Conocimiento a posteriori de Dios mediante la libertad trascendental del hombre
Abril 24, 2008 por opusdiaboli
Leonardo Polo dice con meridiano acierto que “Dios es el Ser respeto del cual nosotros los hombres (a parte de muchas otras cosas) nos jugamos el tipo, por activa y por pasiva” (“Presente y futuro del Hombre”, página 40). La libertad del hombre, abierta a la trascendencia, sin la existencia de Dios se vería abocada al vacío, pues no tendría objeto.
Los cristianos creemos en la existencia de Dios, pero resulta necesaria demostrarla racionalmente para reconocer la trascendencia del conocimiento humano y del cosmos. “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” recoge el Evangelio (Mt 22, 32). Leonardo Polo, sigue este pasaje y considera que si Dios es Dios de vivos, nuestro pensamiento piensa a Dios porque esta vivo para Él. Si nuestro pensamiento no pudiera, imperfectamente, conocer a Dios le conoceríamos mal y nuestra fe sería desdichada. Por todo esto es urgente volver a situar a Dios como la cuestión fundamental de la filosofía (no sólo de la teología), pues la crisis del pensamiento actual radica en haber apartado del pensamiento la posibilidad de conocer a Dios y, fundamentar la metafísica, que tiene como culminación a Dios, en una instancia controlada absolutamente por el hombre.
Para demostrar la existencia de Dios es necesario desarrollar una antropología trascendental, es decir, tratar al hombre como una realidad radical. Por el hombre podemos llegar a Dios. No deben, por ello, obviarse las demostraciones metafísicas de Tomás de Aquino que llevan a ver a Dios como Principio y el Ser en sí. Sin embargo, ninguna de las cinco vías agota lo más mínimo la realidad de Dios y su conocimiento. Por eso otra vía es el hombre (vía antropología, no metafísica ya que esa disciplina no considera a Dios como principio o causa), ya que el ser personal también puede decirse de Dios como he dicho en algunas otras ocasiones en este blog.
El conocimiento que adquiere de Dios la antropología es más radical que el de la metafísica, pues la persona es algo más elevado que ser principio o causa. En el hombre es necesario la coexistencia con el ser (irreductibilidad) y la destinación (es decir, el hombre apunta más allá del cosmos). Por tanto el hombre posee siempre el ser y esta abierto a la trascendencia, es decir, posee libertad trascendental. Pero que el hombre sea completamente libre no quiere decir que sea sólo libre para sí, sino que esa libertad está exhortada en orden a lo trascendente. Porque si no existiera Dios no existiría la libertad más que para elegir medios para nada. Sería un deambular para terminar en un suspenso del actuar por falta de destino. Con la libertad trascendental y la existencia de Dios el hombre emerge de lo superficial y se abre a lo trascendente. ¿Sin Dios, quién quiere ser libre? Pero no consideremos ni mucho menos que la libertad es una mera cualidad, sino que es el eje central del ser del hombre, pues es por la libertad que el hombre es trascendente pues le permite la apertura a esta. Y la libertad trascendental del hombre es posible por que la Libertad creadora de Dios la posibilita y por la cual cobra sentido



