Aviso para despistados: una cosa es admitir la creación y otra el creacionismo

Publicado: 7 febrero, 2010 en Ciencia

El eterno y cansino debate entre creación y evolución no tiene ningún componente científico, sino que se limita a ser el enfrentamiento entre dos posiciones dogmáticas. Por un lado encontramos los ultracreacionistas, con una sólida tradición en EEUU especialmente. Henry Morris, uno de sus principales fundadores, considera que “si el hombre desea saber algo acerca de la creación, su única fuente de información verdadera es la revelación divina”. George Marsden, profesor de Historia en Michigan, considera que si bien el creacionismo se equivoca en el remedio, si ha sido capaz de identificar correctamente el relativismo antisobrenaturalista. Un ejemplo es la serie Cosmos de Carl Sagan, cuya visión es una premisa filosófica y no una conclusión científica. El subtítulo de la obra de Sagan habla de “una evolución cósmica de 15.000 millones de años que ha transformado la materia en vida y consciencia”. En este sentido Sagan sitúa la evolución en un ámbito que va más allá de la biología.

 

El error de los creacionistas como de los ultraevolucionistas es que enfocan sus punto de vista filosóficos como si pudiera resolverse sobre la base de alguna evidencia científica. Pero esto no es posible, así que unos y otros hacen decir a la ciencia cosas que realmente no dice ni dirá jamás. Los ultraevolucionistas, al igual que el naturalismo, niega categóricamente la existencia de realidades fuera de las fuerzas naturales que estudia la ciencia experimental. Sagan, por ejemplo, reduce la dimensión del ser humano a “un conjunto de moléculas con una etiqueta colectiva”. Por supuesto, la ciencia no da tanto de sí: que la ciencia experimental sólo llegue a conocer moléculas o cosas semejantes no quiere decir que no haya nada más, sino que ella sólo llega hasta ahí. Que la ciencia no alcance realidades espirituales como la conciencia humana o los valores éticos no quiere decir que no existan.

 

Esta polémica entre unos y otros cobra mayor fuerza en los EEUU donde la confrontación alcanza a la educación, donde tampoco hay una clara alternativa sólida a ambas posturas pseudocientíficas. Uno de los episodios más destacados en esta contienda acaeció en el estado de Arkansas el 19 de marzo de 1981, donde los creacionistas lograron que se aprobara la enseñanza de igual tiempo para la evolución y la creación. Ante esto se planteó un recurso en contra. Para resolver la situación se convocó a teólogos y científicos para que se debatiera qué es ciencia y qué no lo es, y si la evolución y la creación eran ciencia o no. Entre los testigos se encontraban Francisco Ayala, profesor de Biología en la Universidad de California; Stephen Jay Gould, profesor de Geología en la Universidad de Harvard, y Michael Ruse, filósofo especializado en evolución. El juez William R. Overton dictó sentencia el 5 de enero de 1982. Basado en las declaraciones de los científicos y expertos el juez dictaminó que “las características esenciales de la ciencia son: (1) se guía por las leyes naturales; (2) debe explicar las leyes naturales; (3) se puede contrastar empíricamente; (4) sus conclusiones no son necesariamente la última palabra; (5) es falsable”. Ante estos criterios el juez concluyó que el creacionismo científico no los cumple.

 

El punto más débil de la tesis creacionista es su escasa fundamentación. Según ellos la Tierra tendría solamente 10.000 años de edad, mucho menos de lo que se calcula para el hombre moderno. Buena parte de los científicos calculan que la edad de nuestro planeta se encuentra en los 4.500 millones de años. La única fuente del creacionismo es el Antiguo Testamento, pero las interpretaciones que realizan los creacionistas no responden ni a lo que dice la ciencia ni a la interpretación real que hace la Iglesia y la mayoría de los cristianos. Una cosa es admitir la creación y otra muy distinta es admitir el creacionismo científico. Esta distinción es sumamente importante, porque es fuente de innumerables confusiones, porque genera la impresión de que quienes admitimos la creación divina aceptamos el creacionismo, lo que es totalmente falso. Los creacionistas consideran que la Biblia debe ser interpretada literalmente y que es fuente de autoridad también en materia científica y que el evolucionismo es incapaz de explicar tanto el origen del mundo ni el origen y la diversidad de las especies que se encuentran en la naturaleza.

 

En la actualidad el creacionismo científico ha disminuido en beneficio del Diseño Inteligente, un movimiento que pretende situarse en el terreno estrictamente científico y que comparte una misma idea, que es combatir contra el materialismo científico. Los defensores de este movimiento critican duramente el darwinismo y aseguran que se pueden detectar huellas de un “diseño inteligente” en la naturaleza confirmado empíricamente por los sistemas naturales que presentan “complejidad irreductible”. Esta terminología fue popularizada por el bioquímico Michael Behe, autor de La caja negra de Darwin. Según este investigador un sistema irreductiblemente complejo es “un solo sistema compuesto por varias piezas armónicas e interactuantes que contribuyen a la función básica, en la cual la eliminación de cualquiera de estas piezas impide al sistema funcionar”. Para los defensores del Diseño Inteligente, el darwinismo sostiene que los vivientes se han formado por acumulación de sucesivas variaciones heredables. Behe emplea la biología molecular para tratar de mostrar que existen sistemas que no se han podido producir de ese modo, porque cualquier sistema precursor al que le falte alguna de las partes no puede funcionar.

 

El Diseño Inteligente tiene un gran representante en William A. Dembski, para quien “una teoría biológica del diseño inteligente sostiene que se requiere una inteligencia ordenadora para dar cuenta de las estructuras complejas, ricas en información, en los sistemas vivos […] La mutación y la selección son incapaces de generar las estructuras altamente específicas, complejas y ricas en información que existen en la naturaleza, que son señales de un diseño no sólo aparente sino real, o sea, de diseño inteligente […] el procesamiento de información exige un programador” (What Intelligent Design is Not en W.A. Dembski y J. M. Kushinger, Signs of intelligence. Understanding Inteligent Design, Brazos Press, Grand Rapids, Michigan 2001).

 

Son muchos los científicos que aceptan que muchas estructuras biológicas “parecen” diseñadas. Bastantes darwinistas parten de la teoría científica darwinista que explica la evolución mediante la combinación de variaciones genéticas y selección natural para pasar a una interpretación ideológica. Sin duda el Diseño Inteligente acierta al anunciar la existencia de finalidad en la naturaleza, una finalidad empíricamente comprobable y que parece exigir un plan. No obstante la ciencia experimental nada puede decir de Dios, ni negarlo ni afirmarlo. La ciencia emplea un naturalismo metodológico, el problema es que los pseudocientíficos lo transforman en ontológico que niega categóricamente la existencia de las realidades no accesibles al método de la ciencia experimental.         

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Comentarios
  1. Anarel dice:

    Perdona, pero de “parece que” a que efectivamente haya un “plan divino de creación” hay un paso gigante que NUNCA se ha demostrado. No existe esa “finalidad empíricamente comprobable”. El mito del plan de creación es eso: un mito y no una realidad.

    No lo dices, pero ya lo digo yo: todas las “pruebas” y “evidencias” de los estudios del DI han sido demostradas como falsas, de modo que el DI hasta hoy en día no ha demostrado nada en su idea del plan divino. No mientas tanto Opus, no mientas. Quizá algún día lejano consigan demostrar algo, pero hasta el día de hoy, nada de nada: la creación y el plan divino son mitos y no hay estudio científico que demuestre tal cosa.

  2. opusprima dice:

    Saludos Anarel. ciertamente el Diseño Inteligente no podemos decir que sea ciencia, pero otra cosa es decir que no existe una finalidad en el universo (por cierto, que mania con que defiendo el creacionismo y el ID, haber si sabemos leer un poco). Basta leer los estudio científicos, puedes empezar por las referencias que doy. Por cierto no te lo tomes tan apecho, no pasa nada por no saber nada de filosofía y ciencia, aprecido filólogo.

  3. Swiss dice:

    Hola Opus, muy buena entrada con muy brillante información. Es de capital importancia remarcar esa distinción. A Anarel le recomiendo “Historia básica de la ciencia” de Carlos Javier Alonso. Jamás me atrevería a hablar de filosofía porque sé poco, pero Anarel (y muchos otros) son como el Ramoncín de la blogosfera.

  4. Ed_Tijeras dice:

    Hace pocos años me enteré sobre los problemas que tuvieron los del Consejo de Educación del Estado de Kansas por proponer la enseñanza del diseño inteligente en las escuelas en materias de ciencia.

    Para quien no tuvo oportunidad de leer, pongo algunos links.
    Espero aportes al respecto.

    Empecemos por un artículo escrito por Bertrand Russell.
    Is There a god?http://www.cfpf.org.uk/articles/religion/br/br_god.html

    Sigamos con una carta abierta al consejo de educación de Kansas. Autor: Bobby Henderson
    http://www.venganza.org/about/open-letter/

    Desde la Wikipedia: Pastafarismo
    http://es.wikipedia.org/wiki/Pastafarismo

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