Ya que la Revelación es la palabra personal de Dios esta debe ser escuchada: ¡Oh, si escucharais hoy su voz! (Sal 95,8). La escucha es la respuesta del hombre a la Revelación de la Palabra y representa el modo en que la religión cristiana se apropia de la divina revelación. La escucha es fundamental para acoger la Palabra de Dios, por eso el rey Salomón pidió a Dios “concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal” (1 R 3. 9, 12). Y es que ante el diálogo misterioso de Dios sólo cabe ser un oyente atento, como María Magdalena que reconoce al Señor por como pronuncia su nombre: “Le dice Jesús: “mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el encargado del huerto le dice: “Señor, si tú lo has llevado dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré”. Jesús le dice: “María”. Ella se vuelve y le dice en hebreo: “Rabbuní”, que quiere decir Maestro” (Jn, 20, 15-16).




Qué bonita la reflexión de que María Magdalena reconoce a Dios por cómo pronuncia su nombre.
Y en una cosa tienes razón: si la Escritura es la palabra de Dios revelada, todos deberíamos esforzarnos por conocerla. Todos los cristianos deberíamos tener un conocimiento mínimo de la Sagrada Escritura, conocimiento que no tenemos. Y luego nos llega un hereje, p. ej. un Testigo de Jehová, suelta cuatro estupideces con una Biblia en la mano (que utiliza descontextualizada, of course) y el católico medio se queda con cara de haber visto un OVNI. Decía san Jerónimo que “desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”.
Sí. En el Evangelio encontramos el magisterio de Cristo, sus enseñanzas, las indicaciones para alcanzar el camino que conduce a la felicidad. Es necesario leer y meditar la Palabra de Dios para que sea alimento para todos. Un saludo, Lukas.