Autocrítica por el sentido de la vida
Febrero 10, 2008 por opusdiaboli
Son tangibles los estragos del relativismo en esta sociedad del consumo que en muchas ocasiones deja sin sentido la existencia humana. Gozamos de libertades que sólo pocas décadas atrás parecían utópicas y poseemos todo y con absoluta variedad, pero a pesar de ello no desarrollamos la mejor de las vidas posibles, porque la sociedad del siglo XXI, en líneas generales, es la más superficial de la historia de la humanidad. ¿El motivo? La falta de una verdadera filosofía que de sentido a la vida.
Detrás del pluralismo sólo existe la trivial filosofía del consumo. El hombre y la mujer tienen muchas opciones de configurar un modelo de vida. No obstante, no hay un ideario juicioso, de ahí el fuerte absurdo que acompaña el devenir de muchas existencias que no encuentran consuelo en las actividades sino sólo escapatoria del terrible aburrimiento que acecha nuestra época. Tras la caída de la última teoría profunda, el comunismo, el ser humano anda errático sin propuestas serias de cómo enfocar con sentido su vida. Con el fin del marxismo teórico finalizaron los juicios críticos de la superficialidad de la sociedad del consumo y el resultado es una cultura anodina de escaparate que no reflexiona sobre el ser de la persona humana y su desarrollo, sino que es esclava del capitalismo.
Existen muchas ofertas para desarrollar una personalidad propia, pero son opciones vacías porque no tienen sentido profundo ni persiguen un fin último, sino que son simples productos de mercado. Cuando los modelos de vida carecen de fin y no atienden a la auténtica realidad del ser surgen los desajustes existenciales: se modifican las verdades últimas y las preguntas vitales sobre la vida y la muerte. El hombre se encierra sobre sí mismo, ofusca la razón de su existencia y aparecen planteamientos ininteligibles e incoherentes sobre las cuestiones vitales. Estudios recientes calculan que a mediados del siglo XXI el 60 por ciento de la población muchos países europeos no tendrá parientes, salvo padres o un padre o una madre y la consecuencia será el aislamiento del ser humano: será una sociedad que más que nunca tendrá de todo excepto auténticas relaciones familiares.
En la actualidad vivimos un fuerte surgimiento del interés religioso expresado en una amplia presencia de credos y una pluralidad de formas de la experiencia religiosa. Muchas personas descubren que la religiosidad ofrece una filosofía coherente de vida, pues atiende a la interioridad del ser que el capitalismo descuida salvajemente. Pero también es cierto que otras tantas personas no acaban de acercarse a la religión, al menos al cristianismo, por la fuerte presencia de la condena de los quehaceres mundanos. Hoy la gente no es como hace unos siglos, no se puede entrar a la gente mediante la condena al infierno, por lo que hemos de borrar esa imagen oscura y negativa de la Iglesia sin relativizar los dogmas de fe.
La iglesia debe acercarse a la gente y no al revés. Debe utilizar una mayor naturalidad para dirigirse a todos los estratos sociales y a todos los rincones del mundo. Debe abandonar cierto lenguaje escolástico y de sermón y emplear los medios propios del siglo XXI para transmitir sus argumentos: Internet, el cine, el periodismo, la música; en definitiva la cultura de la época. Otros de los factores que la Iglesia tiene que tener en cuenta es la necesidad de auténticos intelectuales. Hoy más que nunca es necesario argumentaciones sostenibles: no se puede ir por el mundo con el cándido evangelismo de jardín de las delicias propio de movimientos religiosos de mente “progresista” (para entendernos) ni con el lenguaje tenebroso de que todo es pecado si se está al margen de la Iglesia, propio de sectores afines a la larga sotana.
El mensaje de Cristo es el único que tiene sentido y el deber de la Iglesia es transmitirlo al mundo con absoluto rigor intelectual. Hemos de ser creíbles reconociendo las propias limitaciones, pero sin abandonar los puntos centrales de la revelación. El tomismo y la filosofía analítica son y serán las mayores herramientas para acercar a Cristo al hombre y a la mujer del siglo XXI.



Specktro me parece muy bien tu opinión pero empieza a cansar esta arrogancia. Sintiéndolo mucho elimino tus últimos dos post, pues son toda una sarta de mentiras, pero no voy a juzgarte eres libre de pensar lo que quieras como yo pienso lo que quiero pero no voy inventándome cosas.
Lo respeto. Eres dueño de tu blog. Aún así, aunque esté borrado, medita lo que te he dicho. Sé valiente, pues no son mentiras (bajo mi parecer). Pero atrévete a meditar qué es lo que trato de explicarte, aunque dspués permanezcas en tus convicciones de siempre. Perdón por mi tono, supongo que no me doy cuenta y me apasiono demasiado. Pero he cambiado del catolicismo romano al ortodoxo, y no lo hubiera hecho si no creyese que lo que digo es cierto. Saludos, intentaré no hablar más de este tema (en tu blog).
Bien Spektro, no hay nada que perdonar, cada uno tiene su opinión. Pero yo si soy cristiano católico y considero que eso no es cierto y como el objeto de este blog no es esta clase de discusión por mi parte pongo punto y final a este tema. Nos seguimos viendo. Suerte.
Aunque yo trataba de explicar el por qué los obispos deberían mantenerse al margen de la política, desde un punto de vista no ateo, sino cristiano.