Los derechos del hombre no se conquistan se reconocen

Publicado: 26 marzo, 2012 en Derechos humanos

Dice Marco Tulio Ciceron en De legibus, que según el concepto que se tenga del hombre así será la idea que se tenga de sus derechos. Cuando alguien afirma que éstos se conquistan en la calle se posee una roída concepción del ser humano, pues se olvida, no me canso de repetirlo, que la dignidad del hombre procede de su estatuto ontológico por el mero hecho de ser un sujeto de la especie humana. En consecuencia, los derechos no son en sí fruto de una conquista ni de una interpretación determinada de lo que puede ser el hombre, sino que la dignidad es una verdad derivada del modo de ser humano, cuyo fundamento ontológico es el absoluto. No es el hombre, por tanto, quien establece, arbitrariamente, su propia dignidad, sino que ésta es incondicional en cuanto que el hombre es obra de una realidad absoluta que lo configura como un fin en sí mismo y digno radicalmente ante los demás.

Cuando se niega a Dios la dignidad del hombre queda desprovista de fundamentación. Es en este momento cuando los derechos deben ser conquistados o construidos porque es el propio hombre, según su voluntad, quien los configura. Y ya sabemos qué acontece cuando los derechos restan al gobierno del ser humano: se abren campos de exterminio, se autoriza el asesinato del propio hijo no nacido y se permite, en definitiva, tratar al hombre como un medio y no como un fin, que es lo querido por Dios al crearlo a su imagen. Los derechos humanos no serán discutidos cuando se reconozca que la dignidad del hombre deriva de su modo de ser humano – su estatuto ontológico –, que es creado a imagen de Dios. Hasta que no se admita que el hombre es digno por el mero hecho de ser un sujeto de la especie no existirá ninguna política que estime correctamente al ser humano.

Así, cuando se desnuda la idea de dignidad humana de fundamentación absoluta; cuando no se reconoce que el valor incondicional del hombre emana de ser creado a imagen de Dios, que es la Persona radicalmente superior de la que todos dependemos y gracias a la cual somos honorables ante los demás el fundamento de la dignidad se otorga a una realidad contingente de la que no depende ontológicamente el ser humano y que no garantiza, consecuentemente, la respetabilidad incondicional de los derechos: la ideología – manifestada en el absolutimso del Estado, en el poder económico, etc. –.

No se pueden proclamar los derechos humanos de modo incondicional cuando se niega el fundamento absoluto del que emanan. Sólo es posible llenarlos de falso contenido según el consentimiento al que llegue cada Estado o sociedad según determinados principios siempre positivistas y utilitaristas. Desde esta premisa los derechos descansan en una fundamentación relativa pero nunca absoluta. La dignidad – y los derechos –  será inviolable cuando se entienda que el hombre es un fin en sí mismo; un fin ordenado a Dios, en quien halla su destino supremo según una muy determinada forma de vida inscrita en su naturaleza ontológica.

Así, concluimos que la dignidad del hombre – el ser sujeto de derecho – procede del hecho de ser persona – de su estatuto ontológico –. El hombre posee una dignidad incondicional en cuanto que es conferida por un acto creador de Dios. El valor absoluto del hombre descansa en el hecho de ser creado a imagen de Dios, motivo por el cual es un fin en sí mismo – y no un medio o instrumento –. El ser del hombre, pues, tiene como fundamento a Dios, que es la instancia radical de la que dependen todas las criaturas y por la cual el hombre es respetable ante los demás. Además, Dios, no sólo es fundamento del ser del hombre sino también destinación de su obrar. El hombre, al ser creado ontológicamente para ser un fin en sí mismo – una dignidad incondicional – halla en su estatuto ontológico la razón de su existencia, que es ser lo que debe ser según una muy determinada forma de vida, libremente elegida, cuya última instancia ante la que responde es Dios. De este modo el derecho del hombre es inviolable en cuanto que su fundamento y destino es Dios en quien halla su felicidad absoluta según su naturaleza ontológica.  

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comentarios
  1. [...] por la búsqueda del bien común y la atención y el reconocimiento de la dignidad del hombre, fundamento de todos los derechos. Los 5,6 millones de parados y los 11,6 millones de personas en situación de pobreza y exclusión [...]

  2. […] al bien común, esta desobediencia se dirige al conjunto de los ciudadanos para demostrarles que los derechos humanos no son respetados por el Estado, y a éste último para que recapacite por sus políticas erróneas y reforme la ley. El amor por […]

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