Un día un hombre le dijo a la beata Madre Teresa de Calcuta: “el trabajo que tú haces yo no lo haría ni por todo el dinero del mundo”. La Madre Teresa respondió: “Yo tampoco, tomo fuerzas de la adoración a Jesús Sacramentado”. Este suceso expresa la entrega por amor, sin condiciones, que da la verdadera felicidad. Muchos hablan y escriben libros sobre como acabar con la pobreza, pero se olvidan de atender las urgencias de los más necesitados, el único modo posible para transformar el mundo.
Vicenç Ferrer no se limitó a dar de comer a los pobres, sino que se propuso cambiar el mundo entregando su propia vida a los demás, viéndose como un instrumento de Dios, como las manos de Dios. Ex jesuita, Ferrer fue siempre fidelísimo a Cristo y a la fe de la que recibía todas las fuerzas para sacar adelante su misión. La Madre Teresa decía que “Dios se dona en su Hijo, María nos dona a su Hijo, y Jesús se nos dona en la Eucaristía. Esta donación de sí es el amor y hay que amar hasta que duela, porque si no, no es amor. Por eso el cristiano es alguien que se dona, que se da a sí mismo”. Así vivió el amor Vicenç Ferrer. Basta con ir a la India para corroborar el amor que brindó a los demás sin más causa que por el amor de Dios (ver breve documental).
La vida y legado de Ferrer me parecen algo asombroso. Sin embargo me crea un conflicto. A mí como tú, me parece que fue fiel hasta el final porque acabó su vida dandola a los demás. Sin embargo hay quienes piensan que lo que tendría que haber hecho es continuar en la Compañía, en la que tenía voto de obediencia. No hay que juzgarle más cuando todo lo que nosotros hacemos no llega ni a un uno por ciento de lo que él hizo, no crees?
Saludos Jollyroger. No sé qué es lo que debería haber hecho Ferrer. No soy quién para juzgar la vocación de una persona. Gracias por comentar.