La historia de la religión cristiana está llena de pensadores que han usado sólo la razón para explicar los contenidos de la fe. Filón de Alejandría considera que la filosofía griega está en la misma línea que las verdades reveladas en el Evangelio, es decir, que la razón explica lo que la fe cree, y si hay una explicación para demostrarlo ya no hay que ejercer fe. A este modelo de racionalización hay que añadir a W. F. Hegel, quien piensa que la religión es un estadio necesario del desarrollo del Espíritu Absoluto que debe superarse por el estadio racional: “todo lo real es racional, todo lo racional es real” (Principios de la filosofía del derecho). Esta sentencia hegeliana no es completa, pues supone la irracionalidad de la fe, Cuando ésta es, ante todo, comprensible ya que es un acto humano y personal del que participa la misma razón y la libertad (sin la participación de la razón no hay acto de fe). Por sobrenatural entendemos, llanamente, exceso de inteligibilidad de un misterio (La Santísima Trinidad).
La relación fe y razón es importantísima. Recuerdo que la fe es el asentimiento de la persona hacia la Divinidad trascendente que le llama: “Inteligencia y voluntad desarrollan al máximo su naturaleza espiritual para permitir que el sujeto cumpla un acto en el cual la libertad personal se vive de modo pleno. En la fe, pues, la libertad no sólo está presente, sino que es necesaria […]. La persona al creer lleva a cabo el acto más significativo de la propia existencia; en él, en efecto, la libertad alcanza la certeza de la verdad y decide vivir en la misma” (Sto. Tomás de Aquino, De veritate). La fe, indica el Catecismo, otorga “una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida” (nº 26). El objeto de la fe no es una doctrina o un dogma, sino Dios, que se revela en Jesucristo mediante la Iglesia (la Iglesia es esencial a la fe católica, ya que la fe no es un acto individual y particular, sino sólo posible en el seno de una tradición transmitida en la comunidad eclesial).
La fe ofrece un conocimiento completo, aunque misterioso, de Dios, del mundo y del hombre, que son los mismos objetos de estudio de la filosofía. Por tal razón, tales saberes sólo pueden estar en armonía o en conflicto. La Iglesia, desde los inicios, buscó la primera opción: concordar el conocimiento natural de la realidad y el conocimiento de la Revelación. Sería un error tremendo eliminar la razón, pues sólo conduce a tener fe en aquello que es irracional (inexplicable), recordemos el “credo quia absurdum” de Tertuliano de Cartago. Más cerca en el tiempo encontramos a Martín Lucero que calificó la razón de “cochina” por pretender explicar toda opción de fe. ¿Pero es qué se puede conocer sin la razón?




Me han gustado los 3 artículos, y he aprendido de ellos. Te felicito, Opusprima.
La razón es tan necesaria como el saber desconectarla en el momento adecuado, es decir, cuando nos encontramos con el misterio en su forma insondable. Pero mientras tanto… ¡debe ser razonado!
Muchas gracias Lukas. Nos seguimos viendo.