Johann Gottlieb Fichte nació en Rammenau (Sajonia), en el seno de una familia humilde de profundo sentimiento religioso. Cursa estudios gracias a la protección del barón von Miltitz. A los 18 años inicia los estudios de teología en la Universidad de Jena, y los prosigue en Witenberg y en Leipzig. En una primera instancia asume la doctrina de Spinoza, pero la abandona rápidamente por los postulados de la Ilustración y la obra kantiana. Con el consentimiento de éste publica Ensayo sobre la crítica de toda revelación que todo el mundo atribuye a Kant porque en la publicación no figura el nombre del autor, pero éste lo desmiente y la fama de Fichte crece hasta que en 1794 ocupa la plaza de profesor de filosofía en Jena. En cinco años publica su obra capital cargada de una profunda preocupación por las cuestiones morales: Fundamento de toda doctrina de la ciencia (1794), Fundamento del derecho natural (1796) y El sistema de la ética (1798). En 1799 se ve obligado a abandonar la Universidad acusado de ateismo a raíz de la publicación de Las causas de nuestra creencia en un orden divino del mundo, en el que parece identificar a Dios con el orden moral humano. Se traslada a Berlín y en 1805 ocupa la cátedra en la Universidad de Erlangen, donde lleva a acabo una serie de conferencias sobre “El camino hacia una vida santa o la doctrina de la religión”. En 1809 se funda la Universidad de Berlín donde es nombrado Decano de la facultad de filosofía y, posteriormente, Rector. Muere el 29 de enero de 1814.
La doctrina de la ciencia es el enésimo intento de hallar la justificación última de la posibilidad de todo conocimiento humano. Fichte apuesta por el idealismo y busca esta justificación en el mismo conocimiento, por lo que elimina la cosa en sí. Considera que toda la realidad que conocemos está en nuestra conciencia. Así, si todo lo que tenemos son determinaciones de la conciencia lo lógico será buscar en el interior de esta y no en las cosas mismas: “El yo puede desarrollar exclusivamente de sí mismo todo lo que en él puede presentarse, sin salir nunca de sí ni romper sus círculos”. Fichte no niega lo evidente, el mundo exterior dado, sino que pretende explicar este a través de la conciencia del “yo”.

