Muchas veces se ha habla del fin de la filosofía. Una de las veces que se habló de ello con mayor claridad fue durante la segunda mitad del siglo XIX. Ortega y Gasset escribe en La idea de principio de Leibniz que “si la filosofía fuese algo de lo cual se pudiese prescindir totalmente, no hay duda que ahora estaría muerta”. Con la aparición de la ciencia se produce una nueva estructuración de los distintos saberes y la filosofía padece una desmembración de sus temas principales – el hombre, la moral, el pensamiento, la lógica y la verdad – que serán tratados por distintas ramas de la ciencia de modo más controlable técnicamente.
La lógica pasa a manos de los matemáticos cuando George Boole logra construir un cálculo lógico coherente mediante el cálculo algebraico. En su obra El análisis matemático de la lógica expone la idea de utilizar las matemáticas para presentar el análisis lógico de los argumentos. Boole entiende el álgebra como un sistema de símbolos abstractos donde lo esencial es la estructura. Al independizar la idea de cálculo de la idea de cantidad es posible concebir el proyecto de un cálculo del razonamiento deductivo, es decir, la representación abstracta de las leyes básicas de la razón humana. Lo mismo ocurre con la psicología cuando Wilhelm Wundt funda en 1879 el primer laboratorio de psicología experimental. A partir de ese momento la psicología deja de ser un análisis introspectivo del alma para transformarse en una ciencia cuantificable y clasificadora. Por otro lado puede decirse lo mismo de la ética que se normativiza con el surgimiento de la sociología.
Wilhelm Dilthey es el primer filósofo que toma en consideración el cambio que se está produciendo en el mundo del saber y que lo acepta como una realidad positiva. Considera que la filosofía debe adaptarse a los nuevos tiempos y debe redefinir su método y su posición ante las nuevas disciplinas sapienciales. Así en Esencia de la filosofía define a ésta como un saber crítico y reflexivo de las distintas visiones de la humanidad a lo largo de la historia que no puede considerarse ciencia porque no es un saber total que investiga toda la esencia del mundo y de la vida. Edmund Husserl es otro de los pensadores más relevantes del momento. En cierto modo puede entenderse la fenomenología como un intento de reubicar a la filosofía con la aparición de las ciencias positivas. En un primer momento concibe la filosofía como crítica del conocimiento. Considera que el científico y el matemático no son más que técnicos a quienes les falta la comprensión última de la esencia como tal (Investigaciones lógicas). Así, considera necesario que junto al trabajo científico se de una reflexión crítico-cognoscitiva por parte del filósofo. Es decir, la filosofía debe de actuar como enlace entre los distintos saberes. En La filosofía como ciencia rigurosa lanza una soberana crítica a Dilthey – quien no sólo afirma que la filosofía no es una ciencia, sino que tampoco posee como objeto la propia ciencia – al sostener que la filosofía puede ser una ciencia rigurosa a condición de que se defina a partir de una comprensión más correcta de su propia naturaleza. No obstante ni uno ni otro están acertados, pues la filosofía en sí es un tipo de racionalidad distinta a la ciencia positiva.