La experiencia de la voluntad en el ser humano

Publicado: 24 julio, 2008 en Antropología, Ética y Moral

El hombre es un ser abierto a la verdad. A nadie escapa, siguiendo al Estagirita, que el sujeto humano busca conocer (autoconocerse) y, al mismo tiempo, salir de la sombra de la mentira. Pero la persona también tiende de manera natural al bien, pues esa misma verdad a la que tiende es en sí un bien que la inteligencia presenta a la voluntad. No obstante, el bien tiene diversas formas, o mejor dicho, se manifiesta como bien de distintas formas, o mejor aún, hay muchas realidades que se presentan como bien sin serlo.

 

No obstante, lo que quiero ahora es distinguir es el apetito racional (la voluntad) del apetito sensible (deseos). Son dos realidades que podemos tener muy claras, pero que a nivel práctico, en el día a día, se confunden porque un mismo objeto puede ser querido y deseado. Ciertamente la diferencia es ardua cuando se trata de bienes sensibles, como el comer, por ejemplo deseamos comer cuando tenemos hambre y queremos comer para apaciguar el hambre. De todas maneras, captamos la diferencia real entre el desear y el querer cuando el bien percibido intelectualmente no es sensible, de manera que podemos tener un bien sin deseo, por ejemplo el hecho de obrar con justicia no persigue, en principio ningún bien sensible. La distinción aparece ya mucho más clara cuando existe una real oposición entre la voluntad y el deseo. El deseo siempre es referencia a un bien sensible, mientras que la voluntad tiende al bien captado inteligiblemente. Así, un ejemplo claro es cuando enfermos nos privamos de bienes sensibles muy deseables porque la voluntad persigue recobrar la salud.

 

Así, descubrimos la existencia de actos involuntarios y actos voluntarios. Los primeros son aquellos que se cometen por ignorancia, es decir, por desconocimiento de las circunstancias concretas en las que se desarrolla la acción. También es un acto involuntario cuando somos movidos por un agente exterior a desempeñar una acción en contra de nuestra voluntad, de nuestro querer. Cabe mencionar, que hay un tipo de acciones que se mueven en la frontera de lo voluntario y lo involuntario, y son aquellas acciones cuya causa es el miedo; aquí cabría estudiar si es más voluntario que involuntario dependiendo de la objetividad de ese miedo. Así, las acciones voluntarias son aquellas que se realizan con conocimiento de causa (conocemos las circunstancias concretas de la acción) y de finalidad; aunque el fin puede ser imperfecto o perfecto. Es imperfecto cuando conocemos la cosa que es fin, pero no la conocemos en cuanto fin, y perfecto cuando conocemos el fin como fin y es que lo propio de la naturaleza racional es conocer no sólo el fin, sino la razón de fin que nos lleva a elegir los medios para dirigirnos hacia los fines previamente conocidos, de ahí que lo propio del hombre sea proponerse fines, que es lo que da sentido a las acciones y nos diferencia del automatismo instintivo del animal.

 

La distinción entre involuntario y voluntario se presenta en ocasiones con la distinción entre actos humanos y actos del hombre. Los primeros, son acciones que tienen lugar en el hombre, pero en los cuales no se reconoce como autor pues no dependen de su voluntad: el respirar, el sentir hambre, etc. Los segundos, son aquellas acciones en las cuales la persona se reconoce como principio, como autor, es decir, son acciones realizadas con total libertad.

 

La distinción entre acciones involuntarias y acciones voluntarias es de vital importancia para la ética, pues es en los actos libres y voluntarios donde se encuentra lo propiamente moral, pues todos los actos libres del hombre son moralmente buenos o moralmente malos; en cambio, las acciones involuntarias no son susceptibles de ser calificadas moralmente. En ocasiones, como en el caso del miedo, es difícil establecer una frontera concreta y real entre lo voluntario y lo involuntario, no obstante, la conciencia moral es una herramienta muy útil ya que nos presenta con juicio certero la voluntariedad o no de una acción concreta.  

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