El pensamiento de Wittgenstein

Publicado: 14 abril, 2009 en Filosofía, Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889) es posiblemente mi filósofo predilecto después de Nietzsche. Grande entre los grandes estudió ingeniería en Berlín y epistemología en Cambridge, con Russell como mentor. En su presidio en Italia durante la Primera Guerra Mundial escribe su célebre Tractatus logico-philosophico, que se publicará en 1921. Entre 1920 y 1926 ejerce de profesor de primaria en Austria y entre 1929 y 1947 imparte clases en la Universidad de Cambridge. Durante estos años escribe Investigaciones filosóficas y Notas sobre los fundamentos de la matemática, que serán publicadas después de su muerte (1951) en 1953 y 1956 respectivamente.

 

 

El pensamiento de Wittgenstein suele dividirse en dos fases bien marcadas por dos obras: la primera se fundamenta con el Tractatus, y la segunda con las Investigaciones filosóficas. En el Tractatus Wittgenstein deja claro que el objeto de la filosofía no es el de elaborar sistemas de verdades cerrados, sino el de desarrollar una actividad clarificadora tendente a establecer una distinción entre problemas genuinos y problemas carentes de sentido nacidos de formulaciones lingüísticas erradas: “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”.

 

 

Para Wittgenstein toda proposición es un modelo de un estado de cosas determinado. La capacidad de expresar los hechos de la realidad depende de la identidad de forma – de estructura lógica – que existe entre el hecho y la proposición que lo expresa. Las proposiciones significantes pueden reducirse siempre a proposiciones simples que expresan hechos elementales mediante procedimientos lógicos. Una proposición será verdadera cuando el estado de cosas que expresa existe. Según Wittgenstein en el lenguaje cotidiano la relación entre las proposiciones y las cosas que expresan es muy imperfecta. Un ejemplo claro es la proposición “el cuadrado redondo no existe”, cuya forma sintáctica correcta es “no existe ninguna unidad que sea redonda y, al mismo tiempo, cuadrada”. Planteada de manera correcta la proposición no nos llevará a pensar en un objeto imposible llamado cuadrado redondo.

 

 

Considera, no obstante, que existen proposiciones que son siempre verdaderas llamadas tautologías que son las que configuran la lógica y las matemáticas: “lo vi con mis propios ojos” o “los perros son blancos o no blancos”. Cuando las proposiciones no son empíricas o tautológicas se deben considera siempre carentes de sentido y de ser expresadas mediante el lenguaje. De este modo las proposiciones de la ética, del arte, de la religión o de la metafísica al no ser reductibles a tautologías carecen de todo sentido, es decir, “sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. De la crítica de Wittgenstein sólo se salvan la ciencia positiva, la lógica y las matemáticas. A pesar de todo Wittgentein no niega la posibilidad de una actividad filosófica. Es más, todo el Tractatus no deja de ser, con palabras del propio Wittgenstein, un conjunto de proposiciones sin sentido, en cuanto que no son ni empíricas ni factuales. El objeto de sus aforismos es ayudar a aclarar la naturaleza de la relación existente entre el lenguaje y la realidad, distinguir entre sentido y falta de sentido, cuando esto se logra las proposiciones del Tractatus pierden toda su utilidad.

 

 

La segunda etapa del pensamiento de Wittgenstein se centra en el estudio de las formas propias del lenguaje usual para comprender su mecanismo – filosofía del lenguaje –. La complejidad de las formas lingüísticas es explicada con la metáfora de los “juegos lingüísticos”. En analogía con los juegos los lenguajes son concebidos como conjuntos de reglas aprendidas en la práctica y por costumbre; así, las proposiciones que fueron eliminadas en el Tractatus por su falta de sentido son ahora tomadas en consideración como partes de un juego con sus propias reglas – distintas de las de la ciencia o las matemáticas –. De este modo si uno investiga el uso del lenguaje la variedad de usos lingüísticos se torna claro. Así las palabras como algunas herramientas tienen una distinta funcionalidad y, por tanto, hay proposiciones para representar hechos, otras para ordenar, otras para rezar, etc. Esta diversidad de proposiciones y de flexibilidad lingüística lleva a reconocer espacios de significación para el lenguaje ético, artístico, religioso y metafísico.

About these ads
Comentarios
  1. jaime dice:

    good very good

  2. gee dice:

    Gracias

  3. Dahian dice:

    Gracias

  4. Concha dice:

    y sin embargo el mundo ha progresado con pensamientos no empíricos científicos .Con cálculos de probabilidades.

  5. Saludos Concha, muchas gracias por su aportación. Un saludo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s