Berkeley- El argumento de la continuidad

Publicado: 21 abril, 2009 en Berkeley

En los Diálogos Dios aparece más como habitáculo de las ideas que como causa de ellas. Para Berkeley las cosas son colecciones de ideas, pero las cosas no pueden existir sin una mente que las perciba. Sin embargo, algunas cosas continúan existiendo cuando no son percibidas por una mente finita. De este modo debe existir una mente infinita que percibe continuamente las cosas percibidas de modo intermitente por las mentes finitas. Si no existiera esta mente infinita las cosas serían a cada instante aniquiladas y creadas de nuevo, pues la existencia de una idea consiste en ser percibida. Interesante y aclarador el diálogo que mantienen Hilas y Filonús en los Diálogos.

 

“Hilas: ¿Hay algo más fácil que concebir que un árbol o una casa existen por sí mismos, sin ser percibidos por mente alguna y con independencia de ella? En este momento yo los concibo existiendo de esta manera.

Filonús: ¿Qué dices, Helias? ¿Puedes ver una cosa que al mismo tiempo no se ve?

Hilas: no, eso sería una contradicción.

Filonús: ¿No es igualmente una contradicción hablar de concebir una cosa que no se concibe?

Hilas: Lo es.

Filonús: Ciertamente, el árbol o la casa en que piensas son concebidas por ti.

Hilas: ¿Cómo podría ser de otra manera?

Filonús: Y lo que se concibe, seguro que existe en la mente.

Hilas: Sin duda, lo que se concibe existe en la mente.

Filonús: ¿Cómo has llegado a decir entonces que concebías una casa o un árbol que existían independientemente y sin las mentes?

Hilas: Reconozco que ha sido un fallo; pero, espera, déjame considerar que es lo que me condujo a él. Tiene gracia la equivocación. Cuando pensaba en un árbol situado en un lugar solitario, donde no había nadie que lo viese, me parecía que eso era concebir un árbol que existía sin ser percibido, o sin ser pensado, pasando por alto que yo mismo lo concebía mientras tanto. Pero ahora veo claramente que todo lo que puedo hacer es formar ideas en mi propia mente. Puedo, es cierto, concebir en mi propio pensamiento la idea de un árbol, de una casa o de una montaña, pero eso es todo. Lo cual dista mucho de probar que puedo concebirlos existiendo fuera de las mentes de todos los espíritus.

Filonús: Admites pues, que ni siquiera puedes concebir como posible la existencia de una cosa corpórea sensible, como no sea en una mente.

Hilas: Sí”.

 

 

Cuando Berkeley llega al asunto de la existencia de cosas al margen de nuestra percepción acude a Dios, aunque no como causa, sino como contenedor de las ideas: “pues, aunque mantenemos, ciertamente, que los objetos de los sentidos no son sino ideas que no pueden existir si no son percibidas, de ello no puede deducirse que no tienen existencia excepto cuando son percibidas por nosotros, ya que puede haber otro espíritu que las perciba, aunque no lo hagamos nosotros […]. Así pues, de los principios precedentes no se sigue que los cuerpos sean aniquilados y creados a cada momento, o que no existan en absoluto durante los intervalos que separan nuestras percepciones de ellos […] sino que viendo que no dependen de mi pensamiento y que tienen una existencia distinta de ser percibidas por mí – las ideas –, tiene que haber alguna otra mente en la que existen. Por tanto, es tan seguro que el mundo realmente existe como que hay un espíritu infinito, omnipresente, que lo contiene y lo soporta”. De este modo deduce la existencia de Dios ya que todas las cosas sensibles tienen que ser percibidas por Él: “las cosas sensibles existen realmente; y si existen realmente, son percibidas necesariamente por una mente infinita; por tanto, existe una mente infinita o Dios”.

 

 

El mundo sensible es lo que percibimos por nuestros diversos sentidos, y por los sentidos no se perciben más que ideas; y ninguna idea o arquetipo de una idea puede existir salvo en una mente. De este modo se puede, sin necesidad de ninguna laboriosa investigación científica y sin ninguna sutileza de la razón, oponerse y derrotar al más tenaz de los ateos reflexionando simplemente en la contradicción que supone que todo o una parte del mundo sensible, aunque sea la más tosca e informe, existe sin una mente. Al defensor del ateísmo que “pruebe a ver si puede concebir cómo una roca, un desierto, un caos o un confuso amontonamiento de átomos, como cualquier cosa, sea la que sea, sensible o imaginable, puede existir independientemente de una mente”.

 

 

Para Berkeley dice, en conclusión que las cosas que percibimos son nuestras propias ideas y que ninguna idea puede existir a no ser en una mente; que esas ideas o cosas percibidas por nosotros, bien ellas mismas bien sus arquetipos, existen independientemente de mi mente, porque sabemos que nosotros no somos sus autores, ya que está fuera de nosotros poder determinar a nuestro arbitrio que ideas nos afectarán al abrir los ojos o los oídos. Por lo tanto, tienen que existir en otra mente cuya voluntad es que se nos muestren: Dios.    

comentarios
  1. Jorgito Berkeley la tenía clara.

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