En el presente no hay unanimidad respecto a la existencia de la verdad única, sino que se tiende a considerar que sólo hay conocimientos ciertos y, en consecuencia, opiniones. La certeza es la seguridad de que algo es verdadero, pero no implica que en realidad sea verdadero. Por su parte, la opinión es un grado inferior a la certeza en el que desaparece el sentimiento de seguridad ante la afirmación, es decir, puede que lo que decimos sea verdadero, pero no estamos seguros que realmente los ea, no obstante no dejamos de oír repetidamente que en democracia todas las opiniones son igualmente respetables, pero no sólo no lo son, sino que hay opiniones que no son para nada respetables.
Lo único respetable en sentido estricto es la dignidad de la persona porque al ser un fin en sí mismo se convierte en un valor absoluto y porque hay una instancia superior que le hace respetable frente a los demás al margen de cualquier consideración o presupuesto meramente finito o humano. Cuando se habla de opiniones se refiere de ordinario a los distintos puntos de vista discutibles sobre cuestiones discutibles: política, cultura, deporte, etc. No son opinables, en cambio, las leyes científicas (ley de la gravedad, ley de la relatividad) o la experiencia acumulada de la humanidad (nadie discute que las pistolas pueden matar). En otros terrenos hay distintos modos legítimos de pensar sobre los asuntos y nadie lo discute, incluso cuando hay consenso sobre algo no se descarta que la opinión minoritaria divergente tenga algún valor.
No obstante, no podemos decir que todas las opiniones, en sí, sean igual de respetables. Cuantas veces observamos que no vale la pena el esfuerzo intelectual de aprender de una persona indocta, que lo único que hace es armar su planteamiento desde una dimensión ideológica, es decir, desde una posición preconcebida sin atender a los hechos. Cuando uno no tiene formación sobre un punto, su opinión lejos de enriquecer destruye el genuino y pudo diálogo socrático, pues se convierte en un ‘cara a cara’ dialéctico. Dentro del terreno de la opinión se encuentra la disputatio, que era un método de enseñanza intelectual del medioevo según un patrón determinado y con una técnica desarrollada que concebido bajo la forma de cuestiones eran discutidos en todos los aspectos de pro et contra y resueltos en determinado y fundamentado sentido hasta alcanzar el valor de opinión autorizada. Pues no es discutible que en busca de la verdad hay opiniones más respetables que otras.
Bien decía Ortega y Gasset que el hombre es un ser necesitado de verdad. No se puede decir que no exista la verdad, ni que la verdad se compone a partir de las opiniones de todos. No obstante, para no caer en fundamentalismo o relativismo, hay que tener en cuenta que muchos pueden tener parte de la verdad en ámbitos muy diversos (distintas disciplinas científicas) y que iluminan a la verdad con sus contribuciones.



