La lógica (IV)

Publicado: 31 octubre, 2009 en Lógica

Los conceptos humanos son abstractos, expresan la esencia de algo dejando de lado al individuo y algunas de sus propiedades. Todo concepto es abstracto en el sentido de que abandona el singular del que se ha abstraído la naturaleza significada en esa noción. El concepto de ‘hombre’ prescinde de las características de Juan, Pedro, Santiago, etc. De todos modos, las cosas concretas las conocemos en la medida en que nuestra inteligencia, al concebir los conceptos, regresa a la experiencia sensible – conversio ad phantasmata – y entiende los conceptos realizados en los singulares. Por ejemplo al conocer ‘esta silla’ concreta, estamos refiriendo el concepto general de ‘silla’ a este objeto sensible que percibimos con los sentidos y que entendemos, ahora, bajo la naturaleza común de silla.

 

Para ser perfecto todo conocimiento abstracto debe finalizar en un conocimiento concreto. Al comprender como un individuo participa de una naturaleza común a otros, nuestras nociones abstractas se concretan y nuestro conocer se perfecciona, ya que alcanza las cosas singulares, que en sí son las únicas que existen realmente – no existe el universal hombre, sino los hombres individuales –.

 

Aunque todos los conceptos son abstractos hay que distinguir una doble modalidad de abstracción, que corresponde al diverso significado que de hecho tienen los términos como por ejemplo ‘hombre-humanidad’ o ‘animal-animalidad’ (J.E.Creighton, An introductory Logic. 1927). En primer lugar, hay la abstracción total, mediante la cual se aprehende una naturaleza universal, pero significando el individuo concreto de un modo potencial e indeterminado. El concepto que resulta de esta abstracción significa primordialmente la naturaleza de alguna cosa, pero en potencia implica también el singular que posee esa naturaleza. Se llama total porque se significa todo el ente, aunque un parte de la cosa es indicada de manera explícita, y otras de manera implícita. Cuando decimos ‘hombre’ significamos directamente el sujeto que tiene la naturaleza humana, sin excluir las demás características que puede tener un hombre, aunque no se mencionen explícitamente (Juan José Sanguineti, Lógica. 2000).

 

En segundo lugar, hay la abstracción formal en la cual se capta la naturaleza universal sin el individuo, como si ella misma fuese una cosa, algo sustantivado. Es distinto captar el concepto ‘justo’ que incluye al individuo, que separar de él la formalidad por la que decimos que es justo: la ‘justicia’. Se llama formal porque separa la forma y excluye todo lo demás.

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