Archivos de la categoría ‘Derechos humanos’

Los derechos humanos son normas internacionales que procuran la protección de la persona ante atropellos políticos, económicos y sociales. Su validez no es fruto del consenso ni de la arbitrariedad, sino que la propia persona es su fundamento. Ésta es una dignidad incondicional por el hecho de ser un fin en sí misma. Si no atendemos a esta realidad los derechos carecen de justificación y la persona podrá ser tratada como un instrumento para cualquier caprichoso fin. En este sentido, es preciso que señalemos que todo atropello contra la dignidad de la persona deviene, precisamente, por no verla como el fin que es, sino por tornarla superflua (Hannah Arendt, “La condición humana”).

Los derechos no son producto de una conquista. La dignidad de la persona es una verdad derivada del modo de ser humano, cuyo fundamento ontológico es el absoluto. No es el hombre quien establece, por consenso, su propia dignidad, sino que ésta es incondicional en cuanto que él es obra de una realidad absoluta – “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” (Declaración de Independencia de los Estados Unidos) – que lo configura como un fin en sí mismo y digno radicalmente ante los demás. Así, la persona es el fundamento del derecho y, en consecuencia, su vida es el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de los derechos, que el Estado y la sociedad deben reconocer, respetar y tutelar en vistas al fin mismo del hombre, su realización como persona. (más…)

¿La desobediencia civil, no violenta, goza de justificación moral en democracia cuando se propone un cambio en las leyes del Estado para alcanzar una sociedad más justa que reconozca y respete la incondicional dignidad de la persona? ¿Esta desobediencia pacífica no muestra el papel de servidores de la sociedad de sus promotores en cuanto estiman preferible el bien común? Pensemos en Nelson Mandela y su encomiable batalla contra el apartheid por la que pasó 27 años en prisión, pero también en Gandhi, en Martin Luther King, en Rosa Parks, en Lech Walesa y tantos otros que antepusieron su bien personal en defensa de los derechos humanos. ¿No se justifican moralmente las manifestaciones pacíficas en contra de la guerra, del aborto o la pena de muerte cuando su único fin es el reconocimiento de la incondicional dignidad de la persona?

La desobediencia civil sin violencia, que evita el daño directo a terceras personas, busca la justicia social sin desmarcarse del amor por la ley y la democracia, pues estos son los instrumentos que deben garantizarla. Así, en vistas al bien común, esta desobediencia se dirige al conjunto de los ciudadanos para demostrarles que los derechos humanos no son respetados por el Estado, y a éste último para que recapacite por sus políticas erróneas y reforme la ley. El amor por la ley y la democracia se aprecia cuando el desobediente acepta las consecuencias jurídicas de su acción. Su objetivo no es la conspiración ni el desorden, sino el deseo del cambio de los principios políticos del Estado mediante ese diálogo moral que interpela a la consciencia. Por otro lado, la desobediencia civil es, en ocasiones, el único modo por el que se puede denunciar la injusticia, pues en general los medios de comunicación o están controlados o tienden a ofrecer un tiempo muy limitado en un espacio marginal a tales reivindicaciones sociales. (más…)

paz7No hay día en que los medios no informen de un trágico suceso: guerras, atentados, crímenes. Sin embargo, no hace falta salir del ámbito familiar o del círculo más cotidiano para encontrar la presencia de la discordia, la disputa y la ofensa entre las personas. A la luz de los hechos parecería que la naturaleza del hombre se halla dispuesta a generar injusticia en vistas a alcanzar un erróneo beneficio particular. El egocentrismo nos separa del amor, que es el justo modo en que deberían tratarse los seres libres que gozan de una dignidad incondicional.

Los cristianos y todas las personas en general que siguen cualquier sistema de pensamiento y acción compartido por un grupo, que da al individuo una orientación y un objeto de devoción, no escapan de la posibilidad de transformar este sistema en una ideología susceptible de generar injusticia. En este sentido, y en particular los cristianos, hemos de ser conscientes de que la paz se encuentra en el centro del mensaje revelado en el Evangelio: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14), que son todos, la entera humanidad. (más…)

 

La Asamblea Nacional francesa aprobó este miércoles el proyecto de ley que autoriza con condiciones la investigación con embriones y células madre embrionarias. Al mismo tiempo, y en contraste con el jolgorio explícito por este suceso, destaca el grito de alarma por el número de experimentos que se realizan con animales. La Denuncia de esto último es justo y necesario; no obstante, (me) preocupa la ostentosa alegría – basta acercarse a los medios y a las redes sociales – por la legalización de la destrucción de embriones humanos.

Éste no es un tema menor pues tiene que ver con el respeto a la vida y a la incondicional dignidad del ser humano en todas las etapas de su existencia. La banalidad del mal o la relatividad con la que se interpreta la distinción entre lo que es ético y lo que no parece que es la realidad de la conciencia contemporánea. El uso científico de células madre embrionarias no es inocuo: la destrucción de embriones humanos – en la fase de blastocisto – no puede justificarse por muy elevado que pudiera ser su potencial terapéutico; menos cuando “el uso de embriones humanos no es, en absoluto, una necesidad inevitable” (Dr. Angelo Vescovi, citado por Nicolás Jouve de la Barreda, Catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá en el prólogo de “Cultivo de células animales y humanas. Aplicaciones en medicina regenerativa” de Pablo E. Gil-Loyzaga). (más…)

 

La pobreza se extiende entre los llamados países más ricos. Los recortes sociales para combatir la crisis económica afectan de modo especial a las clases medias y bajas. Todos los informes internacionales constatan que la brecha entre ciudadanos ricos y pobres aumenta con progresiva aceleración: en Alemania el 10% de los ciudadanos acapara el 67% de la riqueza del país. Más extremo es el caso de Gran Bretaña. Al contrario de lo que creían Thatcher y Reagan, los ricos, cada vez menos, aumentan sus riquezas, pero los pobres lo son más si es posible. Pero los datos aún guardan una noticia más pésima: los principales damnificados por la crisis económica y su ineficaz solución es la población infantil.

Según el estudio Bienestar infantil en los países ricos de Unicef, la tasa de pobreza infantil en España es de las más altas de entre las 29 economías más avanzadas del mundo, sólo superada por Letonia, Estados Unidos y Rumania: el 26% de los menores españoles, 2,2 millones de niños, vive en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, por lo que por primera vez se sitúan como el colectivo más pobre del país. En 2010, el gobierno presidido por el señor Rajoy se comprometió ante la Unión Europea a reducir el número de niños en situación de pobreza hasta 2020; no obstante, el número de menores pobres sigue en escalada libre.     (más…)

the guardian china abortoEs bien conocida la ideologizada Ley de la natalidad de 1979 de la República Popular China que prohíbe a sus ciudadanos gozar del parto de más de un descendiente hasta el extremo de asegurarse de su cumplimiento mediante esterilizaciones forzadas o la práctica del aborto. El rotativo británico ‘The Guardían’ habla de esta ley, en sus páginas de hoy, calificándola de “bárbara”. Señala también que la procreación y todas las facetas propias de la existencia de los ciudadanos chinos están profundamente controladas por el Estado. Sin embargo, este intervencionismo se encuentra también en otros países que sí aparentan poseer un sólido sistema democrático.

Nos hallamos en un Estado totalitario cuando la finalidad de éste no es el bien común si no el del aparato de gobierno o el de una élite concreta – oligarquía –, cuando el gobierno no busca el desarrollo de los proyectos personales en vistas al bien general de la sociedad, sino que, al contrario, se inmiscuye en la vida íntima de cada sujeto transformando o adaptando su deber ser, que emana del estatuto ontológico, al de la ideología. Ningún Estado o sistema democrático puede inmiscuirse en la educación y formación del ser humano hasta el punto de que dicha intromisión modifique de raíz las verdades últimas que vivifican y dan sentido a la existencia del hombre. Ningún gobierno democrático puede, por derecho, originar ni provocar ciudadanos morales ni forzarles a afrontar la existencia y su respectiva coyuntura mediante un determinado comportamiento ético. Es, y no me canso de insistir en ello, la persona misma, en cuanto sujeto ‘moral-libre’, quien puede fortalecer con su obrar una sociedad virtuosa: que sólo será aquella que reconoce el primado del hombre entendiéndolo como la única dignidad incondicional existente. (más…)

aborto gallardonMi posición es diáfana: el principio fundamental de la humanidad es la dignidad del hombre que exige, en consecuencia, el primado de la persona, la única criatura que es un fin en sí misma y por la cual la sociedad tiene el deber, en todo momento, de proteger su vida y defender el desarrollo de sus proyectos personales. Así, la decidida defensa de la vida no puede tener ninguna excepción y, por tanto, el aborto sólo es admisible, desde la contemplación del mencionado principio, en cuanto la vida de la madre corre real peligro. No obstante, esta posible excepción, que no es tal pues su objetivo es proteger la vida – en este caso la de la madre –, demanda un urgente control ya que el 98% de los abortos que se practican en España se amparan en este supuesto.

 El reconocimiento del derecho a la vida es un principio fundamental que de modo intrínseco acoge el sentido común. Sin embargo, entre todos – aquí nadie se escapa, sea cual sea su cosmovisión y su siguiente convicción – hemos destruido el valor moral que entiende al ser humano como la medida de todas las cosas y la más absoluta dignidad sobre la faz de la tierra. El amor ya no es el trato que merece el hombre ni la actitud ética que media en las relaciones personales, sino que ahora es el interés por el que la persona se convierte en medio o instrumento de distintas ideologías, económicas, políticas y religiosas. Partiendo de la base de que nadie goza de autoridad moral para juzgar a otra persona, a no ser que con absoluta sinceridad pudiera asegurar que, en una situación similar, actuaría de modo diferente, la responsabilidad ética con el principio enunciado debe hacernos ver que no hay ninguna situación, por problemática que resulte, que justifique la no realización del bien del hombre y de la entera humanidad. El primer derecho siempre es la persona y consecuentemente esto exige la garantía de la vida. (más…)

En estos primeros días de su pontificado Francisco porta consigo nuevos aires a la Iglesia. Sus gestos y sus palabras son el rayo de sol que se posa sobre el corazón y la mente del cristiano; nos presentan una honesta, sencilla y alegre puesta en práctica del Evangelio. Naturalmente, ni ahora ni más adelante se dará una transformación de la Iglesia, pues no es ella la que debe renovarse, sino nosotros los creyentes. El Papa ha hecho algo simple, pero que parecía difícil, abrir las trabadas puertas de la Iglesia y exhortar a los católicos a salir de la capilla e ir en busca del hombre con el anuncio del Evangelio. No es que esto no se hiciese, pero hasta ahora teníamos, más bien, una “Iglesia autorreferencial, que se reduce a lo administrativo, a conservar su pequeño rebaño”, (Rubin y Ambrogetti, “El jesuita. Conversaciones con el Cardenal Jorge Bergoglio, sj.”).

Tenemos una (oveja) en el corral y noventa y nueve que no vamos a buscar” (Rubin y Ambrogetti, “El jesuita. Conversaciones con el Cardenal Jorge Bergoglio, sj.”). En efecto, este es un error frecuente de las distintas comunidades y parroquias, al menos en Barcelona, que es la realidad de la que tengo mayor experiencia – aunque también lo he experimentado en distintas ciudades y países en los que he estado –. Existe la tendencia a recluir la fe en la vida de parroquia donde los ya convencidos se evangelizan entre sí, pero “ningún creyente puede clausurar la fe en su persona, en su clan, en su familia, en su ciudad. Un creyente es esencialmente un salidor al encuentro de otro para darle una mano” (Bergoglio, “Sobre el cielo y la tierra”). El Papa tiene clara su prioridad, una prioridad que a la vez es sencilla y humilde, nada rebuscada: la contemplación y la vivencia del Evangelio. Por eso no se cansa de repetir que la opción básica de los católicos, es “salir a la calle a buscar a la gente, conocer a las personas por su nombre […] El pastor que se encierra no es un auténtico pastor de ovejas, sino un “peinador” de ovejas, que se pasa haciéndole rulitos, en lugar de ir a buscar otras” (Rubin y Ambrogetti, “El jesuita. Conversaciones con el Cardenal Jorge Bergoglio, sj.”). (más…)