Acontece, o debería, que al encontrarse con otra persona de sobrada virtud nuestro espíritu experimenta el intrínseco deseo de elevarse y obrar del mismo modo. En la historia hallamos personajes con este modo de ser y, en ocasiones, contadas, sociedades que han visto en ellos la orientación para alcanzar las cimas más elevadas; pues el hombre es consciente, a excepción del castrado de espíritu, que existe un modo de obrar mejor que otro que, a la vez, permite dar mayor plenitud al modo de ser personal. Estas personas virtuosas son los verdaderos líderes cuya autoridad no procede de la fuerza ni del poder, sino de la voluntad de las mentes llanas de ser gobernadas por ellas.
No obstante, la excelencia – la virtud y la inteligencia – no es siempre el canon por el cual los hombres apuntan su obrar a causa de su ausencia. Así, de frecuente, la sociedad se guía por hombres de escuálida inteligencia en las cuestiones de mayor trascendencia, hasta el extremo de que se empequeñece la mente y se difumina su parco horizonte a causa de la ceguera para distinguir lo mejor, lo más virtuoso. Consecuencia de esta ineptitud es el copioso paisaje de mentes labriegas e inmorales que padece hoy España.



No hay peor malvado que el inútil e inmoral. La noticia de El País está plagada de ello. Sorprende en quien defiende el aborto como un derecho que defina el feticidio de barbarie; eso sí, sólo el de niñas chinas (los niños y niñas de España, por ejemplo, no importan, eso no es feticidio, es progresismo).
http://www.elpais.com/articulo/internacional/millones/mujeres/desaparecen/ano/elpepuint/20110921elpepuint_11/Tes
El aborto debe entenderse como barbarie y feticidio en el caso de las niñas, y en el caso de los niños como simple interrupción voluntaria del embarazo. Joan, desde luego la inmoralidad anda a sus anchas por este orbe.
Saludos Cristina y Ana.
Es muy probable que un alto porcentaje de las personas que lean esta noticia sientan escalofríos. También es probable que un alto por ciento de estas personas sean de aquellas que piensan y consideran que el aborto es un derecho para la interrupción de embarazos no deseados. Sin embargo el escalofrío que produce la noticia es consecuencia directa del supuesto derecho que defienden. Pero el aborto no es ningún derecho sino un crimen por el cual se mata a un sujeto al que previamente se le arranca su condición de ser humano.
La noticia duele, pero en muchos países se dice que el aborto es un derecho, que el feto no es un ser humano, que no es más que un grano, un resto biológico hasta la 13ª semana. La noticia duele, pero la barbarie la sembramos primero actuando inmoralmente, olvidándonos de que el ser humano es un fin en sí mismo y no un medio.
Cristina, gracias por introducir la noticia, olvidé el enlace.
Otros espacios donde se hacen eco de la noticia:
http://www.outono.net/elentir/2011/09/23/el-pais-tacha-el-aborto-de-barbarie-y-asesinato-pero-solo-si-se-mata-a-ninas/
http://santiagonzalez.wordpress.com/2011/09/23/ah-el-feticidio/
Yo defiendo el derecho a conducir y no me complacen los muertos por accidentes de trafico, defiendo el voto universal y no me complace la caterva política que nos gobierna, defiendo el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y no me complace el aborto …
Saludos Cayetano.
Lo que podría ser un argumento razonable no lo es. Conducir y votar no son actos moralmente reprobables en sí, en cambio abortar supone, irreversiblemente, la muerte de un ser humano sí o sí.
Cualquier mamífero pasa por una serie de fases de desarrollo que reflejan su historia filogenética y el paso de una fase a otra no siempre puede quedar claramente establecido en una definición que responde principalmente a necesidades taxonómicas. Todos los sistemas complejos (ya sean o no biológicos) pasan por una serie de umbrales en los cuales se hace más patente que el funcionamiento esperado por la suma de sus partes no corresponde al resultado observado; es lo que se conoce como un “cambio de fase o de estado” en el sistema, es decir, el “comportamiento” del sistema cambia a una mayor complejidad y emergen comportamientos nuevos, no observados anteriormente. Este es exactamente el caso tanto de un hormiguero como del cerebro.
El estudio de los trastornos y (últimamente) el funcionamiento del cerebro en vivo ha demostrado empíricamente que todas las características que consideramos o valoramos como humanas residen en nuestro córtex; filogenéticamente, este se ha replegado sobre si mismo para conseguir mayor extensión y, en el caso de los primates, ha reducido el tamaño de sus neuronas aumentando la densidad. La mejor aproximación estudiable que podemos obtener de nuestros antepasados son los chimpancés, con las debidas precauciones, podríamos estimar que nuestro comportamiento hace entre unos cinco y diez millones de años era similar al suyo ya que poseíamos un cerebro de características similares y, sin embargo, no son consideramos humanos.
Pues bien, un embrión de tres meses no posee un córtex similar al de un chimpancé, de hecho no es siquiera similar al de cualquier mamífero, de hecho no hay córtex. Hay que esperar hasta la semana 23 a 27 para ver atisbos de él y hasta la 29 si queremos que además responda a estímulos. Poco más puede decir la biología el resto son interpretaciones y aplicaciones morales de la ética personal.
Saludos Cayetano.
Los individuos de las distintas especies poseen el mensaje genético escrito en el genoma desde el momento mismo de la fecundación. En este mensaje genético se encuentra escrita toda la información para el desarrollo del individuo desde la célula inicial (cigoto), es decir, en ningún caso se da una prehumanidad – o vida no humana – en los nonatos humanos. Desde luego, es irrefutable la diferencia fenotípica y conductual de un embrión humano respecto de un feto o de un niño viviente humano, más aún de un anciano humano; no obstante, al mismo tiempo, es innegable la referencia directa del anciano humano, del niño viviente humano con el feto, embrión o cigoto humano que aparece por primera vez con la fecundación de los gametos de sus padres.
Decir que no es humano un cigoto humano, que un ser humano en su etapa embrionaria era vida pero no humana, no es ciencia, no es nada.
Gracias por comentar.
No es la ciencia quien tiene que determinar cuando un ser comienza a ser humano, así lo dejaron claro un selecto grupo de la élite de la investigación española que firmó en marzo del 2009 un manifiesto respondiendo a las pretensiones de cientifismo de las diferentes posturas al respecto:
“Los datos científicos disponibles sobre las etapas del desarrollo embrionario son hechos objetivables, cuya interpretación y difusión han de estar exentas de influencias ideológicas o creencias religiosas. Por ello, denunciamos el reiterado uso del término “científico” al referirse a opiniones sobre las que ni la Genética, ni la Biología Celular ni la Embriología tienen argumentos decisorios. El momento en que puede considerarse humano un ser no puede establecerse mediante criterios científicos; el conocimiento científico puede clarificar características funcionales determinadas, pero no puede afirmar o negar si esas características confieren al embrión la condición de ser humano, tal y como se aplica a los individuos desarrollados de la especie humana. Esto entra en el ámbito de las creencias personales, ideológicas o religiosas.” [Jesús Avila, Carlos Belmonte, Jose Borrell, Amparo Cano, Roberto Gallego, Elena Hernandez Sandoica, Fernando Hiraldo, Vicente Larraga, Juan Lerma, Carlos López Otín, Ginés Morata, Federico Mayor Menéndez, M. Angela Nieto, Jose Luis Peset, Pere Puigdomenech, Jesús Sebastián, Jaime Renart, ...]
Saludos Cayetano.
La ciencia nos indica si el individuo ante el que nos hayamos es de la especie humana o no. La ciencia nos confirma si el código genético del cigoto ante el que nos hallamos pertenece a un camello, a una serpiente o a una persona… nos señala que pertenece a una determinada especie y no a una simple vida desconocida. El cigoto, el embrión, el feto, el nonato no es un ser humano en potencia, ya es un ser humano desde el momento mismo de su concepción: las personas se desarrollan pero nunca se transforman en una persona, la persona es resultas de una generación y no de un cambio. Si hay vida humana hay ser humano en acto. Ser persona es la forma misma en la que un hombre es hombre. Ser persona no es, en ningún caso, una propiedad añadida ni un título jurídico otorgado: ser persona es la realidad misma del ser humano, su existencia concreta en cualquiera de sus fases desde la concepción hasta la muerte.
http://opusprima.wordpress.com/2011/01/03/zapatero-el-preembrion-y-por-que-en-politica-no-hay-principios-ni-valores/
http://opusprima.wordpress.com/2010/12/16/aborto-por-que-es-un-supuesto-derecho-hasta-la-semana-14-y-despues-un-delito-tipificado-en-el-codido-penal/
http://opusprima.wordpress.com/2010/10/10/aborto-la-ministra-aido-miente-dos-veces/
http://opusprima.wordpress.com/2010/05/24/el-embrion-es-un-ser-individual-y-personal-aunque-lo-niegue-aido/
No debería despertar la menor duda pero no todos tenemos claro que la dignidad de la persona – y su derecho a la vida – es algo real y no ficticio, sujeto a intereses espurios, ya sean ideológicos, jurídicos o económicos. La dignidad de la persona humana, de toda persona desde el momento de su concepción hasta el instante de su muerte natural, proviene de su estatuto ontológico y trascendente que mana del Absoluto, quien otorga el ser al hombre mediante un acto creador, libe y amoroso. Sin duda, el ateísmo – y aquellos que no viven realmente su fe cristiana – no duda en sustraer la idea de dignidad humana de su fundamentación. Es hora de empezar a dejar evidente que la vida y la dignidad de la persona no es un logro ni una conquista reservada a determinados hombres y mujeres sino una verdad derivada del modo de ser humano: lo único que se puede y debe conquistar, ante el actual estado de la realidad del hombre, es el valor y la dignidad del ser humano por parte de la sociedad. Por suerte se están dando algunos pasos:
http://www.larazon.es/noticia/7126-la-union-europea-dictamina-que-el-embrion-es-un-ser-humano
Gracias por comentar.
La biología puede decirnos si nos encontramos ante un cigoto perteneciente a un homo sapiens sapiens, cierto, también puede decirnos que ese ovulo fecundado tiene aproximadamente un 60% de probabilidades de llegar a a las 20 semanas, periodo que se determina como límite de lo que se considera un aborto espontáneo y el comienzo de lo que se considera un embarazo con posibilidades. Se considera que entre un 20% y un 30% de los óvulos fecundados se expulsan como abortos espontáneos sin que se conozca dicho embarazo, entre un 10% y un 15% de los embarazos conocidos también acaban en abortos espontáneos; la causa más importante es la inviabilidad cromosómica (70% del total más del 80% en las primeras semanas) seguido por causas endocrinas (déficit, exceso o incompatibilidades hormonales 10% al 15%). Osea que la biología puede decirnos que, si todo va bien es muy probable que ese cigoto sea viable y se convierta en un embarazo y, después de unos meses, si todo continúa bien (ante la necesidad, la madre prima también para la naturaleza) se convertirá en un ser humano.
Ni la biología ni ninguna otra ciencia puede decirnos nada al respecto de la dignidad ni de los derecho de las personas porque, ser persona, no es un concepto biológico sino filosófico y sus derechos no son naturales sino políticos; en la naturaleza no tiene otro derecho que los que pudieran y quisieran otorgarles sus padres o el grupo al que pertenecen; para la biología ser hombre no significa sino pertenecer a una especie determinada que posee unas características que no difieren en calidad con las del resto de los animales; una de estas características es una superencefalización que produce unos comportamientos peculiares de los que los más significativos están soportados por un córtex que aparece en la semana 23 a 27 de la gestación, responde a estímulos externos en la 29 y muestra algún tipo de actividad interna a partir de la 30.
La realidad es como es y eso es lo que puede ser descrito por la biología, no otra cosa, como interprete cada uno los hechos no es responsabilidad de la ciencia sino del interprete.
Saludos Cayetano.
¿Qué significa que el ser humano es persona? En el lenguaje ordinario utilizamos éste término como equivalente a la de hombre. El uso es correcto, porque la persona es el hombre mismo. No obstante, con el término persona designamos no sólo al hombre, sino a éste en cuanto portador de una cierta dignidad de la que carecen todos los demás seres de la naturaleza, incluso los animales no racionales. La palabra persona tiene un origen diverso aunque un significado unívoco ya que alude a los personajes teatrales. Según una versión, deriva del vocablo griego prosopon, que significa cara, semblante, rostro; de aquí que se empleara para nombrar las máscaras de los actores en las obras teatrales. Otra versión explica que procede del término latino persono, que significa resonar o sonar mucho. La voz persona se habría empleado para denominar las máscaras de los actores, porque al interpretar con ellas su voz adquiriría una mayor resonancia. También se ha hallado su raíz en la palabra etrusca phersu, que significaba las máscaras teatrales y los tipos dramáticos o personajes genéricos.
El término persona servía, también, para designar a los hombres que tenían una cierta dignidad, de ahí que aún hoy llamemos personaje a un hombre importante, que sobresale. Tanto el sentido usual del término como el sentido etimológico ponen de relieve que persona significa al hombre poseyendo un rango peculiar, una dignidad que le distingue de los demás seres. En cuanto al sentido ontológico del término ése es una creación del cristianismo para expresar teológicamente el Dios uno y trino y el dogma del Verbo encarnado. En este sentido, la persona se configura como un término analógico que se aplica a Dios en cuanto es una única sustancia con tres personas. En ambos casos nos referimos al ser subsistente de naturaleza intelectual o espiritual. Por otra parte, el vocablo persona incorpora un significado filosófico para la explicación del misterio trinitario, el sentido de relacionalidad, sociabilidad: la persona no es un ser aislado, sino que es un ser en relación.
¿Quién es la persona? Si recordamos, Boecio afirma que “la persona es el supuesto (sustancia) individual de naturaleza racional” (Liber de persona et duabus naturis, contra Eutychen et Nestorium). Con esta definición Boecio trataba de delimitar una noción de persona válida contra los nestorianos, que sostenían que en Cristo había dos naturalezas y dos personas, y contra los monofisitas, que afirmaban que en Jesús sólo se encontraba presente la naturaleza divina. Se trata de una descripción ontológica que utiliza categorías filosóficas aristotélicas que destaca el elemento constitutivo de la persona: su carácter de sustancia. La persona es una substancia, aquello que es substrato de los accidentes – el peso, el color, la medida, la figura, etc. –. La substancia existe en sí misma – posee en sí mismo el ser –, mientras que los accidentes sensibles existen en el sujeto subsistente. Al ser sustancia, la persona, es incomunicable, es decir, el ser que tiene cada uno no puede pasar a otro. Si el término hombre refiere a un concepto universal, el término persona hace referencia a una substancia, que es individual y que posee unas particularidades que la distinguen de otros individuos de la misma especie. Además, la persona posee una naturaleza racional por la cual se abre cognoscitivamente al mundo. El ser humano no sólo es corpóreo, sino que es, también, espiritual. Sin esta racionalidad – espiritualidad – el hombre no sería persona.
El hombre está compuesto de cuerpo y espíritu en una única sustancia individual, por lo que no se distingue en el hombre lo animal – cuerpo – de lo personal – espíritu – como si de dos sustancias se tratara: todo el hombre es persona. Cuando nos referimos a la persona, nos referimos a un ser racional, que es lo que distingue al hombre del resto de los seres. Como se aprecia, las aportaciones del pensamiento cristiano en la delimitación de la noción de persona son muy importantes. Con el cristianismo, la dignidad de personal se extiende a todos los hombres, a todos. La raíz de esta universalización proviene del hecho de que todo hombre posee un acto de ser propio muy superior en valor al ser de los demás seres. De este modo ‘persona’ es algo que se es; no es un título que se adquiere o se tiene por linaje familiar. La persona posee su propio ser, pero se trata de un ser comunicado por Dios: el acto de ser personal es un acto de ser derivado. Por tanto, la persona humana no es el fundamento del ser – nadie se comunica el ser a sí mismo –, sino que es un ser fundado en Dios, que lo comunica a la persona mediante un acto creador y libre.
Todos y cada uno de los seres humanos poseen dignidad por el hecho mismo de ser un ser personal. El término persona remite con exclusividad al ser humano por razón de su ontología. Debe comprenderse el concepto dignidad en sentido absoluto, en la medida en que este pertenece a la esencia – a la naturaleza – humana. La dignidad es una perfección que corresponde al ser humano en el orden del ser que marca la diferencia esencial con respecto a los demás seres, y que, al mismo tiempo, fundamenta la radical igualdad entre los hombres.
De esta dignidad ontológica se derivan, consecuentemente, implicaciones morales y sociales, pues cada hombre por razón de su dignidad es acreedor de una consideración máxima y superior a la debida a cualquier otro ser de la realidad, en todo tiempo, lugar y situación. Con independencia de la consideración que pueda manifestarse hacia alguien, o de la que una persona pueda tener de ella misma, al ser humano le corresponde la máxima dignidad, la de ser persona. La dignidad metafísica, por tanto, es inmutable e inalterable con independencia del obrar humano, es decir, es intrínseca. La que si es alterable es la dignidad moral, pudiendo el hombre, por sus acciones, alcanzar la perfección o virtud, o la degradación y la indignidad, por elegir al margen del bien conforme a las exigencias de la naturaleza.
La libertad de la persona radica, fundamentalmente, en el ser – dignidad ontológica –, pero depende, constitutivamente, de la libertad. Hace unos días decía, básicamente, que la libertad como espontaneidad es subjetivista y tiende al nihilismo. Cuando nada es bueno o malo no existe ningún límite moral objetivo respecto de las elecciones individuales. No obstante, aún así, conviene, por exigencia de la vida en sociedad, algunos elementos éticos en los que estemos de acuerdo y que faciliten la coexistencia pacífica para resolver racionalmente los conflictos morales que se tercien en el desenvolvimiento espontáneo de las voluntades individuales de cada hombre. El hecho de que para algunos la libertad sea, también, sinónimo de autonomía supone una comprensión perversa del concepto de libertad, ya que conduce al relativismo epistemológico – no existe la verdad – y al relativismo moral – no existe un bien objetivo –. Cuando esto es así, no prevalece ningún referente ético seguro. El acto es libre y bueno, entonces, por el mero hecho de ser fruto de una elección autónoma. Pero autonomía no es lo mismo que libertad. La autonomía es la limitada pero real capacidad de autodeterminación del actuar que asiste al ser humano, relativa y contingente capacidad de autogobierno para tomar decisiones, para elegir opciones. Pero esta capacidad de elección moral no significa la absoluta capacidad para establecer lo que es bueno o justo. Creer que uno define en cada momento, de modo total y absolutamente autónomo el bien moral, de acuerdo con su razón, sus circunstancias o sentimientos conlleva excluir la existencia de un bien objetivo y de una verdad.
Decir, “yo no abortaría, pero no soy quién para juzgar a nadie que lo haga”, “a mí me parece mal, pero tendrá sus razones”, “no hay que abortar, pero si fuera mi hija y fuera un embarazo no deseado, seguramente le diría que abortara”, son argumentaciones en las que no se admite que una acción pueda ser incorrecta moralmente, sino que todo depende un contexto y de una situación. La valoración de cualquier conducta que suponga matar a otra persona siempre es negativa y no depende de nada. Para elegir bien, por tanto, hay que admitir la existencia de la verdad y de un bien objetivo, de lo contrario no se puede elegir libremente.
Gracias por comentar.
Que el hombre posee una “cierta dignidad de la que carecen el resto de los demás seres de la naturaleza” es precisamente lo que discuto; he pretendido decir, y explicar desde el principio, que el hombre posee unas facultades que son producto de la cantidad, no de la calidad y que ya se observan en otros animales en diferentes grados. Nuestro cerebro es indiscutiblemente (por empíricamente demostrado) el asiento de una serie de comportamientos (moral, razón, emoción, tendencias místicas, …) que desaparecen o se modifican con el daño de determinadas zonas cerebrales o el efecto sobre ellas de determinadas substancias. La inmensa mayoría de las características otorgadas tradicionalmente al hombre tienen su localización en el córtex aunque algunas se relacionan con el sistema limbico (comportamientos tendentes a la promiscuidad o a la castidad y las tendencias místicas, por ejemplo).
El hombre es principalmente un animal cuyo genero se considera que existe desde hace unos dos millones de años (por poner una cifra conservadora) y las modificaciones en su cerebro han sido graduales y se han producido por medio del cruce de diversas especies que convivían en el tiempo y la diferenciación de otras por aislamiento; la filogenesis del hombre (como las de todos los animales) no es un árbol sino un arabesco de cruces y separaciones. Una mirada retrospectiva nos muestra que la encefalización creciente ha ido otorgando comportamientos tecnológicos y culturales cada vez más complejos (medidos por los restos de utensilios, adornos y rituales); esto no tiene nada de especial, todos los animales sobreviven por adaptarse mejor que otros a su nicho ecológico.
Sabemos indubitablemente que el hombre es un animal producto de cambios en el tiempo y, a partir de este punto, cada cual puede imaginar sobre si seguimos o no un designio divino, sobre si tenemos o no un espíritu animador; ninguna de estas cuestiones son comprobables en la realidad con lo que no se puede discernir si quien afirma estas cuestiones está en lo cierto; personalmente sigo el principio de parsimonia y descarto cualquier hipótesis innecesaria para explicar lo que ya se explica de forma más sencilla.
Saludos Cayetano.
Discúlpame que te responda a ello con tres artículos:
Sobre el origen de la inteligencia humana
http://www.unav.es/cryf/origeninteligencia.html
El organismo inteligente
http://www.unav.es/cryf/elorganismo.html
Neuroética
http://www.unav.es/cryf/neuroetica.html
Te lo agradezco (y no es ironía), por supuesto que los leeré. Pero, visto el sesgo de la universidad, me parece que no coinciden con las posturas que yo defiendo y que son básicamente las expuestas por Antonio Damasio (Vease por ejemplo “El error de Descartes”) y Francisco J. Rubia (Vease por ejemplo “El cerebro nos engaña”) , entre otros.
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Saludos Cayetano.
El conocimiento no es relativo ni sesgado. Interesante, desde luego, las lecturas de Damasio y Rubia.