Cioran, un buen amigo de viaje
Abril 21, 2008 por opusdiaboli
Cuando alguien está muerto y me agarra su pensamiento le llamo viejo amigo. Cioran es de esos no pocos viejos amigos que uno tiene la alegría de tener aunque no siempre y para nada se comparta pensamiento alguno a nivel sustancial. Conocí al lúcido Émile por sorpresa, tal vez por azar o por destino, ¿quién sabe? Lo que sí es cierto que con sus palabras, sus textos breves armados de gran visión, sentí casi lo mismo que cuando leo al gran Nietzsche: verdad, desespero, crítica, memoria e ironía, fundidas en palabras armadas de la experimentada contemplación de la realidad.
Muchos no le consideran filósofo, ni él mismo se consideró así, no obstante los primeros, tal vez, no le consideren por el formato de su obra, sin embargo no es nada sencilla y, en ocasiones, puede alterar el ánimo de más de uno como la del filósofo del martillo, pues es de esos pensadores que hablan al espíritu y esperan reacción por parte del interlocutor. Quién ha tenido la suerte o la osadía de leer sus obras (por desgracia un servidor ha tenido que hacerlo en PDF) podrá apreciar y transmitir que cada sentencia del rumano que escribía en francés es una pesada losa que remueve el alma y la reviste, si se es débil y sentimental, de un compungido y demoledor pesimismo que, observado desde cierta atura, se convierte sino en sarcástico si en ironía de alto voltaje.
En ocasiones y no sé por qué incluso encuentro optimismo real en su pensamiento. ¿Qué existencialista, decadente, pesimista o suicida podría afirmar que esperará al abismo para actuar? Sólo un tipo con la suficiente lucidez para no actuar espontáneamente. Sí, de todos modos Cioran más que profeta, como algunos le han denominado, es un sardónico que testifica la banalidad de cierto humanismo engreído. Era un hombre con cierta visión trascendente, no en vano tenía entre sus referentes a los místicos españoles, San Juan de la Cruz y Santa Teresa, pero era un incasable buscador, propio de aquellos que son en extremo racionalistas, critíqueseme tal vez esta opinión del pensador. Pero en pocas personas, Nietzsche o Dostoievski, he visto dibujado de manera tan perfecta la realidad sustancial del ser humano.
Cioran, como todo pensador estaba de vueltas de la realidad, era un apátrida metafísico, no estaba aprisionado por convencionalismos ni por costumbres, era un lúcido visionario o tal vez, para no encumbrar el pensamiento humano, un hombre que desatendió el tiempo de sus contemporáneos. Atacó con natural viveza toda ideología, toda religión entendida como dogma, y el establecimiento del pensamiento único: “En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas”. Consideró que armar cualquier pensamiento era, en sí, una burla, una herejía al intelecto y a la realidad desconocida. Quizás, por esta concepción de la realidad y del devenir del ser humano, la ironía fue la mejor arma que pudo empuñar, quizá la palabra fue la salvadora de un más que seguro suicidio de alguien que dijo que a los sesenta años sabía lo mismo que a los veinte. ¿Amargado? Muy probablemente, pues es raro que una madre diga de su hijo que si hubiera sabido que iba a ser tan infeliz hubiera abortado.
Para él la vida fue, en sí, una extensa espera del precipicio. Por eso decía que una vez comprendido el sentido de la muerte sólo cabía retomar el camino hacia el nacimiento por que todo era, ya, estéril. De ahí su célebre frase, que si no recuerdo mal decía así: soy un desterrado del útero materno. Cuánta sabiduría encerrada en una graciosa o delirante afirmación: alfa y omega, principio y fin, el eterno retorno nietzschiano… Pero a diferencia de Nietzsche no murió presa de su extremada lucidez, lo que debió ser un tremendo calvario, una noche oscura enfrentada cara a cara con la Razón pura.
“En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo… La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos…”.
Cioran, Brevario de podedumbre.




A mi me encanta. Yo lo descubrí porque me regalaron alguna de sus obras; y me dijeron te va a gustar su estilo… cuando leí más sobre su vida entendí el porqué de su escritura, del tipo de literatura que muchas veces en tan bella que en algunas líneas se lee como una dulce poesía.
También me recordaba a Nietzsche y el nihilismo y como lo redactas, un estilo de vida, dentro del mismo sufrimiento.
Te recomiendo el libro: ” En las cimas de la desesperación” si es que no lo has leído.
Un beso!
Hola Vampiresa. Me impacta positivamente está definición que haces de la escritura de Cioran diciendo que se lee como una dulce poesía; ¿en el fondo no es también poética la clarividencia que transmite? Gracias por la recomendación, aún no he tenido la suerte de leerla. Un saludo y gracias por compartir tu opinión. Es agradable conocer a alguien que también ha leído a Cioran.
Creo que no tan en el fondo, simplemente que hay saber apreciarlo, y leerlo a conciencia… así sale más a la superficie
Abrazos y claro, siempre es grato conocer a quien tenga los mismos intereses…
Nos seguimos encontrado. Un beso.