El arte de escribir
Marzo 19, 2008 por opusdiaboli
Para escribir con perfección es menester que la pasión se una al ingenio como si fueran dos amantes eternos que desean morir abrazados en el fuego del amor. De mi viejo amigo Nietzsche se aprende que antes de blandir la pluma hay que saber cómo se expresaría de viva voz lo que se va a decir por escrito. Las palabras no se posan sobre el papel sino a martillazos, la riqueza de las palabras reside en el pensamiento del que las expresa. No hay nada peor para el arte que el sentimiento de frialdad que transmiten muchas obras al lector. Por eso es necesario considerar todo como un gesto del alma: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; también la elección de las locuciones y la sucesión de los argumentos.
Cuánto hiere la obra de aquel que no cree en lo que escribe. Si uno lee La Gaya Ciencia, Ecce Homo o El Anticristo percibe de inmediato que el autor no sólo cree en lo que piensa, sino que lo siente, pues las palabras fluyen con la fuerza con que las forja el alma. Chéjov reclamaba siempre la honestidad y es que el arte no tolera la mentira. Decía que se puede mentir en el amor, en la política, incluso que se puede engañar a Dios, pero no al arte. Sólo el que cree en lo que hace y lo siente puede ser más que un escritor. Así, no es el talento el que confiere majestuosidad al literato o filósofo, sino la capacidad de elaborar un mundo en consonancia con la propia especificidad de uno, como decía Raymond Carver. Hay muchos escritores con talento, pero muy pocos con estilo propio. Lo importante es la firma inimitable, esa manera particular de ver la realidad que diferencia del resto.
Sin embargo nunca intentemos plasmar fielmente la realidad. La escritura es un mundo propio con sus leyes, es el reino de la fantasía que bien describió Tolkien Sobre el cuento de Hadas. Dejemos siempre abierta la puerta a la imaginación desprendiéndonos del realismo exagerado de aquellos que tienden a describirlo todo como en un guión cinematográfico. ¡Qué mayor tragedia para el lector que no poder añadir por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al texto! Pero amigos, antes de todo, no iría mal seguir el consejo de Borges: leer, leer y volver a leer antes de decidir sellar el papel con la primera palabra. Seamos originales, y que la vanidad no nos lleve a ser imitadores. Joyce era un gigante intelectual, pero Homero se le adelantó muchos siglos antes.
Roberto Bolaño considera que después de Edgar Allan Poe, Chéjov y Carver ya no hay nada que ofrecer. Yo diría, con mi modestia, que no hay nada más que decir después de Nietzsche y Dostoievski, sino es para añadir con honestidad algo nuevo al devenir existencial del ser humano. Si es así, al dejar de leer por un momento tomad la pluma: el mundo os lo agradecerá.


