Embriones humanos congelados, una reflexión sobre el valor de la vida

Publicado: 5 agosto, 2010 en Ética y Moral, Ciencia

Experimentamos el horror cuando en películas de ciencia-ficción observamos nidos de embriones humanos en naves de extraterrestres; sin embargo, olvidamos el destino de miles de embriones humanos congelados en nuestras clínicas. La consideración de la vida humana es precaria cuando se diluyen los referentes éticos y resta abandonada al cientificismo. ¿Reflexionamos sobre el inconveniente ético-moral de emplear embriones humanos ‘preimplantatorios’ sobrantes de las prácticas de Fecundación in Vitro o los creados como fuente de células madre? La cultura actual considera que el fin justifica los medios. La muerte de embriones humanos es vista como un bien o como un mal menor necesario para la curación de enfermedades.

 

¿La curación de enfermedades puede obtenerse a costa de la producción y muerte de embriones humanos? La producción y utilización de embriones es una realidad gracias a la permisividad de las leyes. Mientras se sigan generando más embriones de los que se transfieren al útero de la mujer, la cuestión de los embriones congelados no tendrá una solución ética aceptable. Es necesaria, por tanto, una reforma legislativa internacional que prohíba la práctica de la FIV, porque la cuestión no es qué hacer con los embriones sobrantes, sino que la solución pasa por no producir más embriones humanos sobrantes. Pero aquí surge el inconveniente ya citado: la relativa consideración de la vida humana. Para los defensores de la investigación con embriones humanos no hay inconveniente ético alguno porque consideran que estos no son sujetos humanos (ver C. Alonso Bedate, El estatuto ético del embrión humano: una reflexión ante propuestas alternativas), sino preembriones o embriones preimplantatorios. Sin embargo, estos términos no son más que un neologismo científicamente inútil cuya única razón es ocultar el carácter individual y personal del embrión para justificar su uso como material genético y el aborto. Llegados a este extremo, el ser humano pierde su humanidad para convertirse en un producto material de investigación.

 

Cinco días después de la fecundación el embrión humano se desarrolla hacia una estructura denominada blastocisto en la que se distinguen dos estructuras con cierto grado de especialización: el trofoblasto y la masa interna celular. Ésta última llega a tener más de un centenar de células a partir de las cuales se desarrolla el feto. Estas células están organizadas y se influyen mutuamente en cuanto que forman parte de la unidad funcional y vital del embrión humano (ver Natalia López Moratalla, Uso terapéutico e investigación con células troncales humanas). A estas células pluripotentes de las que surgirán varios linajes celulares se las llama células madre (ver Roberto Germán Zurriaráin, Los embriones humanos congelados: un desafío para la bioética). La fuente habitual de células madre de tipo embrionario son los embriones humanos sobrantes congelados de las técnicas de reproducción asistida. Toda investigación que parta de embriones humanos no puede justificarse ni legal ni éticamente, ya que no va en beneficio de la vida y salud del propio embrión.

 

La posibilidad de obtener células madre de embriones humanos fue demostrada a finales de 1998 cuando el equipo de investigación de los doctores James Thomson (Universidad de Wisconsin, EEUU) e Itzkovitz, financiado por la compañía biotecnológica Geron (California, EEUU), anunció en el Centro Médico Nacional de Haifa (Israel) la obtención de cultivos de células pluripotentes a partir de células embrionarias humanas. La investigación para estudiar y sanar enfermedades no puede tener como material de partida la destrucción de vidas humanas. Un ser humano, menor a mayor de 14 días, implantado en el útero materno o congelado, deseado para procreación o abandonado, es un ser humano que nadie puede decidir matarlo para usarlo como medio, por muchos beneficios para la humanidad que se deriven de ello, como bien indica la catedrática de bioquímica y biología molecular, Natalia López Moratalla. No se trata de cuestiones religiosas, la ciencia está más allá de los intereses políticos y económicos.

 

Por otro lado es preciso un mayor rigor científico, pues a día de hoy se sabe que no hay enfermedades que dependan absolutamente de que se permita legalmente descuartizar embriones, pues contamos en la sangre y en la médula ósea, en la grasa y en todos los órganos y tejidos del organismo células madre capaces de ello. Por otro lado, se sabe por la previa experimentación con embriones de animales que las células madre provenientes de embriones no pueden ser transferidas a los pacientes ya que al ser poco domesticables pueden ser causantes de cáncer o de tumores.    

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