Sobre la hermenéutica de Paul Ricoeur (I)

Publicado: 10 marzo, 2010 en Hermenéutica, Paul Ricoeur

Paul Ricoeur, filósofo que en más de una ocasión he citado en este blog y que nos dejó hace relativamente poco tiempo, el 20 de mayo de 2005 a la edad de 92 años, ha sido uno de los grandes representantes de la hermenéutica. A lo largo de su recorrido intelectual se aprecia la defensa del diálogo como exigencia de vida, la búsqueda de sentido y de esperanza reafirmada por su condición de cristiano creyente (calvinista). Su búsqueda infatigable por la comprensión del hombre le llevó al rechazo de ciertas actitudes superficiales asentadas en la cultura contemporánea. En muchas ocasiones decía que se daban al mismo tiempo el progreso de la racionalidad y el retroceso del sentido. Para ello, convencido, exhortaba a tener una actitud realista ante el mundo y a apreciar la compatibilidad entre la fe y la razón. En este sentido, advertía que la autonomía de la racionalidad no negaba el espacio de la revelación, ni como verdad ni como incitación para pensar, pues la razón que obvia este dato es una razón segada que pone topes al pensamiento y se niega a ir hasta el final.    

 

Por lo general toda filosofía hermenéutica parte de la advertencia de que el sentido del ser se ha manifestado, de algún modo, en la existencia misma cuando aflora la palabra filosófica. Podemos decir que la filosofía es, para el hombre, un pensamiento segundo que debe formar el sentido del ser como tal. En este sentido, para Ricoeur es de capital importancia mostrar que el lenguaje tiene alcance ontológico, pues si éste se constituye como una estructura subsistente sin ninguna referencia fuera de ella misma y en la que el sujeto aparece como mera función, entonces es imposible elaborar un lenguaje en el que se forme, de modo explícito, el ser como tal, es decir, es imposible la filosofía (Hermenéutica y estructuralismo).

 

A lo largo del recorrido intelectual de Ricoeur el concepto de hermenéutica sufre importantes variaciones y ampliaciones. Así, en La Symbolique du Mal, que se desarrolla en el contexto de una filosofía de la voluntad, presenta la cuestión del mal. No obstante, se ve obligado a trazar los límites de una criteriología del símbolo mediante un análisis de su estructura significativa. Así, advierte que la experiencia del mal sólo es accesible en el lenguaje en que se lo confiesa; que ese lenguaje es simbólico; que el lenguaje simbólico es aquel en el que el sentido literal de las expresiones lingüísticas transita hacia un sentido último, implicando en ese tránsito al hombre mismo, y que entre sendos sentidos se da una analogía de semejanza que requiere una interpretación hermenéutica. Para hablar del sentido del mal Ricoeur aprecia que es necesaria la lectura de los mitos, pues en ellos la experiencia del mal se hace lenguaje. Comprende cuatro tipos de mitos acerca del comienzo y del fin del mal a los que aplica su método hermenéutico de lectura. La hermenéutica de tales mitos reconoce tres pasos de progresiva profundización: la fenomenología comparatista, el pensar en los símbolos y el pensamiento de los símbolos. Se trata pues de tres etapas que marcan el tránsito desde la vida en los símbolos hacia un pensamiento que ha de ser pensamiento a partir de los símbolos (Le conflit des Interprétations. Essais d’herméneutique).

 

Fenomenología comparatista

 

Ricoeur ejemplifica el proceder de la fenomenología comparatista a partir de las obras de Mircea Eliade, Van der Leeuw y Leenhardt. El fenomenólogo se introduce en el mundo simbólico con el fin de encontrarle una coherencia interna, por lo que se sustrae una comprensión del símbolo por el símbolo e idealmente por la totalidad de lo símbolos. De este modo se alcanza desde dentro – desde el símbolo – la unidad significativa del símbolo. Para Ricoeur este modo de proceder tiene ciertas limitaciones: el fenomenólogo puede llamar verdad a la coherencia que descubre del mundo simbólico, pero se trata de una verdad sin creencia o con cierta distancia en la cual el pensador no se halla concernido.

 

El pensar en los símbolos

 

Para llegar a este paso es necesaria una fe explícita. Como se trata de la cuestión de la verdad, el filósofo tiene que encontrarse concernido y entrar en una relación apasionada, al mismo tiempo que crítica, con el valor de verdad de cada símbolo. Ya no se puede pasar de un símbolo a otro con un pensamiento ausente y distanciado radicalmente, sino que “es necesario comprender para creer, pero es necesario creer para comprender” (La Symbolique du Mal). En primer lugar, dice Ricoeur, es preciso creer, tener la confianza de que en el símbolo habla lo sagrado, pues sólo de este modo se puede entrar en el movimiento general de sentido presente en él: “nunca, en efecto, el intérprete se acercará a lo que dice su texto si no vive en el aura del sentido interrogado” (La Symbolique du Mal). Como dice Bultmann, toda comprensión, como toda interpretación, se halla continuamente orientada por la manera de plantear la cuestión y por lo que ella apunta. La cuestión siempre está dirigida por una precomprensión del símbolo a propósito del cual interroga al texto.

 

El pensamiento de los símbolos

 

Para Ricoeur este paso es el momento propiamente filosófico de la hermenéutica. Llegados a este punto el pensar filosófico se encuentra incoativo en el mito. Es el momento de ir más allá de la interpretación, por exigencia misma del mito – que presenta una universalidad concreta –, y entrar en la reflexión filosófica. Siguiendo a Kant en La crítica del juicio, el símbolo da que pensar. El “da” es el don del lenguaje, pero este don crea el deber de pensar, de inaugurar el discurso filosófico a partir de aquello que lo precede y lo funda – el lenguaje –, instaurando la cuestión del sentido y del fundamento del sentido. Se trata ahora de una aproximación al mito en la que se intenta decir filosóficamente – racionalmente – lo que simbólicamente dicen los mitos. El mito debe ser trasladado al discurso conceptual para alcanzar una comprensión última del ser humano.   

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comentarios
  1. Joan dice:

    Muy interesante tu artículo hacerca de la hermenéutica de distancia de Ricoeur, pero a mí y supongo que a mucho de los lectores nos gustaría que cites los textos donde encuentras está información.

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