Respuesta al ateísmo (X)

Publicado: 21 abril, 2010 en Laicismo, Pensamiento, Religión

La cuestión por Dios se ha hecho más acuciante desde los días de Descartes, para entrar con la Ilustración y, especialmente, con el Idealismo alemán en crisis. En este sentido, algunos teólogos han anunciado, equivocadamente o no, que la teología se ha encontrado enfrentada no sólo con la ciencia moderna, sino también con la misma filosofía moderna. Hans Küng, por ejemplo, se pregunta de qué sirve partir de una imagen del mundo acorde con las ciencias naturales si se sigue aferrado a una imagen filosófica de Dios anticuada. El mismo teólogo se pregunta si la teología ha tenido suficientemente en cuenta, y no sólo en actitud de defensa sino de diálogo, las importantes transformaciones que se han registrado en la más reciente historia de la filosofía y del espíritu y que permiten al hombre pensar en Dios, tal vez hasta del Dios bíblico, mayores y mejores cosas que las que se podían pensar en el siglo XVII. Para la clarificación del problema de Dios en la historia es necesario atender a la filosofía de Hegel, pues en ella culmina la transformación histórica iniciada en Descartes – y que he ido tratando en las anteriores entradas de esta categoría –. Analizando el pensamiento de Hegel podemos preguntarnos hasta qué punto aquellos presupuestos mentales tienen vigencia a comienzos del siglo XXI.

Hegel, educado en una familia protestante, ingresa en el seminario protestante de Tubinga en 1788, un año antes del estallido de la Revolución francesa. Hegel, que concluye sus estudios en 1793, tenía una opinión nada favorable del sobrenaturalismo apologético y biblicista de su profesor de dogmática G. Ch. Storr; leía con preferencia a Voltaire, Kant y Rousseau; se reunía con sus compañeros Hölderlin y Schelling para mantener debates en el “Club Político”, y escribía consignas como “Vive Jean-Jacques!” o “Vive la liberté!”. La mayoría de las grandes cabezas alemanas se entusiasmaron al principio por la Ilustración y la Revolución francesa: Kant, Fichte, Herder, Novalis, Schlegel y un largo etcétera. Al mismo Schiller le fue brindada la dignidad de ciudadano de honor de París. No obstante, los asesinatos de septiembre de 1792 enfriaron en gran medida las simpatías europeas por la Revolución. En enero de 1793 es ajusticiado Luís XIV y da comienzo la terrible época del Comité de Salvación Pública bajo Robespierre. En esta fecha aparece el prestigioso libro del estadista liberal inglés Edmund Burke, Reflections on the Revolution in France, que aboga por la libertad del individuo y la justicia en el Estado a la par que contra la subversión política violenta. Hegel, Schelling y Hölderling condenan el terror jacobino, pero no renuncian a los objetivos de la Revolución.

Para Hegel y otros intelectuales la Revolución es algo más que una revolución político-social, es una revolución del espíritu, un programa humanitario, social y político que abarca la ciencia, la literatura, el arte, la política, la filosofía y, por encima de todo, la religión. Hegel se pregunta cómo puede el hombre común participar de este tiempo nuevo y lúcido que es la Ilustración. Al hombre no le basta una filosofía racional abstracta, el hombre necesita la religión. Sin duda, la postura de Hegel frente a la religión durante su época de estudio es inequívocamente crítica; una crítica que no es un argumento en contra, sino a favor de su compromiso religioso. Su crítica, a diferencia de lo que acontece en Francia, no exige la abolición, sino la renovación de la religión en una sociedad moderna e ilustrada.

Para Hegel la religión tiene que ser auténtica religión del pueblo. ¿Cómo debe ser esta religión? Debe ser una religión fundamenta en la razón, pero donde la fantasía, el corazón y la sensibilidad no queden en el vacío. Considera que la ilustración del entendimiento hace al hombre más inteligente, pero no lo mejora. El filósofo alemán no quiere una tradición irracional, pero tampoco quiere una razón sin tradición; en este sentido, si recordamos las entradas anteriores, recordamos con esta intención los ecos de Pascal contra Descartes. Para Hegel, la sabiduría es algo distinto de la ilustración, del razonamiento, la sabiduría no es ciencia, sino una elevación del alma. La sabiduría no parte ‘methodo mathematica’ de unos conceptos ni llega por medio de una serie de raciocinios a lo que tiene por verdad, sino que habla de la abundancia del corazón. Frente al deísmo ilustrado cobra cada vez más predominancia el panteísmo de Spinoza. Éste, con su obra Tractatus theologico-politicus – del que ya he hecho mención en alguna ocasión, también cuando hablaba de Wittgenstein –, se muestra como un ferviente defensor de la libertad de pensamiento y de creencias y considera que la Biblia no es un libro divino, inspirado y exento de errores, sino el documento, contradictorio muchas veces, de una fe auténticamente humana y judía. A diferencia de Descartes, en Spinoza Dios se encuentra al principio de la filosofía – aunque Descartes debe acudir a Dios para construir su filosofía ciertamente – como lo absolutamente cierto (Ética demostrada según el orden geométrico).

El Dios de Spinoza no vive separado del universo, sino que Dios es en el mundo y el mundo es en Dios, es decir, la naturaleza es un determinado modo de existir del propio Dios y el pensamiento humano es un determinado modo de pensar del mismo Dios. así, ni el yo individual del hombre ni las cosas finitas son sustancias particulares, sino simples modificaciones de la única sustancia: Dios. Si Dios es todo en todo, ¿no estamos ante un Dios inmanente no trascendente? Spinoza resuelve esta problemática afirmando que Dios es trascendente en cuanto que sus infinitos atributos, si prescindimos de la extensión y del pensamiento (Descartes), son inaccesibles para el hombre. Dios no es una causa trascendente, sino causa interna de todas las cosas y causa de sí mismo. Este Dios impersonal que no es creador del mundo, ¿es aún el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Spinoza creía en un Dios mayor que el de los que creen en la Biblia y esperaba entrar en su muerte en el Dios-naturaleza todo y uno. En su Historia de la filosofía, Hegel dice que cuando uno empieza a filosofar, tiene primero que ser spinozista: “El alma debe bañarse en el éter de esta sustancia única, en la que está sumergido todo lo que se tiene por verdadero. Es la negación de todo lo específico, a la que todo filósofo debe haber llegado; es la liberación del espíritu y su absoluto fundamento” (Introducción a la historia de la filosofía). Sin duda, con el idealismo, el panteísmo spinozista se convierte en el cobijo de todos aquellos que aspiran al todo-uno. Pero también son importantes el influjo de Kant, Lessing y Goethe.     

Kant considera que no se puede probar la existencia de Dios, es decir, Dios no es objeto del saber. Como ya he dicho con anterioridad, el pensamiento alemán no niega la existencia de Dios como si hace el francés, pero negado el conocimiento de Dios, éste queda relegado a un mero horizonte último, muy problemático, de la visión del mundo. Ya no se presenta a Dios como el creador del universo, sino que se habla de divinidad. Dios-Padre se torna el omnicomprensivo Absoluto. En cuanto a Lessing, cuatro años después de su muerte, Friedrich Heinrich Jacobi en Sobre la doctrina de Spinoza en las cartas al señor Moses Mendesohn, da noticia de una conversación privada mantenida con Lessing poco antes de morir, en la que éste le comunicó que había abandonado en 1780 las ideas ortodoxas sobre la divinidad basándose en la obra de Spinoza. Lessing rechaza que Dios es causa personal del mundo y lo comprende más como una especie de alma del universo que abarca, como el uno y el todo, al mundo. Goethe, inicialmente influido por el pietismo, considera, también, que Dios no es el arquitecto del mundo, sino que es el insondable fundamento primero de todas las cosas, la productiva naturaleza-todo. Sin duda Hegel no es panteísta, al menos no en el sentido estricto de que “todo es Dios”, pues no diviniza el mundo empírico sosteniendo que “todas las cosas son Dios”; pero si se encuentra en él un panteísmo lato en cuanto que considera que todo existe en Dios de forma viva y dinámica.

comentarios
  1. Juan Carlos A. dice:

    Hola de nuevo. Una propuesta: qué tal si habilitas en tu blog la posibilidad de compartir tus textos en las comunidades virtuales como Facebook y Twitter…, personalmente creo que se podría hacer mucho bien, para multiplicar tus reflexiones y análisis por el número de contactos que cada uno pueda tener en estas redes sociales virtuales.

    El crédito sería tuyo.

    ¡Saludos desde México!

  2. Saludos Juan Carlos. Tengo cuenta en Twitter (puedes verla en el margen derecho de la página principal del blog). Recientemente he abierto una cuenta en Facebook explícitamente para el blog, cuyo enlacé he de poner. Muchas gracias por la propuesta, se agradece.

    Un cordial saludo, Juan Carlos.

  3. FranPedraza dice:

    Pero Joan F., para los sitios web es mucho más recomendable las «páginas» de facebook, completamente diferentes a los perfiles de personas (que es lo que has creado para «Opus Prima». Por cierto, en la creación de «páginas», si indicas que estás creando una para una «marca, producto u organización», en la lista desplegable que aparece está la opción «sitio web».

    ¡Saludos!

  4. Saludos Fran, muchas gracias.

  5. Kairos dice:

    Saludos Joan:

    Juan Carlos te está proponiendo que pongas una barra como esta: http://www.addthis.com/ que permite que con un simple clic en un botón una entrada se comparta en redes sociales. Yo lo puse en el mío pero he comprobado que da algún error usando Explorer por lo que no lo he mencionado todavía.

  6. Saludos Kairos. Muchas gracias, echaré un vistazo.

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