El amor es el alma de la virtud

Publicado: 7 octubre, 2010 en Ética y Moral

Existe un número destacado de éticas, entre las que destaca la kantiana, que consideran que la felicidad personal no debe ser el motivo determinante del comportamiento del hombre, sino que la vida moralmente buena se rige por el desinterés, es decir, por el altruismo. Sin duda, está afirmación resulta lógica a los ojos de la razón, pero es necesario integrar la verdad de la ética del desinterés a otra verdad más universal incluso: el amor humano. Aunque es cierto que el amor no tiene como objeto la persona misma del que ama sino el sujeto amado, hay que tener claro que no existe un amor totalmente desinteresado puesto que el amor humano y cualquiera que sea su cualidad ética – buena o mala – es, por naturaleza, un querer cuyo fin es siempre el enriquecimiento intencional de la persona que ama: se busca la comunión del yo amante con el tú amado (Gabriel Chalmeta, Ética social. Familia, profesión y ciudadanía, EUNSA, Pamplona, 2003).

 

San Agustín nos descubre una experiencia común de todos los hombres: quien ama parte siempre del amor de sí y en función de ello ama a las personas. Por tanto, el desinterés o el altruismo deben existir, sí, pero nunca deben aniquilar el desinterés personal: nadie puede amar a otra persona si no se ama a ella misma, es decir, si el fin objetivo de la persona es la verdadera felicidad de su ‘yo’, esta intención le llevará directamente a la comunión con Dios y con el valor de persona de los demás y, consecuentemente, a interesarse por el bien de los demás porque se trata del propio bien. A esto Aristóteles añade que “el hombre bueno, al convertirse en amigo, se transforma en un bien para aquel del que se ha hecho amigo” (Aristóteles, Ética Nicomáquea VIII, 5). Una de las principales críticas al cristianismo parte de considerar que la persona creyente se aniquila por amor a Dios y por vivir totalmente al servicio de los demás. No obstante, esta concepción es contraria al cristianismo mismo que considera que la vida buena implica donación del ser, pero no para alienarse sino para compartir la vida con la persona amada.

 

El primer efecto de la vida buena es la humildad. Como indica el Aquinate se considera humilde la persona que se estima a sí misma como corresponde a la realidad y no más, aunque tampoco menos (Suma Teológica II-II, 161,6, C.). En este sentido, la humildad debe comprenderse como una dimensión fundamental de todas las virtudes éticas ya que es una predisposición para la buena actuación. ¿Pero, el hombre tiene predisposición para obrar bien? Sí. Todo hombre, desde el punto de vista ético y psicológico, recibe de la naturaleza un conocimiento genérico del orden ideal de la vida buena, la sindéresis, y una inclinación a ponerla en práctica, la voluntas ut natura. Estas dos capacidades son la causa de lo que llamamos ley natural por la que la persona humana está dotada de una humildad suficiente para obrar bien. No obstante, es necesario que esta capacidad ética se desarrolle para transformarse en virtud. En este sentido, sólo el hombre que se esfuerza por vivir bien es capaz de individuar las acciones particulares que conducen en cada caso a la comunidad con Dios y con el valor de persona del prójimo (Gabriel Chalmeta, obra citada).

 

San Agustín mantiene la convicción de que el amor es el alma de las cuatro virtudes éticas, por ello, la adquisición de la virtud consiste en el enamoramiento, en la realización efectiva de la comunión habitual con Dios y con los demás hombres. Así, quien se aplica para que su amor hacia Dios y hacia los hombres crezca en extensión y en profundidad es capaz de reconocer y elegir el bien común.  

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comentarios
  1. Joan Figuerola Borras dice:

    Hola Joan, veo que citas a dos grandes pensadores. Por desgrácia, en los tiempos en que nos ha tocado vivir, no se cree ni se piensa mucho en la persona como ser humano y además algunos politicos ya se encargan de que sea así.
    Hoy en lugar de ir hacia el colectivismo, vamos hacia el individualismo, y eso es lo peor .

  2. Saludos Joan, muchas gracias por el comentario. Desde luego el ser humano es el ser vivo más vilipendiado, lo peor es que el ataque se produce desde el interior de la misma especie.

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