Archivos de la categoría ‘Derechos humanos’

dialogoPensar en comunidad es uno de los grandes retos de nuestra sociedad actual cuando, ante un mismo problema, cada persona busca arreglárselas por su cuenta – desconectados los unos de los otros –. Sin embargo la vida política y, en consecuencia, la resolución de problemas, exige una comunidad, una pluralidad de hombres, cada cual con su cosmovisión, que coopera en vistas al bien común, que es el bien propio del ser humano. Los hombres son seres sociales, ni siquiera la vida del ermitaño resulta posible sin un mundo que directa o indirectamente testifica la presencia de otros seres humanos (Hannah Arendt, “La condición humana”). El término persona procede de la palabra latina ‘personare’ que significa literalmente ‘hacer eco’, ‘resonar’; al mismo tiempo hunde su raíz en el término griego ‘prósopon’ y significa ‘aquello que se pone o sitúa delante de los ojos’, es decir, el ser humano es aquel que es un yo para un tú, lo que revela qué intrínseco es el discurso y la comunicación entre los hombres, de modo que cuando no existe el diálogo propiamente tampoco existe la vida humana. (más…)

 

iraq

El hombre es el ser que está abierto hacia el bien, al que tiende de manera natural, racional y libre y que fundamenta y especifica la moralidad de sus acciones; sin embargo, por su libre albedrío, puede no obedecer a la ley moral y, en consecuencia, tomar máximas malas (Kant, “La religión dentro de los límites de la mera razón”) capaces de generar el inconcebible horror que nos llega desde Irak, cuyo único fin es la eliminación de la condición humana. Detrás de cualquier mascre siempre se halla la ideología, que en cualquiera de sus formas, considera que todo es posible y lógicamente aceptable para dar a luz los principios sobre los que se asienta, incluso la destrucción sistemática del otro con el fin de que los que sobrevivan adopten tal ideología.

No me importa quiénes son ni qué representan estos victimarios, me ocupa y preocupa su mal en cuanto acción humana. Es díficil establecer una comprensión de lo que acontece en Irak, pues la barbarie reina ahí donde el diálogo es imposible. Esta catástrofe humanitaria desafía todas las reglas de la lógica y el juicio por la incapacidad de hallarle sentido. Lo único que podemos constatar es que en este mundo que compartimos los unos con los otros hay algunos que gobiernan su existencia orientándose por reglas que obvian de modo radical el sentido común y la moralidad. En realidad, no sé bien cómo puede ponerse fin a estos actos de deshumanización ahí donde se dan; sin embargo, quien no se movilice ante estos hechos, no se movilizará por ningún otro en que la dignidad humana esté en juego. (más…)

Fanatismo religioso (I)

Publicado: 21 julio, 2014 en Derechos humanos, Religión

 convento franciscano siriaEl derramamiento de sangre tiene todos los días su espacio en los inforrmativos de televisión, en las páginas de los rotativos y en las redes sociales. Enfrentamientos humanos que tienen su raíz en alguna variante de fanatismo. La religión, que es la virtud moral que inclina a la persona a ofrecer a Dios todo el amor (Aquino, “Suma Teológica”, II-II, q. 57, a. 1, ad 3) en cuanto creador, y al prójimo por amor a Él, tampoco se libra de convertirse en instrumento del fanatismo. En nombre de Dios hay hombres que siegan la vida a otros y todo ello porque la fe deja se ser pensada y repensada como camino de amor hacia la verdad para convertirse en el enjambre de odio hacia aquellos que experimentan un modo de vida distinto y, a su juicio, contrapuesto a una creencia asimilada con férrea literalidad.

El dogmatismo no admite variación alguna con el aporte de una nueva idea basada en el diálogo, sino que excluyente sitúa al fanático por encima de la persona del otro y no dudará de exterminarla si la literalidad con la que experimenta su fe se lo hace ver así. Con inusitada frecuencia olvidamos que la verdad se busca y que no se posee; sin embargo, nos esforzamos por imponer a los demás nuestro modo de apreciar la realidad en lugar de ofrecer argumentaciones que estimulen a abrazarlo si la libre voluntad e inteligencia lo consideran. Así, cuando el fundamentalista no puede conducir el pensamiento ajeno su furibundo odio le conduce a cometer el mayor agravio posible, la muerte de un semejante, pues lo único que entiende del otro es que es su infierno cuando, en realidad, es su paraíso – bien común –. (más…)

El pasado 18 de julio, con motivo de la conmemoración del alzamiento militar de 1936 contra un gobierno democrático, la madrileña Iglesia de San Jerónimo el Real, más conocida por “Los jerónimos”, abrió sus puertas a los melancólicos seguidores del dictador Francisco Franco. El párroco de la misma, a lo largo de la homilía, rindió tributo a los “caídos por Dios y por España” y exhortó a los presentes a dar respuesta a la crisis espiritual que padece España mediante el ejemplo de aquellos “cristianos ejemplares que supieron discernir los signos de los tiempos y alzarse el 18 de julio de 1936 para evitar aquella situación”.

Un nuevo alzamiento militar. Esto es lo que clama un sacerdote católico ante la pasividad de la Conferencia Episcopal. Tampoco hay respuesta ni reprobación por parte del Gobierno de España, cuyos miembros pertenecen a un partido fundado por un ex ministro de la dictadura franquista. Así, total impunidad y libertad de expresión para aquellos que justifican moral y religiosamente planteamientos totalitarios como es un golpe militar. Por infortunio, estas personas son las mismas que tildan, de modo gratuito, de liberticidas a aquellos que recurren a la democracia como fundamento y garantía de los derechos del hombre (Nelson Mandela, “El largo camino hacia la libertad”). (más…)

Los derechos humanos son normas internacionales que procuran la protección de la persona ante atropellos políticos, económicos y sociales. Su validez no es fruto del consenso ni de la arbitrariedad, sino que la propia persona es su fundamento. Ésta es una dignidad incondicional por el hecho de ser un fin en sí misma. Si no atendemos a esta realidad los derechos carecen de justificación y la persona podrá ser tratada como un instrumento para cualquier caprichoso fin. En este sentido, es preciso que señalemos que todo atropello contra la dignidad de la persona deviene, precisamente, por no verla como el fin que es, sino por tornarla superflua (Hannah Arendt, “La condición humana”).

Los derechos no son producto de una conquista. La dignidad de la persona es una verdad derivada del modo de ser humano, cuyo fundamento ontológico es el absoluto. No es el hombre quien establece, por consenso, su propia dignidad, sino que ésta es incondicional en cuanto que él es obra de una realidad absoluta – “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” (Declaración de Independencia de los Estados Unidos) – que lo configura como un fin en sí mismo y digno radicalmente ante los demás. Así, la persona es el fundamento del derecho y, en consecuencia, su vida es el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de los derechos, que el Estado y la sociedad deben reconocer, respetar y tutelar en vistas al fin mismo del hombre, su realización como persona. (más…)

¿La desobediencia civil, no violenta, goza de justificación moral en democracia cuando se propone un cambio en las leyes del Estado para alcanzar una sociedad más justa que reconozca y respete la incondicional dignidad de la persona? ¿Esta desobediencia pacífica no muestra el papel de servidores de la sociedad de sus promotores en cuanto estiman preferible el bien común? Pensemos en Nelson Mandela y su encomiable batalla contra el apartheid por la que pasó 27 años en prisión, pero también en Gandhi, en Martin Luther King, en Rosa Parks, en Lech Walesa y tantos otros que antepusieron su bien personal en defensa de los derechos humanos. ¿No se justifican moralmente las manifestaciones pacíficas en contra de la guerra, del aborto o la pena de muerte cuando su único fin es el reconocimiento de la incondicional dignidad de la persona?

La desobediencia civil sin violencia, que evita el daño directo a terceras personas, busca la justicia social sin desmarcarse del amor por la ley y la democracia, pues estos son los instrumentos que deben garantizarla. Así, en vistas al bien común, esta desobediencia se dirige al conjunto de los ciudadanos para demostrarles que los derechos humanos no son respetados por el Estado, y a éste último para que recapacite por sus políticas erróneas y reforme la ley. El amor por la ley y la democracia se aprecia cuando el desobediente acepta las consecuencias jurídicas de su acción. Su objetivo no es la conspiración ni el desorden, sino el deseo del cambio de los principios políticos del Estado mediante ese diálogo moral que interpela a la consciencia. Por otro lado, la desobediencia civil es, en ocasiones, el único modo por el que se puede denunciar la injusticia, pues en general los medios de comunicación o están controlados o tienden a ofrecer un tiempo muy limitado en un espacio marginal a tales reivindicaciones sociales. (más…)

paz7No hay día en que los medios no informen de un trágico suceso: guerras, atentados, crímenes. Sin embargo, no hace falta salir del ámbito familiar o del círculo más cotidiano para encontrar la presencia de la discordia, la disputa y la ofensa entre las personas. A la luz de los hechos parecería que la naturaleza del hombre se halla dispuesta a generar injusticia en vistas a alcanzar un erróneo beneficio particular. El egocentrismo nos separa del amor, que es el justo modo en que deberían tratarse los seres libres que gozan de una dignidad incondicional.

Los cristianos y todas las personas en general que siguen cualquier sistema de pensamiento y acción compartido por un grupo, que da al individuo una orientación y un objeto de devoción, no escapan de la posibilidad de transformar este sistema en una ideología susceptible de generar injusticia. En este sentido, y en particular los cristianos, hemos de ser conscientes de que la paz se encuentra en el centro del mensaje revelado en el Evangelio: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14), que son todos, la entera humanidad. (más…)