Reflexión con Nietzsche
Febrero 11, 2008 por opusdiaboli
Os dejo este fragmento del punto 39 de El Anticristo de Nietzsche para la reflexión:
“Voy a contar ahora la verdadera historia del cristianismo. La misma palabra “cristianismo” es un malentendido; en el fondo, no hubo más que un solo cristiano que murió crucificado. El Evangelio murió crucificado. Lo que a partir de entonces se llama Evangelio era ya lo contrario de aquella vida: “una mala nueva”, un disangelia. Es absurdamente falso considerar como rasgo distintivo del cristianismo una “fe”, acaso la fe en la redención de Cristo; sólo es cristiana la práctica cristiana, una vida como la que vivió el que murió crucificado… Tal vida es todavía hoy factible, y para determinadas personas hasta necesaria: el cristianismo verdadero, genuino, será factible en todos los tiempos… No una fe, sino un hacer, sobre todo un no hacer muchas cosas, un ser diferente…



Hobre, lo que se acabó en la cruz fue la Encarnación del Verbo, no el cristianismo. Y la Buena Nueva nueva es la resurrección, no la vida cristiana exactamente. Hombres de vida muy poco cristiana, que se arrepienten (incluso tarde, en el lecho de muerte) podrían gozar de la Gracia de Dios, pueste este es Amor.
El Cristo es el cordero inmolado que carga con los pecados de toda la humanidad. Y el cristianismo comienza en la cruz, porque al clavar el brazo derecho de Cristo, éste desplegó un ala, y al clavar el brazo izquierdo desplegó el otro ala, del ser inmortal que es el theanthropos. Inmortalidad ganada para el resto de la especie. Regalo de aquel que murió por nuestros pecados.
Es evidente el desacierto del lucido filósofo del martillo. Sin embargo puse este fragmento con un motivo: ¿realmente vivimos la vida igual que Cristo? ¿Somos otros Cristos, el mismo Cristo, ipse Christus?
El concepto de “imitatio Christo”, es de Tomás de Kempis. Los ortodoxos lo desconocemos, no figura en nuestra tradición. Son cosas muy modernas o nuevas para nosotros.
Ahora bien, intentar cumplir con sus mandamientos es deber de todo cristiano.
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame»(Lc 9, 23)
La vida de Cristo es vida nuestra, según lo que prometiera a sus Apóstoles, el día de la Ultima Cena: Cualquiera que me ama, observará mis mandamientos, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él (Jn 14,23). Los cristianos debemos vivir según la vida de Cristo de manera que podamos exclamar con San Pablo: ‘non vivo ego, vivit vero in me Christus’, no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí.”
Ser otro Cristo es tarea del cristiano desde siempre. Otra cosa es el relativismo imperante en ciertas iglesias o ramas teológicas como la teoría de la liberación que niegan la divinidad de Cristo.
A principios del siglo XIV, cuando Dante acaba de fallecer en Rávena, Gregorio Palamas elabora, en un convento del Monte Athos, una de las más bellas síntesis del pensamiento ortodoxo. Si Dios es inaccesible en su Esencia, es sin embargo accesible por sus Energías. Por ello, el hombre que participa en la vida divina (especialmente por los sacramentos, llamados “misterios” como en la antigüedad) alcanza la theósis o deificación. Llega por la gracia a lo que Cristo es por naturaleza. Poco después, Nicolas Cabasilas escribe La vida en Cristo.
Un siglo más tarde, Tomás de Kempis, presunto autor de La imitación de Jesucristo, lanza sobre las orillas del Rhin las bases de la “devotio moderna”, que responde a las necesidades de una espiritualidad personal, que fácilmente se desprende de la práctica sacramental.
Deificación del hombre en Oriente, e imitación de Cristo en Occidente; dos claves tardías para dos perspectivas espirituales que se han separado progresivamente desde el siglo IV a partir de una Tradición común, o, si se quiere, desde san Agustín para el Occidente y desde los Padres Capadocios (Basilio, Gregorio de Nisa, Gregorio de Nacianzo) para el Oriente.
En Oriente, la participación en las Energías increadas permite al hombre, que es criatura, entrar en la vida divina, es decir, en el eterno Engendramiento de la Trinidad. O, si se prefiere un ejemplo contemporáneo, el ser creado participa de la Luz increada, como lo “muestra” (aunque sin intentar demostrarlo) la iluminación de san Serafín de Sarov en la Rusia del siglo XIX.
En Occidente, Dios permanece inaccesible en su Esencia (Tomás de Aquino lo explicó muy bien) y el hombre será para siempre una criatura cuya “manera de ser” puede santificar al alma.
Por un lado, la divinidad penetra y transfigura el ser entero. Por otro, la “manera de ser” reemplaza al ser; los estigmas aparecen en el cuerpo sufriente.
En Oriente se producen fenómenos de individuos iluminados, y en Occidente aparecen sujetos estigmatizados, producto de la diferencia en espiritualidad.
Conocer esta distinción resulta indispensable, por ejemplo, para entender correctamente las obras de Dostoievski. Si no se sabe todo esto, se malinterpreta la obra.
Apreciado Spektro; la imitación de Cristo la enseñó el mismo Cristo. No me fundamento en otras cosas. Por lo que dices tengo la impresión, y digo impresión, que hablas tanto de oriente y de la Iglesia Ortodoxa como si fuera anterior al mismo Cristo. Espero que los ortodoxos abran los ojos y regresen a la Iglesia Católica, apostólica y romana.
Por otro lado en el Catolicismo hay místicos y estigmatizados.
No hay ningún problema en regresar, siempre que se haga en las condiciones de los primeros mil años.
La demanda de supremacía papal que pidió Roma fue rechazada en el siglo X.
Es Roma la que puso una exigencia nueva para permanecer juntos (supremacía). Retírenla y nos reunificamos ya.
Incluso podrian conservar su personalidad local romana (filioque, imitatio Christo, etc) mediante una cláusula, como la del filioque ( que era de obligada aceptación en la iglesia local romana y no en las demás, hasta que Roma se hartó y se lo quiso imponer a todos, junto con la supremacía papal y la infalibilidad papal). El camino de la reunificación es fácil, olviden esas tres novedades inaceptables, que no son del primer milenio, y volveremos a ser la una, Santa e indivisible Iglesia Católica Apostólica.
remember when…
Pero debo corregirte una cosa. Dices: “los ortodoxos abran los ojos y regresen a la Iglesia Católica, apostólica y romana”.
¿Romana?
No, hombre. Eso no va así, los katholikos ortodoxos nunca han pertenecido a la iglesia católica romana.
La romana era una entre las 5 iglesias iniciales. La que tiene que volver con las otras 4 es la romana.
De todos modos, ya te he entendido, y he dado por hecho que hablabas de la reunificación.
Apreciado Spektro, puede que el problema sea ese, que no reconoceis que hay que ser otro Cristo. Con absoluta simpatía hacia la Iglesia Ortodoxa.
No es exactamente eso. Es cuestión de acento. Oriente lo pone en la theosis, y Occidente en la imitatio Christo de Kempis.
Se pude estar de acuerdo en cargar con la cruz como Cristo, que es distinto de la “imitatio Christo” de Kempis (que es a la que yo me refería).
Por ejemplo, en Occidente importa más valorar los sufrimientos de Cristo en la cruz (y muchos le imitan, y se cricifican de verdad). En Oriente, sin negar la importancia del dolor en la cruz, importa mucho más el resultado: resurrección. Por eso Oriente representa a Cristo tranquilo, ya sin sufrimiento, ya inmortal. Y Roma se detiene en el proceso de sufrimiento, con imágenes del nazareno mucho más dolientes. El cristo en Oriente se rie de la muerte, en cambio en Occidente, se otorga más importancia al proceso de dolor sufrido en la cruz. Ambas iglesias contemplan ambas cosas, pero ponen el acento de distinta manera, unos en la resurrección, y otros en el calvario. Fíjate como no hay ortodoxos que maltraten su cuerpo. Para Roma cuerpo se opone a alma, para oriente no del todo (se considera una idea de la grecia clásica, pero no cristiana). Es decir, para Roma el cuerpo es malo. No es necesariamente así en Oriente, que considera cuerpo, alma, espíritu, como partes constituyentes del ser, todas válidas.
Dicho todo esto, que quede claro que ambas iglesias son humanas, y como tales cometen errores (por ser organizaciones “humanas”). En la mundanidad puede caer cualquiera, y la iglesia ortodoxa, a nivel institucional, tiene fallos humanos también. Así que, en la praxis, no situo a la iglesia ortodoxa como superior a la romana, ni a sus feligreses como mejores que los romanos.
Sólo destaco que se han ntroducido novedades romanas, que dificultan la reunificación. mientras que la iglesia ortodoxa espartidaria de recrear el cristianismo de cuando fuimos una sola iglesia, es decir, la iglesia católica apostólica del primer milenio, que no se llamaba “romana”, sino que era la unión de todas las iglesias katholikas (término griego, usado antes por griegos que por romanos) existentes.
Yo me quedo con la buena gente de ambas iglesias, en oriente el “sacerdocio real” es el de los laicos, y el sacerdocio institucional, el de los clérigos. Pero el espíritu sopla donde quiere, no sólo entre los clérigos. Así que la palabra de un simple feligrés, puede ser más ortodoxa y venerable que lo que afirme un sacerdote.
No hablo de un cristianismo de otro lugar exactamente. Sino del cristianismo que hubo en todas partes durante el primer milenio. Cabe recordar que España (y occidente) fue ortodoxa hasta el 1054.
En Oriente consideran a como Santos a todos aquellos españoles (y occidentales) de antes de 1054.
Santa Eulalia es reconocida como Santa en Oriente, San Isidoro de Sevilla también, etc, etc…
Los posteriores no, porque son ajenos al cristianismo del primer milenio.
No obstante, en Grecia, Rusia, etc, se venera a la iglesia española de antes de 1054, y abundan los escritos en griego sobre ella. Hoy en día, todavía la veneran con devoción y entusiasmo.
Por cierto, escribo todo esto porque hace un tiempo, un buen amigo ortodoxo me decía que los romanos no sólo no volverán jamás, sino que por mucho que les preguntemos, jamás nos contestarán nada de peso. Dijo que así comprobaré qué es Roma. Dudando de su palabra comencé a hablar con romanos, peersonalmente y también en la red y, por ahora, mi amigo tiene razón. No me han dado ni un solo argumento. Es un poco desesperante.
Muy bien ha quedado claro.