Schopenhauer (VI)
Abril 24, 2008 por opusdiaboli
Decíamos que para Schopenhauer la vida es siempre dolor, por consiguiente, sólo cabe rechazar la voluntad de vivir, ya que es la fuente de todo mal. No obstante hay tres caminos de liberación: el arte, la moral y el ascetismo. La moral es un saber más elevado que el proporcionado por el intelecto y la razón y se fundamenta en la piedad, que elimina del ánimo del hombre toda inclinación para el mal. En la contemplación estética nos convertimos en meros espectadores. Quien se eleva hasta la contemplación de las ideas (que es el arte) se olvida a sí mismo, solamente sabe que contempla y deja de saber quién es, se libera, efímeramente, de su ser individual y de su voluntad de vivir. De todas las manifestaciones artísticas la música es, para el filósofo de Danzig, la más elevada al revelar la esencia íntima del mundo. El tercer camino es el ascetismo, que es la máxima reducción posible de la voluntad de vivir. Supone la negación de todo elemento fenoménico y de todo conocimiento intelectivo por lo que permite la absoluta liberación, para siempre, respecto de las ilusiones del mundo real.
¿Por qué Schopenhauer no considera como vía de liberación el suicidio? Pues porque en sí no es un acto de negación como podría suponerse, sino todo lo contrario, es uno de los actos de más profunda afirmación. El suicida tiene voluntad de vivir en condiciones distintas a las que experimenta. El mayor acto de negación de la vida es el ascetismo que supone la supresión de todo acto volitivo. Schopenhauer ve en el cristianismo y, sobre todo en el budismo, la capacidad de llevar a la persona a la negación ascética. Por tanto, ya para concluir, diremos entonces que la supresión de la voluntad de vivir es el acto de mayor libertad que puede ejecutar el ser humano. En frente de la negación sólo se encuentra la nada, pero una nada inconsistente, que sólo se muestra si se considera real el mundo fenoménico.



