El pasado 3 de julio de 2008 el Santo Padre, Benedicto XVI, recibió en audiencia privada al Cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, al que autorizó a promulgar los decretos relativos al milagro atribuido a la intercesión del beato Damián de Veuster, sacerdote profeso de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar; paso previo para la canonización.
Como antiguo alumno de los Sagrados Corazones, hoy Colegio Padre Damián Sagrados Corazones, siento un gran gozo por esta noticia. Siempre recordaré las veces que los profesores nos ponían la película sobre la vida del apóstol de los leprosos, pues en él encontré un auténtico modelo de santidad, ya que se entregó a los demás hasta morir por amor a Dios. Hoy leo que una comisión vaticana reconoce como verdadero milagro de Dios el atribuido a la intercesión del beato Damián de Molokai. El padre Bruno Benati (SS.CC.), postulador general de la causa, ha revelado que el caso se analizó el 29 de abril del presente año y que se trata de la sanación de Audrey Toguchi, una enferma de cáncer (liposarcoma pleomorfico metastalizado) sin posible curación.
Esta señora, residente en Honolulu, fue visitada por padre y hermanas de los Sagrados Corazones, quienes le invitaron a dirigirse personalmente a la intercesión del beato. Y así lo hizo: “he orado al beato Damián. Fue el hombre central de mis oraciones: desde el 1 de mayo hasta el 19 de enero de 2004 mis oraciones fueron dirigidas a Dios exclusivamente por medio del beato. Estoy convencida que esta milagrosa desaparición del cáncer se debe a su intercesión”. Por su parte, el equipo médico explican en el parte médico que el restablecimiento es del todo inexplicable desde el punto de vista científico.
Jozef de Veuster, conocido como Damián de Molokai, nació en Bélgica y llegó como misionero de los Sagrados Corazones a Honolulu en 1965, donde se le impuso el ministerio sacerdotal. La lepra afectó a las islas de Hawai con la llegada de los primeros comerciantes y por el miedo a que se propagara, el rey Kamehameka IV repudió a los leprosos a una colonia situada en la isla de Molokai, donde sólo se les proporcionaba determinados suministros y alimentos, pero ninguna asistencia médica. Por ello, el padre Damián solicitó a su obispo la posibilidad de instalarse junto a los enfermos de lepra para atender sus necesidades espirituales. Permaneció con ellos hasta el día de su muerte, causada por dicha enfermedad. Juan Pablo II le beatificó en 1994. Benedicto XVI le subirá a los altares, Dios mediante, muy pronto.




