Dios en Wittgenstein (III)

Publicado: 22 enero, 2010 en Religión, Wittgenstein

Wittgenstein insiste en que el hombre siente dependencia de una voluntad ajena, extrínseca, y aquello de lo que depende se le puede llamar «Dios». Dios sería el mundo independientemente de nuestra voluntad. A esta conclusión se llega tras descubrir que uno no puede dirigir los acontecimientos del mundo de acuerdo con su voluntad, sino que uno es, en cierto sentido, impotente.

El hombrepor mucho que quiera – y hay ejemplos en la historia de la humanidad – no puede dirigir los acontecimientos del mundo de acuerdo con su voluntad. La mayoría de las cosas que podemos hacer son esencialmente triviales, sobre las cosas importantes que afectan a nuestra vida no tenemos poder alguno y, al mismo tiempo, sentimos dependencia de una voluntad extrínseca a nosotros. En las anotaciones del 8 de julio de 1916 Wittgenstein dice cuatro cosas al respecto de la dependencia: que tenemos la sensación de ser dependientes; que somos dependientes en cierto modo; que podemos llamar «Dios» a aquello de lo que dependemos, y que en ese sentido Dios sería el destino o el mundo que es independiente de nuestra voluntad.

Sin ninguna duda Wittgenstein no dice nada que no sea empíricamente contrastable: el hombre tiene una sensación de dependencia respecto de una voluntad extrínseca. Esto es incontrovertible para todos, salvo para algunos megalómanos psicóticos, que los hay. El hombre siente dependencia de sus padres, dependencia de sus jefes en el trabajo en caso de no serlo, dependencia de la sociedad, etc. No hay duda de que no somos dueños de nuestro destino y que este depende, en cierto sentido, de una voluntad ajena – sólo domos independientes de un modo muy limitado -. Somos sujetos pacientes de los efectos de la naturaleza – sin ir más lejos el seísmo en Haití es un claro ejemplo -, de los políticos y sus decisiones, de nuestra economía – ricos o pobres -, etc.

Wittgenstein dice que en tanto pensamos que podemos influir en el mundo y tratamos de dirigir sus acontecimientos, estamos condenados al fracaso. Así, el hombre sólo puede ahcer la voluntad de Dios y aceptar el destino. En este sentido el Dios de Wittgenstein es un Dios monoteísta y trascendente; es aquello de lo que depende todo porque Él es el Creador.  

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