Por vez primera en mi vida he cambiado el voto para el Parlamento español. ¿La decisión que tomé por vez primera al cumplir la edad adulta que me permitía el voto me confina a actuar siempre acorde a esa primera resolución? ¿El ser humano puede renunciar a la elección libre sin recibir crítica alguna, o las elecciones necesariamente dictaminan las actuaciones posteriores? ¿Si el hombre se ve forzado a actuar en consonancia respecto al compromiso erigido con la inicial elección la libertad no ejerce una función alienadora sobre la persona forzándola a obrar siempre del mismo modo? Si es así, la libertad finaliza con la elección y el individuo se convierte en esclavo de sus deliberaciones y elecciones. ¿Compromiso? No, no hay compromiso posible ante la elección, pues la presión extrínseca ejercida por un yo ajeno convierte al ser humano en un objeto pasivo respecto de su propia libertad, es decir, nos volvemos un adorno de nuestra primera actuación libre. Ciertamente ninguna elección es suficiente y definitiva sino es la elección última, es decir, si tiene función de medio para alcanzar el fin, e cambiable, modificable. De este modo he cambiado mi voto con absoluta libertad.



