Hawking hace un flaco favor a la ciencia

Publicado: 7 septiembre, 2010 en Ciencia, Filosofía

La inteligencia obtiene un pleno desarrollo cuando tiene la facultad de considerar muchos casos al mismo tiempo y como un todo ordenándolos debidamente en un sistema universal. Podríamos decir que el conocimiento es un estuche donde se encuentra una serie de bolígrafos que representan cada una de las distintas ramas del saber: el bolígrafo de la ciencia, el de la filosofía, el de la teología… Sin duda, cuando no nos limitamos a comprender la realidad desde un único modo de aproximarse a ella, sino que para ello integramos todos los modos de saber que tenemos podemos llegar a expresar aquello que nunca me canso de repetir: Dios está al principio de la reflexión de todo cristiano y al final de las investigaciones de un científico.

Estoy de acuerdo con el discurso del Santo Padre en Ratisbona, la ciencia, la filosofía y la teología necesitan trabajar conjuntamente para iluminar los alcances de la razón, que exceden de la limitada perspectiva de un conocimiento especializado. La filosofía de la ciencia parte de este noble y necesario objetivo, el de la conjunción de los distintos saberes para hacer visible el esplendor de la verdad. Estos días se ha hablado sobre unas declaraciones científicas de Stephen Hawking que vienen a decir que Dios no ha creado el universo. Hawking para sostener esta idea ha tenido que salir forzosamente del método de las ciencias exactas, porque, desde siempre, las leyes de la física no son opinables, sino que simplemente son verificables: Hawking no sólo no puede decir que Dios no ha creado el universo, sino que no tampoco sabe cómo se ha creado; como mucho puede hablar de la Gran Explosión, pero ni por asomo llegar mediante la ciencia al mismo origen del cosmos.

Cuando se reduce el conocimiento de la realidad a los resultados de un único método caemos en el error de lanzar predicciones erróneas que no son más que opiniones personales, respetables pero falsas. Hawking, por ejemplo, confunde el objeto de estudio de la ciencia con toda la realidad: como la ciencia no puede tener como objeto de estudio a Dios se atreve a decir que Dios no interviene en la creación del universo. Por otro lado si sólo el conocimiento científico fuera conocimiento deberíamos lanzar a la papelera muchos conocimientos del ser humano, como por ejemplo el sentido común. Desde luego la afirmación de Hawking hace un flaco favor a la ciencia y a su divulgación, pues decir lo que ha dicho no se debe al fruto de la adecuación de su teoría con experimentos, pues tal conclusión está totalmente desconectada de toda verificación experimental.

Todo esto debe llevarnos a ser concientes que hay aspectos de la realidad que escapan al método. Cuando se vende a la ciencia como el conocimiento de la realidad en sentido absoluto se logra que los neófitos que se alimentan de conocimiento científico por medio de publicaciones tengan una aproximación a la ciencia desde la creencia y, entonces, caemos en el cientificismo, que llena de ideología todos los puntos donde la ciencia se muestra incapaz. Hoy son muchos los que convierten a la ciencia en pseudo-ciencia y son aquellos que usan el método de la filosofía y lo venden como método científico con el objeto de barrer a Dios.

Como ya he dicho en otra ocasión entrados en el siglo XXI la tarea más apasionante en beneficio del saber y de la verdad es el trabajo conjunto entre filósofos y científicos. Hay que invitar a los escépticos a ocuparse de nuevo sobre el principio de causalidad, pues con los avances de la ciencia, esta puede ser una fascinante tarea. Ciertamente, Dios no puede ser objeto de experimentación, pero el universo sí. La nada y el azar científico – que no metafísico – se han convertido en una alfombra bajo la que se barren todas las respuestas que no interesan, pero por qué actuar de este modo cuando lo realmente interesante está en descubrir el sentido y la verdad. No hagamos como los avestruces y tomemos el arriesgado camino de comprobar hasta donde lleva el hilo, pues quizá descubrimos que el sorprendente encanto del universo nos lleve a aproximarnos a su causalidad en lugar de conformarnos en sucedáneos debido a diversos intereses contrarios al mismo saber.

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comentarios
  1. Sonrisas dice:

    Decimos que los enanitos fuxias son necesarios para la creación de rayos, asi que los enanitos fuxias existen. Ahora un científico demuestra que puede haber rayos sin enanitos fuxias. Los rayos los pueden causar desde lagartos invisibles hasta enanitos verdes. Al ver que no hay razon para decir que existen los enanitos fuxias, declara que nada demuestra que existen (a falta de rayos).

    Luego, los enanitosfuxienses (un grupo que adora a los enanitos fuxias) dicen que el cientifico esta equivocado, que eso es una opinion personal, por que como no sabe lo que causa los rayos, no puede descartar a los enanitos fuxias.

    A que mola el cuento?

  2. dante dice:

    No se trata de enanitos fuxias. Se trata de que hay un cadaver en la sala (o mejor una serie de cadáveres apuñalados por la espalda) y cualquiera diría que debe haber un asesino. De pronto entra el científico y trata de tranquilizar a todos diciendo que no necesariamente hay un asesino. Quizá los cadáveres aparecen por generación espontánea.

  3. Sonrisas dice:

    Para que tu idea se asemeje a la realidad, tienes que especificar que los cadaveres son completamente invisibles e imperceptibles a los sentidos, simplemente hay que tener fe en que existen.

  4. Dante dice:

    Nada de cadáveres invisibles… Los seres de este universo, que son bastante visibles, son como los cadáveres de la metáfora con el puñal en la espalda: es el puñal de la existencia: la tienen, pero no se la pueden dar a sí mismos (no hay nada en la definición de unicornio que impida su existencia, lo mismo que no hay nada en la definición de jirafa que la obligue a existir). El universo mismo está allí, como una evidencia muda. Ya lo escribió Heidegger: “¿por qué hay ser y no más bien la nada?”

    Lo que Hawkins hace, en realidad, es sostener una hipótesis que ya aceptaba Tomás de Aquino: que el universo puede, teóricamente, carecer de principio y de fin y al mismo tiempo ser creado. Porque ser creado no es absolutamente hablando “tener un comienzo temporal”, sino participar del acto de ser. Hipotéticamente Dios puede crear eternamente un universo eterno.

  5. Sonrisas dice:

    No, lo que Hawking sostiene es que el universo no tiene por qué ser creado, independientemente de si tiene principio y fin o no. Siguiendo tu paradoja del asesino, es como encontrar un cuerpo despeñado por un barranco y que aunque todos los del pueblo insistan en que alguien le ha empujado, un cientifico apunte que se podia haber caido el solito, por la gravedad.

    ¿Por que no se puede dar el universo existencia a sí mismo? ¿Por que insistir en que se la dio un ser que se dio existencia a si mismo? Es meter un escalon mas por que si, es carne de navaja de Ockam.

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