Kierkegaard (IV)

Publicado: 25 febrero, 2008 en Kierkegaard

Uno de los términos que más aparece en la doctrina de Kierkegaard es la angustia, que es la condición del sujeto que precede al paso de un estadio a otro. Es producto y consecuencia de la libertad del ser humano. En el hombre hay anhelo de libertad, pero al mismo tiempo descubre que la libertad puede llevarle al pecado. El hombre quiere evitar el pecado, pero no puede porque la misma libertad actúa de puerta que puede conducirle a la tentación. Por eso, el hombre que quiere superar el estado de viador se sume en la tristeza porque sabe de su perpetua condición de pecador. Por tanto, el único modo de salir de esta situación es mediante la fe. Pero el paso a la fe no es fácil, implica un salto metafísico, a lo inexplorado.

 

Ante la fe hay atracción y repulsa, en cuanto que implica renunciar a la propia libertad y dejarse en manos de Dios. Este paso al estadio de la fe no elimina la condición pecaminosa de la persona, pero la hace digerible. Para Kierkegaard, el individuo que no da este paso permanece en la angustia y en la desesperación, que en gran medida es la propia negación en la autoafirmación y la rebeldía contra lo trascendente, pues el hombre es un yo ante la divinidad.

 

Cabe entender la angustia como un estado existencial del ser humano y no un mero sentimiento. También observamos que tiene un fuerte matiz luterano, en cuanto sostiene que el hombre sólo puede salvarse por la gracia de Dios, sin poder limpiar sus pecados mediante la libertad del ser humano de actuar como otro Cristo.

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