Educación de los niños (II)

Publicado: 2 agosto, 2008 en Ética y Moral, Educación

La desaparición de la ética y de la práctica de la virtud van parejas a la destrucción de la familia. Olvidamos con frecuencia que es ella por la que la humanidad se sostiene a sí misma, pero deberíamos tener en cuenta que el día que deje de existir dejarán de haber Estados y naciones. Sabemos, por simple ontología y antropología, que los hijos necesitan de sus padres. Pero en una sociedad actual fundada en el puro individualismo y en la libertad absoluta, resulta complicado encontrar argumentos que indiquen que los padres necesitan de sus hijos, de ahí el masivo número de divorcios y separaciones.

 

La familia, desde luego, tiene defectos como toda institución, pero no es reemplazable. La familia es la esperanza de la sociedad. “Reconocemos, además, que la familia es como la célula del entero organismo social. La familia sana hace posible la salud y el vigor de toda la comunidad civil. La familia enferma, por el contrario, desintegra y desvertebra el conjunto de la sociedad. La familia armónica es como el hábitat o ecosistema del ser humano: la cuna, casa y escuela de la vida humana. Donde acaba la familia comienza la soledad y la marginación. La familia, por su amor a cada persona concreta, es el más importante bien social. La familia, como corazón de la sociedad, se halla en la entraña del bien común que debe ser protegido y promovido” (Manifiesto final del Congreso “La familia, esperanza de la sociedad, Madrid 18 de noviembre de 2001).

 

Los niños no necesitan sólo aprender un oficio, si fuera así bastaría con internarlos en una escuela hasta que pudieran trabajar. Los niños del mundo necesitan unos padres que les quieran y que les enseñen a vivir en el mundo como futuros hombres y mujeres adultos. Ciertamente no debe ser fácil ser padre, hasta los mejores padres y las mejores madres (si es que se puede calificar la paternidad y la maternidad) reconocen el esfuerzo y el agotamiento que conlleva la paternidad. En Estados Unidos el 20% de los estudiantes van armados al instituto, de estos el 90% son hijos de padres divorciados. Los Estados de todo el mundo se gastan ingentes cantidades de dinero para que los jóvenes salgan del pérfido camino de las drogas, del alcohol, del SIDA… pero no se puede remediar con medicinas la crisis espiritual de la humanidad del siglo XXI. La única solución es hacer políticas que ayuden a la familia: “después de todo, la familia es el primer y mejor ministerio de sanidad, educación y bienestar. Porque el Estado no es un padre ni una madre, y por muy poderoso que sea, jamás ha educado a un hijo y nunca lo hará” (William Bennett, Secretario de Educación de los EEUU, 1990). A diferencia del resto del mundo, los Estados Unidos se están percatando que la familia es la única institución que puede formar a personas civilizadas, justas y felicites; la única institución que transmite valores auténticos que permiten dar sentido a la existencia. ¡Qué importante es recobrar el valor de la familia en un mundo cada vez más pragmático! Sólo cuando la familia funciona los niños funcionan, para ello es necesario que los padres tengan autoridad (y la deleguen a los maestros en las escuelas) y sabiduría moral, que enseñen a regular la inteligencia mediante la ética versada en valores que permitan a los niños forjar un carácter lo suficiente capaz para discernir lo bueno de lo malo. Dejémonos de gastar cantidades abultadas de dinero en crear especialistas en divorcios insensibles y fortalezcamos la familia.

comentarios
  1. cabugata dice:

    hola:
    Muy interesante,, hoy en día hay tantos tipos de familias que los resultados a corto plazo, serán nefastos.
    Hay familias pensión frias e independientes cada cual lleva su vida, no hay comunicación y se provoca la despersonalización.
    Hay familias oficina, que sus miembros solamentes viven para el trabajo que no les queda tiempo ni lugar para nada.
    Hay familias teleadictas, que la television, internet y la radio
    l lenan el aburrimiento cada uno esta en un sitio de la casa viendo sus programas favoritos.
    Y asi pordria seguir enumerando cantidades de perfiles don de se van empobreciendo progresivamente las relaciones humanas, afectivas, de comprensión y entendimiento entre cada uno de sus miembros.
    Dijo Keyserling: Todos los pueblos hostiles a la familia han terminado tarde o temprano, con el alma empobrecida.
    Hay que devolver a la familia el protagonismo social, politico y cultural del que nunca debió ser desplazada.
    saludos.

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