratada aquí: 1, 2, 3 y 4 –, cuando ser madre y trabajadora es tan compatible como ser padre y […]

  11. cecy mora dice:

    Es una tontería que está diciendo esta señora, yo soy una madre orgullosa de estar amamantando a una beba y haber amamantado a otro de dos años, trabajo y soy ama de casa también, ojalá y la gente se de cuenta la las tonterías que esta diciendo, porque nosotros somos el ejemplo para nuestros hijos, si no amas y dedicas tiempo a tu familia, como quieres tener una mejor sociedad, no todo en la vida es dinero y vanalidades.

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