La revista Interviú lleva esta semana en portada el desnudo de Magdalena Rouco Varela, sobrina del cardenal obispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Incitada por muchos desde que ventilara los trapos de la familia en el desaparecido programa sensacionalista ‘Aquí hay tomate’, la célebre revista por fin ha logrado que la sobrina pose bien despechada para “desnudar la hipocresía” de su tío.
Magdalena, esposa y madre, es libre de aparecer desnuda con lencería de los setenta incautada en un mercadillo ambulante, de denunciar un supuesto desprecio del obispo hacia su familia y ya puestos criticar a la Iglesia. No lanzaré ninguna piedra sobre ella y menos con el nombre que tiene. Pero soy tan libre como ella de analizar la situación. ¿Qué pinta esta chica en una portada tal y como vino al mundo? No es necesario que me rasque la nariz para certificar que han utilizado a esta débochca para tirar piedras sobre la Iglesia. Sí, a la niña la habrán remunerado para que suelte cuatro frases que desacrediten la honra del cardenal obispo de Madrid.
Desde luego no veo ninguna acción reivindicativa, si Rouco Varela supuestamente no se porta bien con ella y con la familia ese es un asunto personal que a nadie incumbe, a no ser que se quiera sacar tajada. Sólo a un necio podrá pasarle desapercibido que las intenciones no son que el obispo abra los ojos y se reencuentre con la familia abandonada, si esta fuera la finalidad Magdalena Rouco hubiera llamado a la puerta de Isabel Gemio y no a la de Interviú. Si esta es la forma que tiene de reclamar la atención de su tío la verdad es que si fuera lector de la revista no la compraría, no me convence la actitud de aquellos que sacan beneficio metálico de sus miserias. Y por cierto, ya que pretende enseñar como debe ser un buen cristiano ¿depositará el dinero de las fotos en la recolecta parroquial?
¿A dónde va el periodismo de este país? ¿Cualquier cosa vale para vender ejemplares? Lo cierto es que el mundo de la basura mediática ya tiene una nueva “famosilla” que no ha hecho nada de trascendente. No sé por qué he hecho este post, quizás contribuya a que muchos compren la revista, sin embargo constato lo ignominioso que es el mundo del periodismo.




Joder con la sobrinita… lo que se llega a hacer por dinero.
Es un show de la risa. Esta mujer, que tiene 26 años puede ganarse la vida trabajando como todo el mundo, no es la única que se le ha muerto el padre. Que su tío, que cobra poco más de 600 euros, no le pase un céntimo no es motivo para que la niña se destape en una revista.
Pero lo increible es la poca clase de los fundamentalistas anticlericales. Urdir toda esta pantomima de elevado corte intelectual para criticar a la Iglesia. Los únicos que les creeran son aquellos que se autogestionan su propio placer sexual mientras corretean las calientes páginas de la revista.