Cuando no hay una moral absoluta que reste por encima del consenso humano surge el totalitarismo moral que bien se expresa en: “Cada uno tiene su propia verdad” es un absoluto propio de la mentalidad hodierna que no reconoce nada como definitivo y que sitúa como medida última al yo y a su voluntad. El relativismo produce una fisura real entre el hombre y la realidad ya que niega a este la posibilidad de conocer la verdad y sitúa a la persona como unidad de medida de las cosas. Así, es la realidad la que se tiene que adecuar al deseo humano y ningún principio absoluto ni ninguna ley puede erigirse en valoración moral de una acción subjetiva.
Es evidente que si no se puede conocer la verdad no es posible juzgar objetivamente las acciones humanas. Es tan lícita o reprobable la acción del violador de su propia hija como el aborto, pues si no hay verdad todas las acciones se sitúan bajo un mismo plano, la del relativismo, donde todo es igual y donde cada acción exige, paradójicamente, una ley particular que la secunde o la condene. Pero ya advertía de esta contradicción el Estagirita cuando denunciaba que el relativismo sostenía que “todo es subjetivo” de manera absoluta y objetiva.
Ciertamente el hombre no puede conocer toda la verdad, pero si puede alcanzar fragmentos de esta, sino sería imposible la adecuación de la persona con la realidad, el mismo vivir o el desarrollo de cualquier actividad sapiencial. Por otro lado, la existencia de la verdad no se contradice con la existencia del pluralismo, que es el motivo principal por la que se defiende cierto relativismo, pues ante un hecho empírico se pueden dar distintas visiones o reflexiones (artísticas, intelectuales, científicas, etc.) y no se desmienten las unas a las otras. Es necesario comprender que hay una verdad. Pues no hay nada más totalitario y fascista que la acción exenta de verdad al ser fácilmente instrumentalizada con fines interesados.


Ya, pero la Verdad que hay no es un “qué” sino un quién.
Por tanto podríamos afirmar que el relativismo sería la posición intelectual más honesta intelectualmente hablando.
Si no fuera por la Verdad cristiana, no habría verdad alguna. El entendimiento se queda, como diría Richard Rorty, “sin asidero”.
Es el justo castigo que merecen los que desprecian la Verdad.
Saludos.
Simplemente no se podría entender nada, ni la realidad, ni la existencia ni cualquier acción sin la existencia de un principio, de una inteligencia ordenadora (la verdad). El relativismo, en todo su sentido, es una suspensión. El relativismo bien entendido es imposible, siempre se disfraza de totalitarismo, no se puede conceptualizar, en estado puro me refiero.
Cierto, cuando lo relativo se lleva a su extremo se convierte, paradójicamente, en un absoluto.
La razón humana, sin la verdad cristiana, desemboca siempre en paradojas. .. y vacío.
Pero la Verdad existe, independientemente del vacío ontológico inherente al entendimiento humano alejado de Dios.
Pienso lo mismo, no puedo añadir nada a lo que dices Spektro, pues dices lo que es.