La misión evangelizadora de la Iglesia (I)

Publicado: 4 marzo, 2010 en Conversión, Iglesia

“La Iglesia existe para evangelizar”. Esta expresión del Papa Pablo VI en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, es la respuesta de la Iglesia al mandato de Cristo de predicar el Evangelio. La Revelación se transmite a lo largo de todos los tiempos mediante la evangelización. Se pueden señalar cuatro momentos de especial importancia en la evolución del concepto de evangelización, que coinciden con la publicación de grandes documentos del Magisterio de la Iglesia: (1) La Constitución Dogmática Dei Verbum, sobre la Revelación divina (18 de noviembre de 1965), y el Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia (7 de diciembre de 1965), del Concilio Vaticano II. (2) La Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, sobre la evangelización en el mundo contemporáneo (8 de diciembre de 1975), de Pablo VI. (3) La Encíclica Redemptoris missio, sobre la permanente validez del mandato misionero (7 de diciembre de 1990), de Juan Pablo II. (4) El Directorio general para la catequesis, de 1997.

 

Los distintos documentos del Concilio Vaticano II ofrecen la fundamentación doctrinal y la dinámica de la evangelización. El Decreto Ad gentes se refiere de modo fundamental al primer anuncio del Evangelio al señalar que “el fin propio de la actividad misionera es la evangelización y la plantación de la Iglesia en los pueblos o grupos humanos en los cuales no ha arraigado todavía” (AG 6). El Directorio de 1971 entiende la evangelización como una primera forma de ministerio de la Palabra cuando dice que “la forma llamada evangelización o predicación misionera tiene como finalidad suscitar inicialmente la fe, de manera que los hombres se adhieran a la Palabra de Dios” (DGC (1971) 17). La III Asamblea General del Sínodo de Obispos de septiembre de 1974 perfiló el concepto de evangelización y así quedó expresada en el documento La evangelización en el mundo contemporáneo. Después, el Romano Pontífice Pablo VI, en la Exhortación Apostólica ya citada, fruto de aquel Sínodo de Obispos, concretó todavía más la noción de evangelización. El Papa Juan Pablo II, en la Encíclica Redemptoris missio, plantea las situaciones sociorreligiosas  que piden una respuesta evangelizadora y que son fundamentalmente: (1) la misión ad gentes, a los no cristianos. (2) La nueva evangelización para los países post-cristianos. (3) La acción pastoral para las comunidades vivas. También reafirma Juan Pablo II, que el catecumenado bautismal es el referente y paradigma en el que debe inspirarse toda la acción catequizadora de la Iglesia.

 

La evangelización no admite definiciones parciales o fragmentarias, si no es con el riesgo de empobrecerla e incluso mutilarla. La diversidad de elementos que la integran ha generado la tentación de identificar alguno de estos aspectos con la misma evangelización. El anuncio, el testimonio, la enseñanza, los sacramentos, el amor al prójimo son vías o medios de evangelización, pero ninguno de ellos la agota. La evangelización debe entenderse como el proceso mediante el cual la Iglesia, movida por el Espíritu Santo anuncia y define el Evangelio a todo el mundo, de tal forma que: impulsada por la caridad, impregna y transforma todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas; da testimonio entre los pueblos de la nueva manera de ser y de vivir que caracteriza a los cristianos y proclama explícitamente el Evangelio, mediante el primer anuncio, llamando a la conversión; inicia en la fe y vida cristiana, mediante la catequesis y los sacramentos de la iniciación, a los que se convierten a Cristo, o a los que reemprenden el camino de su seguimiento, incorporando a unos y reconduciendo a otros a la comunidad cristiana; alimenta constantemente el don de la comunión en los fieles mediante la educación permanente de la fe – homilía y otras formas del ministerio de la Palabra –, los sacramentos y el ejercicio de la caridad; y suscita continuamente la misión, al enviar a todos los discípulos se Cristo a anunciar el Evangelio, con palabras y con obras, por todo el mundo.

 

Mediante la evangelización la Iglesia busca transformar y renovar la humanidad con la fuerza del Evangelio, convertir la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos y su vida y ambientes concretos. La evangelización no es, en ningún caso, una capa de barniz sobre una mesa, sino una profunda transformación de las culturas iluminándolas con la luz del Evangelio.

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