«Camus: formidable humanidad»

Publicado: 18 febrero, 2010 en Albert Camus, Artículos

«Se cumplen 50 años de la desaparición de Albert Camus. En 1960, el existencialista francés se hallaba en plena vitalidad como escritor y estaba a punto de rematar su última novela: El primer hombre. Para los jóvenes europeos agnósticos, descreídos o indiferentes, que salían de una guerra despiadada, Camus era el líder de la esperanza laica. Del pensador francés, a los católicos creyentes de la Catalunya ideológicamente deprimida de entonces nos impresionaba la paradójica y sugestiva combinación entre su increencia sobre el mundo de la trascendencia, y su sólida y potente fe en las posibilidades de superación que hay en el interior de la persona. Nos arrastraba en la aventura de humanidad que desarrollaba a través de sus personajes. Aceptábamos su invitación a confiar en las virtualidades más elevadas del hombre. Del hombre solo, dejado de la mano de Dios. Nos ayudaba a creer que la fraternidad y la solidaridad no inspiradas directamente en el mensaje evangélico eran una reserva incalculable de la persona.

Aquella confianza del hombre que surge de su interior como fuerza inagotable le inspiraba una afirmación que tomaba la forma de grito sobrecogedor: «No podemos salvarnos solos». Un grito que nos sacudía el alma porque mostraba una densidad humana incomparable. Era una llamada de alerta contra todos los egoísmos y aservilismos de una vida dominada por los intereses materiales. Y contra todos los espiritualismos que predicaban, a jóvenes y mayores, un camino de salvación prioritariamente individualista. Hoy, traspasada la línea del tercer milenio, no quedan ya ideologías que merezcan una adhesión personal y el compromiso de una lucha. A la inteligencia, Camus añade una voluntad incansable de renovar el combate, con unos objetivos acuciantes: desterrar los silencios cobardes, superar la tentación del absurdo, rechazar la mentira y la injusticia, pues son los frenos a todo proceso hacia la comprensión y el consenso entre personas libres. Este es el Camus que hoy evocamos con nostalgia y envidia, en un momento de la civilización en el que anda casi olvidada la meditación profunda sobre el sentido de la vida y de la muerte. Los nuestros son tiempos de inapetencia espiritual, de pensamiento único y de superficialidad generalizada. Volver a Camus podría reconfortarnos».  

 

Josep-Maria Puigjaner, escritor y periodista.

La Vanguardia, jueves 18 de febrero de 2010.

comentarios
  1. Maica dice:

    Hola Joan, aunque no tenía el compromiso cristiano de Gabriel Marcerl, las obras de Camus reflejan la preocupación por el sentido del hombre. Siempre quedaré sorprendida por la sentencia que dijo en «El mito de Sisifo»: «Sólo hay un problema filosófico serio: el suicidio».

  2. Claudia dice:

    Camus tenía razón, es imposible que el hombre pueda vivir como persona sin el sentido de la existencia.

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