La libertad como don de Dios

Publicado: 11 octubre, 2010 en Libertad, Religión

La noción de libertad encuentra su principal pilar en el cristianismo, de hecho, el cristianismo es el mensaje de la libertad. En el Nuevo Testamento hallamos con abundante repetición el uso de dicho término o de variantes (Jn 8, 32; 2 Co 3, 17 O Gal 5,1). En el Génesis se dice que el hombre no ha nacido para ser esclavo, sino para dominar la Creación por el mero hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. La libertad es una manifestación intrínseca de la naturaleza humana, por eso aspiramos, a diferencia de cualquier otra criatura, a la felicidad como plenitud trascendental del ser, es decir, al encuentro con Dios, el Ser absoluto.

 

El hombre busca la felicidad y comprende que no hay felicidad sin amor, ni éste sin libertad. De aquí que en el Evangelio de San Mateo se lea: “Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 16, 25). La libertad fundamental, también denominada trascendental por Heidegger, es constitutiva del hombre por el mero hecho de ser persona, no es fruto de ninguna conquista revolucionaria en pos de algún derecho universal, sino que es un don gratuito de Dios. Ser libre constitutivamente quiere decir que el hombre está abierto a todas las cosas, a las cuales puede conocer y querer de manera finita, y que puede encaminarse hacia su autorrealización, que no es otra que devolver la vida confiadamente a Dios. No se trata de un ideal estoico ni de una sumisión patológica; en el testimonio vivo de los santos hallamos que la entrega sin límites a Dios se traduce en el gozo de una libertad que nada de este mundo puede igualar.

 

Muchas veces concebimos la libertad como salir de la jaula y explayarnos con sentir la ausencia de límites. Pero esto no es la libertad verdadera. Hace unos años, hallándome en la Universidad de Navarra, llegaron a Pamplona las reliquias de Santa Teresa del Niño Jesús, motivo por el cual empecé a empaparme con su lectura, con la sorpresa de que poco tiempo después una amiga ingresaba en el convento de las Carmelitas de Igualada. Al visitarla pude comprobar todo cuanto leí en los manuscritos autobiográficos de la joven santa: una vida limitada por los estrechos límites de la clausura pero a la vez la amplitud espiritual de quien ama a Dios y a los hombres sin límites. En otras ocasiones, se concibe la libertad ligada a la capacidad de poder elegir entre una variada amalgama de posibilidades. No obstante, esta tampoco es la verdadera libertad, pues la experiencia misma experiencia nos muestra que hay muchos aspectos de nuestra vida que no elegimos, como nuestro lugar de nacimiento o el propio nacimiento. Al mismo tiempo, a medida que avanza nuestra vida existencial y nuestras decisiones el número de éstas se reduce paulatinamente y de manera proporcional a la edad: “En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando hayas envejecido, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras” (Jn 21, 18).  El hombre, por tanto, no es más libre cuando transforma la realidad, sino cuando la acepta confiadamente como un don de Dios: “sin mino podéis hacer nada” (Jn 15,5).  

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comentarios
  1. David dice:

    Un bebe no tiene más libertad que un perro o que un cerdo. Suponemos que el bebé será libre en el futuro, pero no podemos tratarle ya como si la tuviera pues caemos en la falacia del argumento de potencialidad. Esta falacia podría llevar a algunos a tener relaciones sexuales con menores porque suponemos que en el futuro tendrán el cuerpo de un adulto.

    Todos los animales sintientes merecen respeto, esto se consigue mediante el veganismo, una opción compasiva que no prohibe ninguna religión.

  2. Saludos David.

    En primer lugar, decirte que el animal se caracteriza por el automatismo – antítesis de la libertad – por el cual realiza con perfección lo que hace por ‘instinto’, pero ni sabe lo que hace ni cómo lo hace; es decir, no elige ni el fin ni los medios que le impone la naturaleza: no es libre. En el hombre no acontece lo mismo. Vayamos, en un primer momento, a la simple experiencia para comprobar que el ser humano no está regido por el automatismo: el hombre puede reeducar sus instintos como no comer cuando se siente hambre. Otra experiencia de la libertad, y que no experimenta el animal, es la responsabilidad y la capacidad de responder de los propios actos. Para más información puedes buscar en mis entradas relacionadas con la libertad – la fundamental, la libertad de elección, la libertad moral, y la libertad social o política –.

    Cuando hablas de “potencialidad” estás empleando un término propio de la metafísica mientras hablas de biología, por lo que carece de sentido. La persona humana es la misma sea embrión, bebé, niño, joven, adulto o anciano. Estos términos hacen referencia a distintos estados o etapas del mismo ser. No hay ninguna diferencia ontológica en cualquiera de estas etapas. David embrión es el David joven o anciano.

    Sin duda, los animales hay que respetarlos por ser seres vivos, en esto estamos de acuerdo.

    Gracias por comentar.

  3. La pagina de tu Blog se ha actualizado…

    [..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…

  4. Fidel dice:

    “Una opción compasiva que no prohibe ninguna religión.”

    Desconozco de dónde puede haber salido tal afirmación, desde luego no de los textos sagrados de las religiones mayoritarias, que no sólo no lo prohíben sino que obligan claramente a sacrificar tal o cual animal en según que circunstancias o fechas.

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