Desde luego no es fácil explicar la libertad del hombre si consideramos que sólo Dios es causa. Malebranche es consciente de ello y zanja la cuestión diciendo que Dios sitúa en nuestra alma una inclinación invencible – la voluntad – hacia el bien en general y, en última instancia, hacia Dios (Búsqueda de la verdad, V, I.). No obstante, Dios también moviliza las almas hacia los bienes particulares, aunque en este caso con una inclinación vencible, por lo que está en manos de los hombres otorgar o rehusar nuestro consentimiento. En este sentido, aunque no es un parecido claro y evidente, Malebranche recuerda mucho a Aristóteles, cuando dice que el hombre no puede elegir ser feliz, pero si los medios para alcanzar esa dicha.
Según Malebranche cuando seguimos la inclinación hacia el bien general no hacemos más que lo que Dios hace en nosotros, que es seguir la inclinación impresa por Él hacia el verdadero bien. Pero tampoco hacemos nada cuando no seguimos la inclinación hacia el verdadero bien, sino que consentimos en un falso bien; este consentimiento es interpretado como un alto en la búsqueda del verdadero bien. Para esta especie de reposo no se necesita ninguna especie de fuerza, sino que basta con que el hombre deje de tender al bien absoluto para que se produzca el reposo en los bienes relativos. Así, cuando la persona peca no hace nada, sólo ha dejado de buscar el bien verdadero haciendo inútil el movimiento que Dios imprime en nosotros.
Si no es fácil explicar la libertad con el ocasionalismo, mucho más complicado es explicar la existencia del mal entendiendo que sólo Dios es causa. Según las perfecciones divinas Malebranche considera que es más sabio obrar por leyes generales, aunque a causa de esta generalidad se sigan una serie de defectos en el cosmos. Ciertamente Dios podría enmendar esos defectos mediante voluntades particulares – y en ocasiones así lo hace mediante los milagros – pero lo normal es que la actuación divina sea mediante leyes generales, que expresa una mayor perfección que obrar por leyes particulares.