Conocimiento e inteligencia (I)

Publicado: 3 marzo, 2010 en Gnoseología

El conocimiento es una actividad propiamente humana, es un acto personal, pues quien conoce es el sujeto cognoscente. Al mismo tiempo, el conocimiento es una relación con la realidad. El conocimiento sitúa al sujeto en situación de apertura, ya sea al conocer la realidad extrínseca o intrínseca – conocerse a uno mismo –. El conocimiento es un acto psíquico, o al menos no es propiamente físico. Los eventos físicos son propios del mundo corpóreo descriptibles por cualidades sensibles, movimientos espaciales y determinaciones espacio-tiempo. Cuando digo veo una casa expreso un evento que no es físico, pues el ver nadie puede observarlo ni representarlo de modo sensible y sólo el sujeto advierte que está realizando tal acto. A esta advertencia se la denomina conciencia. También hay otros actos psíquicos no cognitivos, como las emociones, el amor y el dolor.

 

Que el conocimiento sea propiamente psíquico no quiere decir, ni mucho menos, que no sea físico en ningún sentido. Las sensaciones, como el mismo acto de ver anteriormente mencionado, son físicas, ya que son actos realizados mediante los órganos sensoriales y el sistema nervioso. No obstante, las sensaciones incluyen un elemento psíquico irreductible a la descripción física de las ciencias naturales. Hubo un tiempo en el que e conductismo intentó reducir los actos psíquicos a comportamiento externo, pero este intento demasiado forzado no tuvo gran acogida. Hoy, es más corriente la reducción del acto cognitivo a eventos neurológicos. Pero afirmar, por ejemplo, que un dolor no sería más que pura actividad neuronal, eliminando, consecuentemente, su dimensión psíquica, es reductivismo.

 

El conocimiento es un acto inmaterial. Para Aristóteles conocer es poseer una forma sin la materia (Acerca del alma, II, 424, a 15-20). Lo blanco de la nieve o la forma geométrica del mármol son propiedades naturales de las cosas físicas. Pero, cuando lo blanco, la forma geométrica o la formalidad o modo de ser “mármol” son vistos o percibidos, puede decirse que esas formalidades son en el cognoscente, pero son en él de modo inmaterial y no natural. El color percibido por el ojo no es un efecto puramente físico o material. Aunque la percepción del color implica alteraciones físicas del sistema visual, el acto de ver el color no es una modificación física como las que describe la física.

 

El conocimiento es un acto inmanente. Los fenómenos físicos siempre suponen la modificación de otros cuerpos – la luz ilumina, la temperatura de un cuerpo calienta a otros, etc. –, es decir, son actos transitivos. La transitividad coincide con el cambio externo producido – la temperatura de un cuerpo está cambiando continuamente el estado térmico de otros cuerpos –. El acto de conocer, al contrario, no es sin más un cambio físico en el organismo del cognoscente – si lo supone en su dimensión neurológica cuando se trata de actos sensoriales –. Por esta razón, el acto cognitivo es interior al sujeto cognoscente. Los que realizan actos inmanentes poseen dentro de sí mismos como un espacio de crecimiento interior, diverso del ámbito externo (Juan José Sanguineti, El conocimiento humano. Palabra, 2005).

comentarios
  1. […] de sensaciones. Con el conocimiento entramos de lleno en la gnoseología (os remito a este artículo de Opus Prima, que me ha gustado mucho). Que de nuevo es un tema que se sale del objeto propio de […]

  2. […] de los demás animales (Roger Scruton, Animal Rights and wrongs, 2000), entre ellas el conocer – actividad de la que ya hemos hablado anteriormente –. El conocimiento es la relación que se establece entre la persona cognoscente y la realidad […]

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